Este antiguo palacio del siglo XVI, ahora transformado en hotel, conserva su esencia histórica y brinda una estancia apacible en medio de la naturaleza
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Una construcción histórica rodeada por praderas, montañas y el silencio propio del entorno rural se eleva sobre una pequeña atalaya en el interior de Asturias. Entre sus muros de piedra y jardines que dominan el horizonte, este antiguo palacio convertido en hotel propone un alojamiento diferente donde la historia y el paisaje se combinan con la calma del campo.
Quienes visitan este lugar hallan mucho más que un hotel rural. Es el Hotel Palacio de Cutre, un alojamiento de tres estrellas ubicado en un palacio del siglo XVI que conserva su muralla, una torre y una capilla originales. El inmueble descansa sobre una parcela de aproximadamente 18.000 metros cuadrados desde donde se contemplan los Picos de Europa, la Sierra del Sueve y el valle del río Piloña, uno de los panoramas más emblemáticos del oriente asturiano.
Un hotel con vistas a los Picos de Europa
La historia del lugar se remonta a varios siglos atrás y el nombre de Cutre ya aparece mencionado en la crónica del rey Alfonso III. En ese documento se narra este territorio al relatar la huida de Don Pelayo hacia Covadonga, episodio vinculado a los orígenes del Reino de Asturias y que enlaza este enclave con algunos de los hechos medievales más reconocidos de la región. Por otra parte, el nombre proviene del propio paraje de Cutre, un pequeño barrio de la parroquia de San Pablo de Sorribas, ubicado en un cruce histórico de caminos del concejo de Piloña. Desde este lugar parten rutas hacia Villaviciosa, Colunga y Ribadesella, lo que resalta la importancia que tuvo este emplazamiento en el territorio asturiano.
Actualmente, ese antiguo palacio funciona como hotel sin perder su aire señorial. El alojamiento cuenta con 17 habitaciones clasificadas en diversas categorías y con capacidad para unas 40 personas. Entre ellas se encuentran seis habitaciones estándar, cinco superiores con suelo de castaño y paredes enteladas, tres triples ubicadas en la zona abuhardillada con decoración provenzal, una habitación familiar cuádruple y dos suites, destinadas a quienes desean una estancia más amplia con vistas privilegiadas al entorno rural asturiano.
La propuesta gastronómica combina tradición y creatividad. Para la temporada, el hotel prepara su carta de primavera, que en ocasiones anteriores ha incluido platos como oreja guisada con salsa teriyaki, jengibre, alioli de menta y piparra, dorada a la plancha con verdinas y berberechos, arroz con boletus o pitu de caleya con patatas. Cuando el clima lo permite, estas elaboraciones pueden disfrutarse en la terraza con vistas al valle, en medio del paisaje rural del interior de Asturias.
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