Pedro Sánchez declaró ante la jueza que el apaleamiento de un muñeco con su imagen en la Nochevieja de 2023 fue una «llamada directa» a su muerte y una incitación al ataque efectivo.
El presidente del Gobierno afirmó que la acción, realizada frente a la sede del PSOE, constituyó una muestra organizada de odio y violencia política, no una protesta cualquiera.
Sánchez explicó que la ceremonia involucró amenazas e insinuaciones homicidas dirigidas a él y a su familia, además de advertir que el ambiente de intimidación podría validar actos violentos contra personas asociadas al PSOE.
Considera estos hechos como un daño irreparable y expresa preocupación por la seguridad de trabajadores, militantes y simpatizantes del PSOE ante posibles ataques.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, declaró ante la jueza que el apaleamiento de un muñeco que representaba su figura frente a la sede nacional del PSOE, durante la Nochevieja de 2023, fue una «llamada directa» a su «muerte» y una «invitación real» para que alguien «se atreviera a pasar de la mera puesta en escena al ataque efectivo» contra él o su familia.
En una declaración por escrito presentada ante la jueza que investiga los hechos, el también secretario general del PSOE, personado como acusación particular, detalla que se enteró de la escena a primera hora del 1 de enero de 2024 mediante el resumen de prensa elaborado por su gabinete.
De este modo, tuvo conocimiento de la «repulsiva agresión y destrucción» de la figura que lo representaba, y constató también que en las transmisiones en directo en redes sociales se escuchaban numerosos «comentarios violentos, groseros, injuriosos y ofensivos» contra su integridad, añade el presidente.
Sánchez señala que lo que se presentó como «un acto lúdico y de protesta política», es decir, tomar las uvas frente a la sede del PSOE, «encubría una acción cuidadosamente planeada de violencia política e intimidación».
De este modo, percibió que el encuentro derivó en «una violenta manifestación de odio» con exhibición de símbolos preconstitucionales, coacciones y amenazas dirigidas personalmente contra él, destaca.
«No solo se profirieron graves insultos e insinuaciones homicidas que alcanzaban incluso a miembros de mi familia, sino que el momento culminante incluía mostrar una figura representativa de mi persona que, después de ser colgada de un semáforo, fue golpeada, apaleada y despedazada», señala.
Por esta razón, consideró que la acción constituyó «una expresión cruda de odio destinada a generar un ambiente de amenaza física real» hacia mí y mi familia.
«El nivel de violencia y amenaza directa excedía claramente los límites razonables del derecho a la crítica y a la protesta pública protegidos por la libertad de expresión y manifestación», argumenta Sánchez.
«Lo sucedido esa noche no fue una simple crítica a mi gestión política, sino una declaración explícita de odio hacia mi persona y mi familia, acompañada por una ceremonia de escarnio público y violencia explícita que incluía una apelación directa a mi muerte», asegura.
«Daño irreparable»
Sánchez manifiesta que la «deshumanización» hacia él y su familia provocada por el apaleamiento «podría legitimar la comisión de actos violentos contra personas y espacios relacionados» con el PSOE.
«Más allá de la inquietud» o el «malestar» que experimentó, tuvo la «convicción profunda» de que los hechos «supusieron un salto cualitativo» y «una invitación real» para que alguien «atravesara la mera representación y pasara al ataque concreto» contra él o su familia, afirma.
De esta forma, Sánchez sostiene que el «daño ocasionado» es «irreparable» y que el acto fue «la concreción de una estrategia de deshumanización, difamación, acoso y persecución orquestadas a través de redes sociales para fomentar el odio» hacia su persona, además de representar «un salto sin precedentes» desde el ámbito «virtual» al «real».
«Fue la materialización de un clima de amenaza contra mi integridad física y la de mi familia como jamás había vivido antes», concluye el presidente, quien subraya que esa «ceremonia» de deshumanización afectó al «conjunto» del PSOE.
«Soy consciente del impacto de los hechos narrados y del ambiente intimidatorio que, en última instancia, perseguía un acto cargado de simbología contraria a nuestro sistema de libertades«, explica.
Además, recalca: «No era sólo a Pedro Sánchez a quien se estaba ‘colgando, apaleando y quemando públicamente’, sino a quienes expresan afinidad o militancia con un proyecto político comprometido con nuestro orden constitucional y la democracia en España».
Sánchez afirma que, desde ese momento, teme por la «seguridad» de los trabajadores del PSOE que «carecen de cualquier medio para proteger su integridad».
«Me preocupa profundamente la posibilidad de que algún militante o simpatizante del PSOE sufra agresiones por parte de quienes se sienten autorizados para amedrentar y deshumanizar al adversario ideológico», concluye.

