Barrot señala que Europa es una «variable desconocida» en la rivalidad entre EE. UU. y China, llamando a la UE a superar la «profunda duda»

US President Donald Trump (R) and Chinese President Xi Jinping before their meeting at Gimhae International Airport in Busan, South Korea, Oct. 30, 2025.

El ministro francés de Asuntos Exteriores afirmó que queda «poco tiempo» para que Europa supere la «profunda duda» que la afecta y asegure que pueda hacer más que simplemente «resistir».

Washington y Pekín intentan debilitar a Europa porque la consideran una «variable desconocida» en su enfrentamiento por el poder, indicó el lunes el ministro francés de Asuntos Exteriores, exhortando a la Unión Europea a dejar de dudar de sí misma y a afirmarse en el ámbito global.

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«El principal desafío geopolítico es la rivalidad creciente entre dos potencias, dos superpotencias,» declaró Jean‑Noël Barrot durante la Conferencia Anual de Embajadores de la Unión Europea, mencionando a Estados Unidos y China.

Las posturas cada vez más confrontativas de ambos países, sumadas a su mutua intención de remodelar el orden internacional a su favor, podrían terminar dividiendo al mundo en esferas de influencia dominadas por un duopolio sino-estadounidense, señaló Barrot.

En el peor escenario posible, advirtió Barrot, esta rivalidad podría transformarse en un conflicto abierto entre dos potencias nucleares, ambas miembros permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, lo que tendría repercusiones profundas para el resto del planeta.

No obstante, el resultado no está decretado, aseguró.

«Dentro de este sistema complejo de ecuaciones, existe una variable desconocida que podría cambiarlo todo,» expresó Barrot. «Esa variable desconocida es Europa.»

Explicó que «la resistencia frente a la brutalización del mundo se está organizando aquí, en Europa. Y desde el sudeste asiático a América Latina, pasando por África, las naciones libres que desean seguir siéndolo esperan a que Europa se levante y marque el rumbo,» afirmó Barrot.

Por ello, tanto Washington como Pekín han intentado debilitar a Europa; en particular, China procura frecuentemente eludir las instituciones europeas al priorizar relaciones bilaterales con países miembros individuales, mientras que EE.UU., según la nueva Estrategia de Seguridad Nacional del año pasado, sostiene que Europa enfrenta una «borradura civilizacional» y está dispuesto a intervenir «fomentando la resistencia a la trayectoria actual de Europa dentro de los países europeos».

Según Barrot, aunque Europa es una potencia «madura» —lo cual se refleja en la creación de la Unión Europea para poner fin a «décadas de conflictos fratricidas»— actualmente tiene dificultades para «ejercer influencia en la ecuación estratégica global» debido a que se encuentra «afectada por profundas dudas».

Estas dudas se alimentan de un creciente cuestionamiento ciudadano sobre si los sistemas democráticos los protegen adecuadamente contra las crisis económicas, las tensiones geopolíticas y los cambios sociales, sumado a años de elites políticas que han ignorado estas preocupaciones, afirmó Barrot.

«La Unión Europea, nuestra organización política, está en peligro. No todo está perdido, pero Europa solo podrá recuperarse si establece un nuevo pacto con sus pueblos,» afirmó. Definió este pacto como aquel en el que Europa protege sus fronteras, resiste la coerción económica, defiende los procesos democráticos frente a interferencias extranjeras y responde con firmeza a disputas comerciales o presiones energéticas.

Europa comienza a tomar conciencia del desafío, aseguró, pero la velocidad de acción debe acelerarse «porque queda poco tiempo».

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, más temprano ese día, instó a la Unión a proyectar su poder «de forma más asertiva» y a desarrollar «una política exterior más realista y basada en intereses». Subrayó que ello podría, en ocasiones, no «conciliarse perfectamente» con sus valores.

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