Guardiola detiene la repetición electoral mientras Vox aplaza el acuerdo varias semanas para respetar el 15-M en Castilla y León

La candidata del PP no consigue la mayoría en la primera votación, pero mantiene la esperanza de un acuerdo ‘in extremis’

María Guardiola, candidata a la Presidencia de la Junta de Extremadura.

María Guardiola y Vox están cada vez más próximos a alcanzar un pacto que podría evitar la repetición electoral. La cuestión ahora radica en si lograrán cerrar el acuerdo definitivo para la votación de mañana viernes (la candidata del PP necesita que Vox, liderado por Abascal, se abstenga en esta segunda votación) o si, como en un partido de fútbol tras desaprovecharse ambas mitades, el proceso se extenderá a la prórroga —lo más probable—, dejando así un plazo de dos meses como límite para evitar volver a las urnas.

Tal y como ha reportado este periódico en los días recientes, ambas formaciones han trabajado discretamente desde el fin de semana pasado y, día a día, han ido avanzando para desbloquear una relación que no existía hasta hace poco, cuando el fracaso parecía inevitable. Sin embargo, en un silencio impuesto por Vox («sin filtraciones»), desde que el jueves pasado se truncara la negociación en Mérida, a pesar de la mediación de Génova, las conversaciones se retomaron en un absoluto secreto bajo un hermetismo exigido por Vox para mantener viva la posibilidad de pacto, como reconoció ayer Óscar Fernández, líder del partido de Abascal en Extremadura, desde la tribuna del parlamento regional. En resumen, cualquier filtración mediática podría echar por tierra el acuerdo.

Lo primero es que las 23 medidas reclamadas por Vox para abstenerse (distinto a formar parte del ejecutivo, que todavía está por definir) ya no representan un obstáculo para cerrar el pacto y desbloquear la gobernabilidad en Extremadura: «El acuerdo está muy próximo a concretarse», admitió Guardiola tras su fallida investidura inicial. Desde el PP consideran que dichas medidas son completamente legales y razonables para garantizar la continuidad del bloque político en la región.

Óscar Fernández y Ángel Pelayo, diputados de Vox.

En cuanto al contenido y forma del debate de ayer, se percibió cómo ha disminuido la animadversión, incluso en planos personales, así como el nivel de crispación entre ambas partes. Esto se debe, en primer lugar, a que Guardiola ha moderado su discurso, y sobre todo a que la mayoría de las demandas de Vox han sido aceptadas por la presidenta en funciones, tal y como ella misma subrayó en su primera intervención del martes (sobre temas como inmigración o el pacto verde) y volvió a recalcar explícitamente ayer: «Usted sabe bien que muchas de las propuestas que ha puesto sobre la mesa ya fueron acordadas». Su mensaje fue lo suficientemente transparente.

Ahora, la responsabilidad recae en Vox y en la estrategia que adopte a medio plazo, con la vista puesta en otras autonomías. La gran incógnita es si Santiago Abascal planteará conveniente permitir que María Guardiola gobierne ya este viernes, pensando en las próximas elecciones en Castilla y León, o si prolongará el bloqueo dos meses más por razones electorales. En el PP extremeño creen que el líder de Vox optará por la segunda opción, aunque continuarán negociando hasta el último instante: «Por nuestra parte, no quedará nada sin intentar».

Posteriormente surgirán los detalles sobre la posible incorporación de Vox al gobierno de Guardiola, qué consejerías asumirán y qué dotación presupuestaria se asignará a cada una, aspecto también en negociación, incluyendo la posible vicepresidencia. No será como en 2023 con un único consejero; ahora podrían ser al menos tres, debido a que Vox ha duplicado su representación, pasando de 5 a 11 diputados. Otra cuestión será si prefieren permanecer como observadores externos pese a sus buenos resultados, aunque el portavoz de Vox en Extremadura insiste: «La región quiere más del doble de Vox».

Al terminar la primera sesión de investidura (segunda jornada), Santiago Abascal enfrió las expectativas a corto plazo y habló de que la firma del pacto podría tardar «semanas». Para él, el discurso de Guardiola fue «interesante», pero «insuficiente», aunque aclaró que mantienen «la mano tendida», con la salvedad: «Es complicado resolver en dos días lo que no se ha logrado en meses», aunque no descartó por completo un acuerdo. Lo relevante es que la investidura sigue abierta, cuando hace dos semanas el futuro de María Guardiola al frente de esta comunidad autónoma era altamente incierto. Su semblante, esbozando una sonrisa, dista mucho del día de la constitución de la Asamblea de Extremadura, hace más de un mes, cuando las tensiones eran máximas entre ambas formaciones. El tono y las formas han cambiado sustancialmente. El ambiente en los pasillos es diferente. «El acuerdo es posible», coinciden todas las partes. «La incógnita es cuándo», afirman fuentes del PP extremeño, que agotarán todas las vías en las próximas horas. Fuentes de Génova lo ratifican: «Hay tiempo y se intentará sellar un acuerdo. Por nuestra parte, no será».

En este marco, desde el PP Nacional subrayan que «sería suficiente la abstención de Vox para conformar un Gobierno de centro derecha. Solo podría impedírselo que el partido de Santiago Abascal vote igual que el de Pedro Sánchez. Esperamos que esto no ocurra», mientras que el cálculo electoral de la próxima semana podría ser la clave del retraso: «Ni las elecciones en Castilla y León ni ninguna otra motivación electoral justifican que Vox condene a los extremeños a la provisionalidad».

En Mérida, el escenario actual de las negociaciones es distinto. La tensión se ha reducido notablemente, también en los términos empleados para dirigirse mutuamente.

Es cierto que Óscar Fernández, portavoz de Vox en Extremadura, solicitó —era comprensible— «certezas y no simples titulares» a la candidata, pero recalcó que «si llegase a haber acuerdo, hablo en condicional, todo cambiará» en comparación con el pacto de hace dos años. Esta declaración habría sido impensable hace quince días. No obstante, no faltaron reproches en su discurso, dirigidos hacia Madrid: «Si a día de hoy no hay acuerdo, es porque Génova no lo quiere», elevó el nivel Fernández Calle, incluso desligando a Guardiola de la responsabilidad. Posteriormente, ella misma declaró ante los micrófonos: «He hecho todo lo posible».

El viernes se verá si esto es suficiente para Vox o si, basándose en su particular estrategia electoral, agotarán otro plazo más, el definitivo, para evitar elecciones. «La negociación ya dejó de jugarse en Mérida, donde existe un principio de acuerdo entre PP y Vox, pero ahora todo depende de Abascal», indican fuentes relacionadas con la negociación a este periódico. En 24 horas habrá mayor claridad.

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