La productividad laboral en España es la mitad que en la UE y el aumento del salario por hora es aún más lento

Entre 1996 y 2019, la productividad por hora trabajada en España aumentó a un ritmo anual medio del 0,6%, alrededor de la mitad del promedio registrado en la Unión Europea (1,1%)

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A pesar de los progresos recientes, España permanece muy rezagada en comparación con la Unión Europea y otras economías relevantes en términos de productividad laboral. El informe anual del Consejo de la Productividad de España (CPE) proporciona un diagnóstico claro: el incremento de la productividad por hora trabajada ha sido históricamente significativamente menor que el de sus principales socios europeos y de países como Estados Unidos. A lo largo de las últimas décadas, esta diferencia se ha traducido en una menor capacidad para elevar la renta per cápita y reducir las desigualdades, situando a la economía española en una posición de clara desventaja relativa.

Según los datos del CPE, entre 1996 y 2019, la productividad por hora trabajada en España creció a un ritmo anual promedio del 0,6%, apenas la mitad del promedio alcanzado por la Unión Europea (1,1%) y bastante inferior a países como Alemania (1%) o Francia (0,8%). Por su parte, Estados Unidos lideró este indicador con un crecimiento anual del 1,6%. Aunque esta diferencia pueda parecer modesta a corto plazo, se convierte en una brecha considerable cuando se acumula durante períodos extensos. Así, mientras otros países han logrado mantener el aumento de la productividad en niveles que permiten duplicar la riqueza en una generación, en España este proceso se frena de forma significativa.

Tasas anuales medias de crecimiento

El informe destaca que el débil rendimiento de la productividad en España no se explica solo por la cantidad de capital o el nivel educativo, sino que responde, en gran parte, a la evolución negativa de la productividad total de los factores (PTF). ¿Qué significa esto? Cuando este indicador es negativo, indica que una economía es menos eficiente al combinar capital y trabajo, produciendo menos con los mismos o incluso mayores recursos. Esto implica que el crecimiento no proviene de mejoras tecnológicas o de gestión, sino del incremento en los recursos empleados, lo que limita el desarrollo económico sostenible.

Durante el periodo considerado, la aportación de la PTF al crecimiento de la productividad nacional fue negativa (-0,5 puntos porcentuales por año), un resultado que contrasta con el rendimiento positivo registrado en Alemania, Francia y Estados Unidos. Sin estas pérdidas de eficiencia, España podría haberse aproximado al ritmo de avance de sus vecinos y haber reducido la brecha en bienestar.

La remuneración por hora trabajada aumenta un 3%

Este retraso no solo ha impedido que la economía española alcance el nivel de renta de otras potencias, sino que también ha limitado la capacidad para distribuir los frutos del crecimiento entre la población. En la práctica, el informe prueba que la remuneración real por hora trabajada ha crecido aún más lento que la propia productividad. Entre 1999 y 2017, la productividad por hora aumentó un 9,5% acumulado, mientras que la remuneración real por hora lo hizo solo un 3%. En otras palabras, por cada tres puntos de avance en productividad, apenas uno se reflejó en los salarios reales.

Este fenómeno, denominado en la literatura económica como “desacople” entre productividad y salarios, no es exclusivo de España. Desde los años 80, la mayoría de las economías desarrolladas han experimentado una tendencia a la baja en la cuota laboral: es decir, la proporción de la renta nacional destinada a salarios se ha reducido, mientras que la parte correspondiente a beneficios empresariales ha crecido. En el caso español, la cuota laboral descendió cerca de 8 puntos porcentuales en medio siglo, pasando del 70,4% del PIB en 1974 al 62,5% en 2024. “Es tan crucial que la productividad aumente como que las ganancias de productividad se distribuyan entre toda la población”, destaca el informe en sus conclusiones.

Tasas anuales de crecimiento de

El informe especifica que, durante los años de expansión económica y la crisis financiera posterior, la remuneración real por hora se mantuvo estancada o creció menos que la productividad, lo que redujo el peso de los salarios en el conjunto de la renta nacional. Únicamente en los últimos años, con la recuperación tras la pandemia y la puesta en marcha de políticas como el aumento del salario mínimo, esta tendencia comenzó a revertirse. Desde 2018, el crecimiento acumulado de la remuneración real por hora trabajada (7,7%) ha superado al de la productividad por hora (3,6%). No obstante, esta recuperación aún no ha sido suficiente para recuperar el terreno perdido: en 2024, la cuota laboral continuaba 1,4 puntos por debajo de la registrada en 1999 y el poder adquisitivo derivado del salario medio por hora apenas ha mejorado en comparación con hace dos décadas.

El informe del CPE también resalta que el repunte reciente en la productividad —con tasas anuales del 1% entre 2022 y 2025, el doble que en el periodo 2014-2019— coincide con una intensa creación de empleo. Sin embargo, advierte que aún es pronto para determinar si este cambio es estructural o simplemente una respuesta al ciclo económico y a factores coyunturales como la recuperación pospandemia.

¿Por qué España está estancada?

Entre las causas del estancamiento productivo español, el texto señala la baja inversión en capital tecnológico y en activos intangibles, junto con una estructura productiva centrada en sectores con bajo contenido tecnológico. Además, la brecha de productividad se amplía debido a la lenta adopción de tecnologías basadas en inteligencia artificial y a la limitada capacidad de crecimiento y consolidación de las empresas, sobre todo las de menor tamaño.

El informe concluye que el crecimiento de la productividad es el factor clave para aumentar la renta per cápita y reducir desigualdades. Sin avances sostenidos en este ámbito, España enfrentará dificultades para mantener el Estado del Bienestar, mejorar los salarios y garantizar un crecimiento inclusivo. Por ello, el CPE demanda una estrategia nacional que integre inversión productiva, modernización empresarial y políticas redistributivas capaces de hacer llegar los beneficios de la productividad a toda la población.

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