“Olvidar nombres o extraviar objetos no es un síntoma común del envejecimiento”, aclara el médico

La creciente preocupación sobre la pérdida de memoria a partir de los cuarenta años es cada vez más común. No obstante, muchos olvidos cotidianos no están relacionados inevitablemente con el envejecimiento, sino con hábitos que pueden ser modificados.
El médico y divulgador en redes sociales Rodrigo Arteaga explica claramente en uno de sus vídeos: “Olvidar nombres, repetir información o perder objetos no es un indicador típico del envejecimiento. Generalmente, se trata de consecuencias de hábitos que pueden corregirse”.
Basándose en esta premisa, el especialista ha publicado una lista de siete hábitos diarios que, según sus palabras, contribuyen a fortalecer la memoria y mantener activo el cerebro después de los 40 años.
Conversar diariamente sin usar el móvil
El primer consejo se enfoca en recuperar la importancia de la conversación directa. “Habla a diario sin móvil. Dedica al menos 10 o 20 minutos diarios a conversar con alguien cara a cara o por teléfono, pero sin pantallas”, señala Arteaga.
Según el especialista, mantener una conversación implica múltiples funciones cognitivas simultáneamente: “Conversar demanda escuchar, procesar, recordar y responder, lo que activa el lenguaje, la atención y la recuperación de recuerdos”.

Leer al menos veinte minutos diarios
La lectura constituye otro pilar fundamental para ejercitar la mente. Arteaga recomienda leer al menos 20 minutos diarios sin interrupciones, ya que este hábito fortalece una función cerebral vital: la memoria operativa.
“La lectura prolongada entrena la memoria operativa, que se encarga de mantener y manipular la información en tiempo real”, añade. Esto favorece el seguimiento de ideas, la comprensión de textos complejos y el mantenimiento del hilo en conversaciones o tareas.

Consumir pescado graso dos veces por semana
La alimentación también impacta en la salud cerebral. El especialista aconseja incluir pescado graso al menos dos veces a la semana. “Pueden ser sardinas o salmón. Los omega 3 que contienen forman parte de las membranas neuronales y facilitan la comunicación entre neuronas”, explica. Estos ácidos grasos son cruciales para el correcto funcionamiento celular del cerebro.

Caminar al menos 30 minutos diarios
El ejercicio físico moderado representa otro hábito esencial para preservar la memoria. Arteaga recomienda realizar caminatas de al menos 30 minutos diarios, incluso si se distribuye este tiempo en diferentes momentos del día.
“Puede ser en bloques de diez minutos. El movimiento incrementa el flujo sanguíneo cerebral y la producción de BDNF, una proteína que favorece las conexiones neuronales”, sostiene.
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Evitar desayunar solo harinas o jugos
El médico también advierte sobre los efectos negativos de ciertos alimentos en la concentración. “Evita que la primera comida del día esté compuesta únicamente por harinas, panes o jugos”, señala. Según detalla, los picos y caídas bruscas de glucemia pueden perjudicar la energía mental y la capacidad de concentración.

Incluir proteínas en la primera comida del día
En vez de un desayuno basado únicamente en carbohidratos simples, Arteaga recomienda sumar alimentos ricos en proteínas. “Incluye proteína en la primera comida. Huevos, pollo, yogur griego o legumbres aportan aminoácidos esenciales para los neurotransmisores relacionados con la atención y el enfoque”, comenta.
Los neurotransmisores son vitales para la comunicación entre neuronas y el funcionamiento cognitivo.

Dormir entre siete y nueve horas
El descanso apropiado es el último de los hábitos destacados por el especialista. “Duerme entre siete y nueve horas con un horario constante. La memoria se consolida durante el sueño profundo”, afirma Arteaga.
Dormir poco o tener horarios irregulares, añade, disminuye los ciclos de sueño profundo, lo cual podría dificultar la correcta fijación de lo aprendido durante el día en la memoria.

Pequeños hábitos que impactan el cerebro
Para el médico, la clave no reside en soluciones complejas, sino en cambios cotidianos mantenidos en el tiempo. Aumentar la frecuencia de conversaciones, leer, mantenerse activo regularmente, cuidar la alimentación y respetar el descanso conforman un conjunto de prácticas que contribuyen a mantener la mente activa con el paso de los años.

