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Tras casi 20 años de obras, el primer metro de Tesalónica finalmente está en funcionamiento. Los trenes sin conductor alivian el tráfico y la contaminación, mientras que las estaciones exhiben artefactos antiguos encontrados durante la construcción. El proyecto, con una inversión de 3.000 millones de euros, se completó gracias a un fuerte respaldo de la UE y el Banco Europeo de Inversiones.
Tesalónica, conocida como la «París del norte de Grecia», es una ciudad destacada por su patrimonio histórico, su gastronomía excepcional y su vida nocturna activa. No obstante, durante mucho tiempo también fue reconocida por otra razón: atascos monumentales. El centro urbano, con una población de 320.000 personas, está rodeado por un golfo y colinas, generando un cuello de botella significativo. Los numerosos vehículos estancados causaban algunos de los niveles más elevados de contaminación atmosférica de toda la Unión Europea.
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Era imprescindible un cambio. Recientemente, esto finalmente se hizo realidad.
A finales de 2024, tras veinte años de complejas obras, se inauguró la primera línea de metro de Tesalónica. Este sistema subterráneo, rápido y completamente moderno, está transformando la movilidad de habitantes como Marina Argyrou, empleada en la empresa del metro que reside en las afueras y viaja con frecuencia al negocio familiar ubicado en el centro. Antes, Marina conducía por rutas lentas con trayectos que en ocasiones superaban los 30 minutos, además de enfrentar la dificultad para encontrar aparcamiento. Ahora, alcanza su destino en solo 15 minutos.
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La línea principal cuenta con una extensión superior a 10 kilómetros y en la actualidad incluye 13 estaciones equipadas con tecnología avanzada, conectadas por trenes fabricados en Italia. Estos trenes operan sin conductor alguno. Las puertas se abren y cierran de manera automática y están perfectamente sincronizadas con las barreras de plataforma para garantizar máxima seguridad. Los convoyes circulan de forma autónoma, transportando casi 20.000 pasajeros cada hora en ambos sentidos.
El centro de operaciones supervisa y controla en tiempo real cada movimiento dentro del sistema metro.
Ciudades como Copenhague cuentan con sistemas similares, pero para Grecia representa una novedad sin precedentes. Los beneficios son evidentes: mayor flexibilidad, niveles superiores de seguridad, cumplimiento exacto de horarios y una eficiencia notable. Aunque, al principio, algunos usuarios estaban inquietos con la ausencia de conductor, pronto se habituaron.
Francesco Rosella Director General, Thessaloniki Metro Operation and Maintenance Company
Pero construir el metro del futuro significó excavar en el pasado de manera literal. El subsuelo de Tesalónica está repleto de tesoros arqueológicos de gran valor. Para conservarlos, los túneles tuvieron que perforarse mucho más profundos de lo previsto y se modificaron los diseños de varias estaciones. La obra se convirtió en la excavación arqueológica más grande del norte de Grecia, recuperando más de 300.000 artefactos. Hoy, algunas estaciones funcionan también como museos subterráneos únicos.
Este minucioso trabajo implicó costes adicionales, retrasos y sobrecostos, agravados por las dificultades financieras y administrativas de Grecia. Finalmente, la inversión superó los 3.000 millones de euros y las tareas se prolongaron durante veinte años.
Ante la escalada de gastos y la complejidad del proyecto, arriesgando perder apoyo, la UE intervino con más de 1.000 millones de euros a través de los fondos de su Política de Cohesión, mientras que el Banco Europeo de Inversiones aportó cientos de millones en préstamos.
Georgios Zygogiannis Director de Operación y Mantenimiento, Thessaloniki Metro
Esto es solo el comienzo. Estas primeras 13 estaciones forman la fase inicial. La línea principal está próxima a extenderse y se planifican nuevas conexiones hacia otros suburbios, impulsando el crecimiento económico, generando empleo y atrayendo turistas para descubrir los museos y galerías subterráneas, accesibles con un simple billete de metro.

