Récord histórico de dependencia familiar: la generación nacida entre 1992 y 2001 permanece más tiempo en casa de sus padres según datos recientes.

Solo el 46% de los hombres españoles de entre 25 y 34 años vive de forma independiente, cifra que alcanza el 55% en el caso de las mujeres

Un hombre de 35 años

Ser joven hoy día es complicado. Emanciparse, afrontar el alquiler, ahorrar para la entrada de una vivienda y cumplir con lo que la sociedad espera, que antes realizaban sus padres antes de los 30, resulta cada vez más difícil. La realidad, en cambio, es otra. Aunque el acceso al mercado laboral de los jóvenes nacidos en España entre 1992 y 2001—actualmente con edades entre 25 y 35 años—ha mejorado notablemente en los últimos años, el aumento en las tasas de empleo no ha derivado en un incremento paralelo en la independencia residencial.

Según datos difundidos por Funcas en un artículo de Juan Carlos Rodríguez, a pesar de que el empleo en este grupo ha alcanzado el 80% en el último trimestre de 2025—nivel máximo desde 1987 junto al observado en 2007—, el porcentaje de jóvenes que viven fuera del hogar familiar ha descendido hasta mínimos históricos. Exceptuando el periodo de la pandemia de coronavirus, cuando los precios de la vivienda cayeron, este es el valor más bajo de jóvenes que se independizan en 130 años.

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A finales de 2025, la tasa de empleo para jóvenes entre 25 y 34 años se ubicó en el nivel más alto de las últimas décadas, tal como refleja la serie histórica que comienza en 1987. Este logro se atribuye principalmente al notable incremento en la incorporación laboral femenina, dado que la ocupación masculina todavía permanece 6 puntos porcentuales por debajo del récord registrado en 2007.

Es relevante mencionar que la brecha de género casi ha desaparecido, viniendo de una diferencia de 39 puntos porcentuales en 1987. Sin embargo, estos avances no han logrado impulsar la tasa de emancipación, la cual solía crecer históricamente, aunque con cierto retraso, tras periodos de mejora sostenida en la inserción laboral juvenil, según el análisis.

Actualmente, solamente el 46% de los hombres españoles entre 25 y 34 años vive de manera independiente, una proporción que llega al 55% en mujeres dentro del mismo rango etario. Estas cifras apenas superan los mínimos registrados en toda la serie, que alcanzaron su punto más bajo en 2021 debido a la crisis provocada por la pandemia.

El impacto de las crisis y la evolución de las rentas

Las dificultades para alcanzar la independencia residencial no provienen únicamente del contexto actual, sino que constituyen el resultado acumulado de diversos impactos económicos que han afectado de manera especial al empleo y los ingresos de los jóvenes, señala Funcas. La probabilidad de emanciparse entre los 25 y 34 años ha experimentado un descenso marcado en los últimos 45 años, influida por crisis recurrentes: desde los shocks de los años 70 y comienzos de los 80, pasando por la recesión de 1993-1995, la grave crisis entre 2008 y 2013 y la paralización derivada de las medidas contra la pandemia.

Incluso los periodos de expansión económica, cuando fueron breves, no han revertido esta tendencia. Por ejemplo, el crecimiento económico de 1985 a 1992 tuvo escasa repercusión. Solo el prolongado ciclo de crecimiento entre 1996 y 2007, con un aumento notorio en la ocupación y mejoría salarial juvenil, impulsó una recuperación parcial de la emancipación, aunque con un retraso considerable de hasta ocho años, explica Rodríguez en su artículo. Posteriormente, la crisis eliminó rápidamente estos avances.

Una larga tendencia a la emancipación tardía

A pesar de la recuperación económica general luego de 2012 y el sostenido aumento en la tasa de empleo durante trece años, Rodríguez señala que la emancipación ha mantenido una trayectoria descendente, interrumpida solo por el periodo más crítico de la pandemia. Este fenómeno se vincula también con la evolución del ingreso promedio: en 2024, la renta neta individual de los nativos entre 25 y 34 años era apenas un 7% superior al mínimo de 2014, pero se encontraba un 33% por debajo del nivel alcanzado en 2007. Asimismo, el mercado residencial ha impuesto presiones adicionales: el precio de la vivienda subió un 65% entre 2014 y 2024, mientras que la renta media nominal solo creció un 31% en ese lapso.

Esta tendencia establecida de emancipación tardía, que Funcas describe como una respuesta habitual a las crisis, ha permitido amortiguar los impactos económicos sufridos por los jóvenes durante medio siglo, afectando tanto el empleo como los ingresos. Rodríguez concluye su análisis en el blog con la expresión: “Ya escampará; mientras, quedémonos a resguardo en casa de los padres”. Así, sintetiza la lógica cultural predominante, la cual no fomenta la toma de riesgos y representa un obstáculo para cualquier estrategia que busque revertir la caída en la natalidad, tarea difícil mientras el proceso de emancipación siga retrasándose progresivamente.

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