Mujeres que al envejecer optan por convivir exclusivamente con otras mujeres y superan la soledad constante

Hanne es una mujer de ojos claros, con cabello corto de color marrón claro. Pat es una mujer de ojos claros, con pelo blanco rizado.

Fuente de la imagen, Hanne Nuutinen, Pat Dunn

    • Autor, Datshiane Navanayagm
    • Título del autor, The Conversation*, Servicio Mundial de la BBC
    • Autor, Becca Johns
    • Título del autor, The Conversation*
    • Autor, Jane Thurlow
    • Título del autor, The Conversation*

    • Autor,
    • Título del autor, BBC News Mundo
  • 8 marzo 2026
  • Tiempo de lectura: 9 min

A los 70 años, Pat Dunn enfrentó una situación crítica: su esposo falleció repentinamente y sus ingresos como enfermera jubilada no alcanzaban para costear un alquiler en la crecientemente costosa provincia de Ontario, Canadá.

"No hallaba un lugar donde pudiera vivir sola", relata a Datshiane Navanayagm, presentadora de The Conversation del Servicio Mundial de la BBC, "por lo que empecé a contemplar la opción de vivir acompañada".

Inspirada por la popular serie norteamericana de los años 80, The Golden Girls, Pat inició la búsqueda en redes sociales de otras mujeres en situaciones similares para explorar la posibilidad de compartir vivienda.

"Al finalizar el primer mes tras crear el grupo en Facebook, ya contaba con 200 integrantes".

Actualmente, el grupo online ha evolucionado hasta convertirse en una ONG -Senior Women Living Together (Mujeres mayores viviendo juntas)- con una membresía superior a 2.000 mujeres en Canadá.

Proyectos similares comienzan a surgir en otras regiones.

Por ejemplo, cuando Hanne Nuutinen se mudó desde Finlandia a Francia, junto a su socia Annamari Lammassaari crearon La Joie Home Base , un espacio para mujeres de diversas partes del mundo que buscan estancias por periodos variados.

"Denominamos esta experiencia como ‘vivienda conectada’, una forma más integral de compartir hogar", explica Hanne al programa. "La cohabitación es un entorno donde puedes ser tú misma, convivir y compartir con otras".

En The Conversation, ambas detallan los motivos que las impulsaron a optar por este estilo de vida y narran sus vivencias al compartir residencia con mujeres desconocidas.

Los años dorados

Bea Arthur como Dorothy Petrillo Zbornak, Rue McClanahan como Blanche Devereaux, Estelle Getty como Sophia Petrillo, Betty White como Rose Nylund

Fuente de la imagen, Getty Images

En la comedia estadounidense de los años 80 The Golden Girls (“Los años dorados” o “Las chicas de oro”), cuatro mujeres – tres con edades entre 50 y 60 años y una octogenaria – deciden compartir vivienda tras responder a un anuncio clasificado.

La descripción que Pat hace de su hogar actual es similar a la trama que inspiró su idea de cohabitación, pero adaptada al contexto canadiense del 2026.

"Convivo con dos mujeres que desconocía hasta que abrí el grupo en Facebook. Una es un año menor que yo, nunca contrajo matrimonio ni tuvo hijos", comenta.

"La otra es más joven, en sus mediados de los 60: ha estado casada varias veces pero tampoco tuvo hijos".

Relata que el proceso para “ajustarse” tomó cerca de cuatro meses y se sustentó en la sinceridad franca entre ellas.

"Nadie desea vivir con precaución en su propio hogar, así que es fundamental expresar de forma honesta esas pequeñas molestias que pueden volverse insoportables y que es mejor abordar".

Para Hanne, la convivencia cotidiana era justo lo que buscaba tras 10 años como madre soltera.

"Lo que quería era apoyo en el día a día y compartir esas vivencias, nuestras vidas, tanto si trabajamos como si estamos retiradas".

Añade: "Resultaba complicado hacerlo en soledad, así que deseaba compartir las alegrías y dificultades de la existencia".

Comenta que decidió tomar esta ruta al advertir que entraba en lo que denomina “la fase Q3 [tercer cuarto] de la vida”.

"Generalmente inicia a partir de los 50 años, y esta etapa puede representar la mitad o un tercio del tiempo que viviremos, lo cual es considerable".

"Para esta edad ya hemos acumulado experiencias, formado nuestra identidad, sabemos qué queremos, quiénes somos y el estilo de vida que deseamos".

Variantes de cohabitación

Hanne y Annmarie

Fuente de la imagen, Saara Tarkka

Una comprensión fundamental que Pat y Hanne adquirieron pronto en su experiencia conjuntas es que no todas las personas aceptan compartir su espacio personal de igual forma.

Además, cada mujer que adopta esta alternativa tiene motivos y expectativas particulares, lo que ha dado lugar a variados estilos de convivencia.

Por ejemplo, la residencia de Hanne acoge mujeres mayores de 50 años en comunidades ubicadas en varios países europeos: iniciaron en el sur de Francia y ampliaron a Italia, España y Marruecos, con planes de crecer.

"En nuestra investigación de mercado observamos que estas mujeres buscan principalmente tranquilidad y comunidad".

Estas sedes también ofrecen flexibilidad, permitiendo estancias temporales que pueden durar desde semanas hasta meses.

"Nuestro servicio está orientado a mujeres de clase media alta que desean atención y flexibilidad".

El grupo de Pat, sin embargo, es diferente: hoy suma cerca de 2.800 mujeres, muchas de las cuales enfrentan situaciones complejas.

"Algunas historias son desgarradoras, como las de mujeres obligadas a vivir en sus automóviles y que no lo revelan a sus hijos por vergüenza".

"Es difícil escucharlas, pero me convencen aún más de dedicarme a ayudar a estas mujeres", enfatiza.

Tomar la decisión

Una vista panorámica del Lago Ontario, en Toronto

Fuente de la imagen, Getty Images

Aunque muchas mujeres en el grupo de Pat han atravesado dificultades, muchas experimentaron temor al considerar compartir vivienda con otras mujeres.

"Siempre aclaro que no es una opción para todas. Les aconsejo: ‘No estás obligada a hacerlo’, ‘piénsalo bien’", explica Pat, señalando que la incertidumbre es un factor importante para quienes contemplan esta vía.

"Promuevo que empiecen a dialogar con otras mujeres en sus regiones de Ontario, organizo encuentros. El grupo de Facebook no promueve convivencia directa; es solo un espacio de discusión, por eso planteo preguntas que sé que generan inquietudes".

Pat aclara que su plataforma no busca conectar directamente a las mujeres, sino ofrecerles recursos para que ellas mismas lo hagan, si así lo deciden.

"Solo ofrecemos la plataforma: aquí tienes qué hacer, los artículos para consultar, información de apoyo. Pero la decisión final es de cada una".

En las residencias de Hanne, existe un proceso de “selección” que verifica que las candidatas “estén preparadas para formar parte de la comunidad, porque no todas lo están”.

"Algunas comprenden que quizás no es su momento, o que en unos meses, cuando tengan los recursos o estén listas física o mentalmente, lo será".

También les aclaran que estas casas no cuentan con personal de enfermería ni asistencia médica: “Eso corresponde a otro sector, no al nuestro”.

Convivencia

Un grupo de mujeres se prepara para cenar en uno de los hogares de Hanne

Fuente de la imagen, Saara Tarkka

En el grupo de Pat persisten numerosas inquietudes acerca de cómo gestionar la convivencia con desconocidas: "desde aspectos básicos como cocinar, limpiar y hacer compras, hasta temas financieros como el pago del alquiler".

"También abordamos cuestiones vinculadas a la edad: qué ocurre si alguna se enferma, debe ser hospitalizada o trasladada a una residencia geriátrica, o si muestra signos de demencia".

Es crucial tomar en cuenta todos esos aspectos, señala.

Además, existe una sección dedicada a mantener relaciones saludables, establecer límites y mejorar la comunicación.

En las casas base de Hanne, la selección cuidadosa de las residentes se considera fundamental para garantizar una convivencia armoniosa.

También está presente la figura de la “anfitriona”, quien actúa como mediadora frente a posibles conflictos.

"Durante el proceso de incorporación, presentamos a las nuevas residentes mediante videollamada para que todas conozcan quién llega, y las agrupamos suavemente según intereses o actividades comunes", explica.

"Compartir el hogar con otra persona a veces es uno de los retos más grandes en la vida", rememora Hanne.

Pat cuenta que la mayoría de los casos exitosos ocurren cuando las mujeres tienen condiciones similares de partida.

"Son historias de dos, tres o cuatro mujeres que se conocen en nuestro sitio, deciden vivir juntas y les apoyamos para encontrar un lugar en alquiler".

Subraya que resulta más complejo cuando una mujer propietaria aloja a otras, pues puede existir un desequilibrio de poder desde el inicio, dependiendo de la personalidad de la dueña.

"Tratamos de ayudarles a enfocarlo más como una amistad que desean construir y a ver cómo lograrlo conforme a la realidad".

Relaciones adicionales

Mujeres compartiendo en el hogar base de Marruecos

Fuente de la imagen, La Joie homebase

Puesto que estas mujeres optan por compartir sus hogares con desconocidas, existen reglas sobre quiénes pueden acceder a las residencias y quiénes no.

Pat comenta que muchas integrantes son estrictas al vetar las visitas de parejas, mientras que otras son menos rigurosas.

Además, están los hijos. Tanto Pat como Hanne, ambas madres, han compartido con sus familias su vivencia en vivienda colectiva.

"Mi hija aún es muy joven", relata Hanne, "es adolescente y tuvo la oportunidad de acompañarme en una de estas casas, algo poco común, porque no permitimos niños".

"Sin embargo, en Navidad aumentan las visitas de familiares y amigos, incluidos hijos y parejas. Ella pudo vivir esa experiencia y la disfrutó mucho".

Los hijos de Pat son adultos; el mayor apoyo le viene de la menor: "Cuando le comenté mi proyecto, me dijo ‘Mamá, eres lo máximo’".

"Pero también hay miembros que refieren que algunos de sus hijos, ya adultos, se preocupan por esta decisión de sus madres".

Para Pat, en Ontario, donde hay 150.000 mujeres mayores en situación de pobreza, es fundamental la existencia de estos espacios de cohabitación.

"Estamos comenzando a recibir apoyo de constructores y propietarios (…) y hemos captado el interés serio de miembros del Parlamento".

Para Hanne, la experiencia de conectar mujeres ha sido sumamente enriquecedora, incluso transformadora.

"Es un sueño poder vivir en distintos lugares según la temporada o el trabajo. Me brinda la vida que siempre anhelé, sin ataduras a un solo sitio".

El cambio para Pat ha sido igualmente profundo.

"Pasé de estar aislada y temerosa por perder mi hogar a vivir en un lugar seguro rodeada de mujeres con quienes puedo conversar, sentirme protegida y disfrutar, y además ahorro dinero".

"De sentirme sola las 24 horas, a nunca más estar sola", concluye.

*Esta es una adaptación al español de un episodio del programa The Conversation, del Servicio Mundial de la BBC. Para oir la emisión en inglés, haz clic aquí.

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