El portero checo consiguió la titularidad en la Champions tras una temporada en la sombra, pero apenas estuvo quince minutos en el campo debido a sus propios errores graves.
Solo quince minutos en el terreno de juego. El marcador ya mostraba un 3-0 favorable al Atlético y se registraron tres fallos evidentes, propios incluso de equipos juveniles. Dos de ellos, notorios y sin excusa, fueron cometidos por Antonin Kinsky.
El guardameta del Tottenham facilitó en bandeja de plata la eliminatoria de octavos de final de la Champions League al Atlético de Madrid con un desempeño difícil de justificar en un nivel tan alto. Tanto fue así que su entrenador, Igor Tudor, reaccionó con un cambio inmediato.
Esta decisión, en retrospectiva, supuso un error mayúsculo por parte del técnico en el Metropolitano. Kinsky era el suplente habitual en el Tottenham y apenas había disputado dos encuentros durante todo el año, pero en busca de una renovación, Tudor apostó por un cambio en la portería.
Increíble. Antonín Kinský se marcha sustituido en el minuto 16.
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— Movistar Plus+ Deportes (@MPlusDeportes) March 10, 2026
El relevo resultó ser un desastre. El Metropolitano se transformó en un escenario fatal, donde Kinsky vivió su peor pesadilla.
Ni siquiera habían transcurrido cinco minutos cuando el portero checo resbaló intentando despejar un balón. Esto derivó en el primer gol. Cedió el balón a Lookman, quien asistió a Julián y, a su vez, el delantero argentino encontró a Llorente. La definición fue sencilla para el 1-0.
Un error similar por parte de Van den Ven, defensor central inglés, facilitó el 2-0 para el Atlético sin que Kinsky tuviese mucho margen para evitarlo, aunque no tardaría en protagonizar otro fallo que celebró la afición local.
KInsky, desolado al ser sustituido. REUTERS
Poco después, Kinsky volvió a equivocarse. Al intentar una cesión para despejar, de forma inexplicable golpeó el aire con el pie en vez de tocar el balón. Julián Álvarez, ubicado en la línea de gol, aprovechó ese error para anotar el 3-0.
Fue en ese momento que Tudor optó por detener el partido para hacer el cambio. De inmediato pidió a Vicario que se preparara, pues su entrada era inminente. Mientras la afición entre el asombro y la alegría disfrutaba de la escena.
Kinsky abandonó el campo rápidamente, rodeado de los abrazos de varios compañeros que intentaron reconfortarlo. Destacó el abrazo de Vicario, quien fue especialmente cercano. Visiblemente afectado y sin intercambiar ni una mirada con su entrenador, el checo se dirigió directamente al vestuario sin atender a nadie.

