La adaptación respiratoria durante la natación entrena al cerebro para responder con mayor calma al exceso de dióxido de carbono y mejorar la tolerancia al estrés físico de manera progresiva
Existe un deporte que suele ser reconocido como el más completo; sin embargo, el doctor Patricio Ochoa va más allá al afirmar que “podría ser uno de los mejores deportes para la longevidad”. Ese deporte es la natación. Desde su cuenta de TikTok (@dr.patricio_ochoa), donde comparte contenidos relacionados con la salud, Ochoa señala que esta actividad presenta características únicas para entrenar el control respiratorio y la gestión del estrés fisiológico.
“Por esto la natación tiene una de las tasas de lesiones más bajas y es de los pocos deportes que se pueden practicar durante varias décadas”, ha comentado el especialista en una de sus recientes publicaciones. Destaca que la disminución del impacto en las articulaciones que proporciona el entorno acuático, el cual sostiene el peso corporal, posibilita un entrenamiento menos lesivo. Aun así, la capacidad para controlar la respiración es, para Ochoa, la cualidad más relevante.
En el video, el médico explica que al nadar, el organismo debe ajustar sus patrones respiratorios porque “entrar al agua implica un aprendizaje: el cuerpo ya no puede respirar cuando quiere; por lo tanto, debe aprender a esperar”. Esta adaptación gradual implica que “cada brazada marca un ritmo y cada giro de la cabeza determina el momento para tomar aire”, según explicó Patricio Ochoa en TikTok.
Reduce el estrés físico
Además, la acumulación de dióxido de carbono durante la natación no debería interpretarse solo como un residuo, sino como una señal importante: “Durante años nos hicieron creer que el CO2 era simplemente un desecho, pero en realidad funciona como un mensajero. Cuando el CO2 aumenta, indica al cerebro que algo no está bien y el cerebro responde de manera inmediata”. Según Ochoa, la sensación de ahogo no se debe a la falta de oxígeno, sino a “un exceso de CO2”.
En su publicación, Ochoa resalta la capacidad adaptativa del sistema nervioso y vascular como un fundamento clave de los beneficios de practicar natación regularmente: “Esa alarma no es fija, es extremadamente sensible y puede entrenarse. Con el tiempo, y nadando habitualmente, el cerebro aprende que no cada incremento de CO2 representa un peligro, y ajusta la señal para que sea menos intensa”. Así, se genera una respuesta más tranquila ante el estrés físico, reduciendo el consumo energético asociado al pánico respiratorio.
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Al mismo tiempo, la acumulación de CO2 actúa también en los vasos sanguíneos: “Con el aumento de este gas, las arterias comienzan a relajarse, porque el endotelio, la capa interna de los vasos, interpreta esta señal y decide dilatarse. Este proceso se conoce como vasodilatación”.
En cuanto a las limitantes de la natación, Ochoa sostiene que “nunca reemplazará un entrenamiento de fuerza con pesas”. Además, el aspecto social no es su fortaleza, pero “en términos generales, es un deporte bastante completo y que, en mi opinión, debería ser estudiado mucho más respecto a la longevidad”.
