Sánchez lidera la coalición de potencias intermedias

El Gobierno busca desempeñar «un papel relevante» en el nuevo orden global, desde una perspectiva de izquierda

Pedro Sánchez conversa con Philippe Lazzarini, comisionado general de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina.

«Hubo un tiempo en que se organizaban manifestaciones contra las bases militares estadounidenses en España. Partían desde el barrio de Canillejas en Madrid hacia Torrejón de Ardoz, lanzando el grito En primavera, bases fuera o yanquis fuera. En aquel momento creíamos que la consigna OTAN no, bases fuera había sido un error juvenil, dado que los estadounidenses defendían la democracia y sacrificaron mucho en las playas europeas. Sin embargo, tras el voto a Trump, la conclusión es expulsarlos. Si no reactivamos las marchas a Torrejón, la nueva Catalina de Rusia terminará dominando Europa. Repetir el referéndum promovido por Felipe González resulta necesario, en parte porque el dinero que exigen puede arruinarnos».

Este fragmento fue escrito el año pasado por Raúl del Pozo en la contraportada de EL MUNDO, que ayer quedó sin su autor. Raúl, con toda su ironía, anticipaba la desintegración de una OTAN cuyo único propósito debería ser funcionar como un escudo disuasorio tan amplio que nunca tuviese que emplearse. El inconveniente es que ha sido EEUU, el último agente esperado, quien ha provocado un enorme agujero en la Alianza Atlántica.

El aniversario de aquel referéndum se cumple ahora exactamente 40 años. Los cambios desde el 12 de marzo de 1986 hasta el 11 de marzo de 2026 no los pudo prever ni el sector más fanático del movimiento antiotanista. Actualmente, la OTAN es papel mojado, una construcción teórica. ¿Es recuperable? El Gobierno español sostiene que sí: «Es recuperable. Ya hemos comprobado en otras ocasiones que cuando cambia un Gobierno en EEUU, todo puede girar 180 grados», explican fuentes del Ejecutivo.

En resumen: el porvenir de la Alianza depende de que el movimiento Maga no triunfe en las próximas elecciones estadounidenses, que aún están a más de dos años y medio. Mientras tanto, en medio de la guerra en Irán, el equipo de Pedro Sánchez está diseñando estrategias para «influenciar» la política internacional y lograr que el «orden internacional» —incluyendo sus reglas, sus consensos multilaterales y el Estado de derecho— regrese a un marco legal. En otras palabras, para que el Atlántico deje de ser un territorio dominado por intereses predatorios.

La estrategia del Ejecutivo español, según ha informado EL MUNDO, consiste en fomentar una presión conjunta de las «potencias medianas», dificultando que países como Francia o Reino Unido puedan seguir suavizando su postura frente a la tendencia depredadora de EEUU.

«El relato que atribuye la creación de la OTAN y el orden internacional a Estados Unidos, Francia e Inglaterra es falso. Lo fundamental fue la relevancia decisiva de las potencias medianas y pequeñas, que fueron el soporte de la OTAN. En total, somos 32 países», añaden las fuentes.

«España debe asumir un rol en el nuevo orden mundial, ya que es una potencia mediana con un papel destacado dentro del espectro progresista. La influencia no se define únicamente por el peso militar o demográfico, sino por la inteligencia y la determinación del liderazgo. Las potencias medianas necesitan unirse para detener esta deriva».

Se consideran «grandes potencias» a los países con escaños permanentes en el Consejo de Seguridad de la ONU: China, Francia, Rusia, Reino Unido y Estados Unidos. Entre las potencias medianas destacan Canadá, Australia, Argentina, Corea del Sur, Italia, España y Brasil, entre otros.

En esta línea, Moncloa también señala a Dinamarca —especialmente ante la amenaza de usurpación de Groenlandia que planteó Trump—, a Noruega, y principalmente a Canadá. Son países que «deben asumir también su papel» en un contexto lleno de incertidumbre, aclaran desde el Gobierno. «Quienes aplaudieron a Mark Carney encuentran increíble criticar a Sánchez por ejercer un liderazgo independiente similar».

Efectivamente, el primer ministro canadiense ofreció a finales de enero en Davos un discurso impactante por la contundencia en su diagnóstico. «Las potencias medianas deben actuar de manera conjunta porque si no estamos en la mesa de negociación, nos convertirán en el plato principal», afirmó. La ley del más fuerte.

Donde Sánchez y Carney discrepan es en la afirmación de que «el viejo orden no va a regresar», como sostuvo el canadiense. También coincide con lo insinuado por Ursula von der Leyen, quien obtuvo críticas del PSOE y elogios del PP por su pragmatismo. «Resulta lamentable que la oposición desee devolver a España a la mediocridad del seguidismo. El PP desconoce las relaciones internacionales y ha rodeado su liderazgo con los fieles de Aznar, y los resultados se reflejan en su situación», aseguran desde el Ejecutivo.

Por ello, para Moncloa el compromiso con la OTAN sí es más firme que nunca: «El Gobierno se siente plenamente cómodo con la estrategia 360 de la OTAN y con la hoja de ruta aprobada en Madrid. Necesitamos que Trump y Rutte contribuyan a ejecutar los planes aprobados y que se respeten las reglas. La OTAN es una alianza defensiva, no ofensiva, que se sustenta en el orden internacional. Punto».

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