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- Informa desde, Caracas
- 25 febrero 2026
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Se percibe en Javier Tarazona el peso del sufrimiento acumulado tras cuatro años y siete meses en reclusión, bajo condiciones que él califica como "inhumanas".
Solo basta fijarse en sus expresiones y su semblante cada vez que evoca algún instante de los 1.675 días que pasó encerrado en El Helicoide, la prisión más conocida de Venezuela. Esta cifra la tiene bien memorizada y la pronuncia sin titubear.
Pocos días después de su liberación, el activista por los derechos humanos y director de FundaRedes concedió una entrevista exclusiva a BBC Mundo, donde habló de esos años. Lo hizo desde un lugar de perdón y con la esperanza de que la experiencia que vivió no se repita en un país que parece estar atravesando un proceso de cambio y transición.
FundaRedes es una organización no gubernamental venezolana enfocada en la protección de los derechos humanos, motivo por el que Tarazona siempre fue una figura pública en confrontación con el gobierno de Nicolás Maduro.
Su labor principal consistió en documentar y denunciar supuestos abusos y violaciones perpetradas por grupos armados no estatales en las zonas fronterizas de Venezuela con Colombia, área caracterizada por un control institucional débil.
A finales de junio de 2021, Tarazona pidió que se investigaran formalmente los presuntos lazos entre el exministro del Interior Ramón Rodríguez Chacín y la guerrilla del ELN.
El activista aportó coordenadas de "casas seguras" y fincas en Barinas y Guárico, que pertenecían al exfuncionario chavista y que, según su denuncia, funcionaban como bases para la guerrilla colombiana con respaldo del Estado venezolano.
El fiscal general, Tarek William Saab, calificó la acusación como una "difamación sin fundamento".
Esto dio lugar a una persecución inmediata, según relata Tarazona.
Días después de hacer su denuncia, acudió al Ministerio Público en la ciudad de Coro (noroeste de Venezuela) buscando protección tras recibir amenazas de organismos de seguridad estatal. Allí vivió una experiencia que su mente no pudo asimilar en ese momento.
"La Fiscal Superior me dijo: ‘Doctor Tarazona, espere allí, no hay problema, ya lo atenderé’… Pero entonces a su despacho llegaron un grupo de hombres armados y con los rostros cubiertos".
"Me esposaron, agredieron verbal y físicamente, y me colocaron un pasamontañas al subir a una patrulla", relata.
"Me preguntaban: ‘¿Quién es el maldito que conduce la camioneta?’. Yo respondía: ‘Ese es mi hermano’. ‘Bueno, ese maldito también irá preso’".
Se referían a José Rafael Tarazona, quien lo acompañaba ese día y también fue detenido.
"Todavía sentía confusión, porque, reitero, jamás imaginé que esto me pasaría por mi trabajo. Reconozco que subestimé a quienes detentan el poder".

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Desde ese momento permaneció "desaparecido" durante 33 horas antes de ser presentado ante un tribunal en Caracas acusado de traición a la patria, terrorismo e incitación al odio.
Su lugar de reclusión fue la conocida prisión El Helicoide, sede del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN) en la capital venezolana, donde estuvo bajo condiciones que la ONU describe como aislamiento prolongado y tortura psicológica.
Tarazona, de 43 años, fue liberado el 1 de febrero en el marco de un proceso de excarcelaciones anunciado por la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, y antes de la aprobación de una ley de Amnistía la semana pasada, destinada a beneficiar a cientos de presos.
El gobierno de Venezuela comunicó también el cierre definitivo de El Helicoide como centro penitenciario. Esta emblemática construcción, señalada durante años como un foco de violaciones a los derechos humanos, dejará de funcionar como prisión para convertirse en un complejo deportivo y de servicios sociales.
BBC Mundo intentó obtener comentarios sobre las denuncias de Tarazona del fiscal general, el Ministerio de Información y el Ministerio de Defensa, pero no recibió respuestas al momento de la publicación.
Una celda "desagradable, deprimente y nauseabunda"
Tarazona califica su reclusión como un verdadero "infierno".
"Pensas en lo peor porque, al final, comprendes que estás completamente aislado, totalmente confinado y solo", comenta, mientras señala que los funcionarios siempre cubrían sus rostros.
Sus primeras horas las pasó en una pequeña celda de castigo denominada "el tigrito", que compartió con su hermano José Rafael Tarazona y otro activista, Omar de Dios García, conviviendo "entre ratas y cucarachas".
"Es un lugar con olores repulsivos […] Teníamos que turnarnos para descansar. Pusimos una especie de colchón, similar a cartón, para cubrir un gran agujero de alcantarilla en un espacio muy reducido", relata.
Alfredo Romero, presidente de la ONG Foro Penal, señala que la mayoría de las prisiones en Venezuela disponen de espacios denominados "tigritos", definidos como ambientes "muy pequeños, oscuros y sucios, usados como celdas de castigo".
"Es similar a una jaula (…) un lugar que permite aplicar mayor grado de tortura debido a su tamaño y el impacto psicológico y físico que genera estar allí", explica Romero a BBC Mundo. Añade que las personas recluidas allí "duermen en el suelo y realizan sus necesidades en el mismo espacio".
El presidente de Foro Penal también destaca que, desde 2002, la organización ha brindado asistencia a más de 15.000 personas detenidas arbitrariamente. "Todos, de alguna forma, han descrito los tigritos como un lugar tristemente común en el sistema penitenciario venezolano", afirma.
Tarazona y sus compañeros permanecieron 46 días allí antes de ser trasladados a una celda "algo más amplia, pero igualmente desagradable, deprimente y nauseabunda".
"Hacíamos nuestras necesidades en el mismo lugar donde nos servían alimentos en una bandeja de anime (poliestireno)", explica.
El recuerdo le corta la respiración. "A esa bandeja se le conoce como Wendy’s [por la cadena de comida rápida]", añade con dificultad.
Su voz se quiebra y necesita varios segundos para recomponerse.
"Había días completos en los que no nos daban alimentos […] No teníamos noción del tiempo, no veíamos ni la luz del día ni la noche, no sabíamos nada", recuerda de los primeros meses de reclusión.
Compartió dos celdas con su hermano y Omar de Dios García, quienes fueron liberados el 26 de octubre de 2021, con presentación periódica ante los tribunales cada ocho días.
Durante los cuatro años siguientes, Tarazona pasó por otras cuatro celdas, donde compartió espacio con otros 36 prisioneros, rememora.

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El envase de agua
Tarazona admite sentir un fuerte "sentimiento de culpa". Comenta que su hermano le reprochaba estar pagando por una lucha que no le correspondía y afirma que su estado de salud empeoró por las condiciones insalubres.
"Para orinar, los tres compartíamos un envase de agua mineral de cinco litros, lo que provocaba infecciones urinarias. Estuvimos afectados por esto, pues teníamos que introducir el pene en el recipiente para no derramar la orina y no contaminar más el espacio ya deteriorado".
"Defecábamos en la misma vianda (envase de comida) y esperábamos a que un custodio se acordara de nosotros para retirar los desechos fecales".
Además, señala que fue sometido a interrogatorios constantes, acompañados de tratos crueles, inhumanos y degradantes.
"Fueron etapas muy duras. Rememorarlas, sin duda, equivale a reconstruir todo un dolor".
Las autoridades venezolanas detuvieron a su madre, una mujer septuagenaria, el 11 de julio de 2021 en el estado Táchira. Allanaron su hogar y se la llevaron.
Él se enteró durante uno de sus interrogatorios.
"Grabaron videos del allanamiento y la detención. Me presionaban constantemente con esas imágenes durante los interrogatorios", relata.
"Un funcionario me preguntó: ‘¿Conoces a esta mujer?’. Le respondí: ‘Claro, es mi madre’. Entonces me dijo: ‘Haz el video que te pido o tu madre quedará detenida’. Siempre me negué; sabía que ella sería capaz de superar esa prueba".
Horas después, su madre fue liberada.
Tarazona afirma que no tuvo acceso a una defensa privada y que solo le asignaron un abogado siete meses después de ser detenido.
"Durante esos 1.675 días de prisión, mis visitas legales no superaron las cinco", precisa.

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"Prepárese, que se va"
El inicio del fin de su reclusión comenzó la madrugada del 3 de enero de 2026, día en que el presidente Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, fueron capturados en una operación militar estadounidense.
Tarazona recuerda haber escuchado las detonaciones en El Helicoide.
"Las explosiones fueron aterradoras… Pensamos que algo sucedía en las cercanías. Luego, el canal estatal anunció la detención de Nicolás Maduro", señala.
Para él, esa violencia fue el factor desencadenante de su liberación, reflexión que le provoca tristeza: "Dudo que me hubieran excarcelado si eso no hubiese ocurrido. Es triste que un país tenga que atravesar este tipo de eventos para que cambien las conductas".
La noticia de su liberación llegó el 8 de enero. Tarazona cuenta que estaba en el patio de la cárcel haciendo meditación mientras observaba una guacamaya multicolor. La calma del momento fue interrumpida por los gritos de sus compañeros: "¡Tarazona, vas a salir libre!".
Tras ese anuncio vinieron los 22 días más difíciles, asegura.
"Ahí empezó la inseguridad, la ansiedad y las afecciones cutáneas causadas por el estrés", relata.
El 1 de febrero, a las 8:00 a.m., un funcionario le dio finalmente la orden: "Prepárese, que se va".
"Temblaba mucho, mucho", confiesa sobre el momento en que pudo arrodillarse para tocar el suelo y abrazar a su madre.
Aunque su orden de excarcelación no le prohíbe hablar con los medios, Tarazona está consciente de que todavía podrían existir represalias en su contra.
No obstante, afirma que su principal motivación para hacer público lo ocurrido ya no es política, sino humana.
"Pudo perdonar durante el cautiverio y eso representó un cambio profundo en su vida", señala con tranquilidad.
"Si comparas una fotografía de Javier Tarazona del 2 de julio de 2021 con una del 1 de febrero de 2026, notarás que hubo una transformación. Eso sucede porque hubo un trabajo interior".
"Salió convencido de que los venezolanos deben avanzar hacia el reencuentro y la reconciliación", continúa.
Para Tarazona, la verdadera reparación va más allá del ámbito judicial y es ética: "Me atrevo a conceder esta entrevista, la primera de estas características, no para usarla como un arma para perjudicar, sino para evitar que esto vuelva a suceder".

