El jefe del Estado oyó los disparos en directo a través de la radio mientras se dirigía a ducharse tras un partido de tenis, y habló en cuatro ocasiones con Milans del Bosh para que detuviera la acción

Entre los documentos desclasificados por el Gobierno se encuentra uno de 34 páginas que detalla cómo se vivieron ese día los sucesos en el Palacio de la Zarzuela. Según recuerda Don Juan Carlos en su libro, aquella tarde había disputado un partido de tenis con Miguel Arias. Al entrar en el Palacio para cambiarse, al pasar junto a la mesa de su ayudante, quien tenía la radio encendida, se escucharon los disparos de las ametralladoras dentro del Congreso.
Desde ese momento, a las 18:22, comienza la narración en el referido documento. El personal de la Casa solicita transporte para regresar a sus labores en Zarzuela mientras se inician las primeras llamadas telefónicas. Según la reconstrucción, entre las 18:30 y las 19:00, el Rey recibe una llamada de Armada, quien desea acudir a Zarzuela. Don Juan Carlos le pide que permanezca en su puesto. A las siete de la tarde, el general Juste pregunta si Armada está en Zarzuela y le responden que no: «Eso cambia totalmente la situación».
En ese instante, Don Juan Carlos toma dos decisiones: «De ninguna manera autorizar al General Armada para que acuda a Zarzuela» y «que la JUJEM asuma la dirección militar de los acontecimientos». El Rey contacta personalmente con las capitanías generales, zonas marítimas y regiones aéreas para evaluar la situación. En ese momento ya reconocen que comunicarse con la 3ª Región Militar (la de Valencia, bajo mando de Milans del Bosch) está siendo complicado. A las siete y cuarto, el Rey logra comunicarse con el teniente general, quien le asegura: »Que está a las órdenes del Rey» y que «ha implementado medidas de seguridad para mantener el orden». El general también «pregunta si Su Majestad ha hablado con el General Armada y solicita que lo haga».
A las siete y media de la tarde, el Rey opta por enviar un mensaje a la ciudadanía, pero al contactar con la Televisión a las ocho, descubren que está ocupada por una unidad dirigida por el capitán Merlo, que rechaza acatar órdenes que no provengan de su coronel, Valencia Remón. Cuando logran establecer contacto con este mando, asegura que retirará a los soldados.
Veinte minutos después de las ocho de la tarde, el secretario general, Sabino Fernández Campo, desde su despacho, consigue comunicarse con Tejero en el Congreso: «¿Qué pretendes? Depón tu actitud de inmediato«, le ordena. Tejero responde que solo acata órdenes de Milans del Bosch. «Pero tú has invocado el nombre de S.M. el Rey, ¿por qué? ¿por qué?», le pregunta, tras lo cual Tejero cuelga repitiendo que solo recibe órdenes de Milans del Bosch.
Posteriormente, el Rey mantiene una «conversación tensa» con Armada que no ha sido desclasificada. Paralelamente, las tropas que ocupan la televisión se repliegan y un equipo de grabación se dirige al Palacio de la Zarzuela. A las diez de la noche, la JUJEM emite un comunicado en el que afirma: «Se han adoptado las medidas necesarias para reprimir cualquier atentado contra la Constitución y restaurar el orden».
A las 23:35, el Rey vuelve a hablar con Milans del Bosch y con Armada para que el primero retire las unidades desplegadas en la calle y el segundo «deponga su actitud». Sabino Fernández Campo comunica posteriormente a Armada que «bajo ninguna circunstancia Su Majestad autoriza a dirigirse a los diputados en su nombre y le exige su palabra de honor de que no lo hará». Además, llega el equipo de grabación a Zarzuela y Don Juan Carlos se cambia, poniéndose el uniforme de capitán general del Ejército de Tierra.
Armada consigue entrar en el Congreso y reunirse con Tejero, a quien ofrece un avión para abandonar España; este responde que se marea en los aviones. «Está obstinado y solo acata órdenes de Milans del Bosch», señala el documento.
A la medianoche, el Rey graba el mensaje institucional y media hora después se envía el vídeo a la televisión. Además, el general Juste llama a Zarzuela y explica a Fernández Campo que «una Unidad de Policía Militar se ha descontrolado, y que al frente está el Comandante Pardo Zancada».
Doce minutos tras la una del 24 de febrero, se emite el mensaje del Rey en Televisión Española y Radio Nacional. Seguidamente, el Rey conversa por tercera vez con Milans del Bosch, explicándole en seis frases su postura: «Reafirmo mi firme decisión de mantener el orden constitucional dentro del marco legal vigente. Tras este mensaje no puedo retractarme». «Cualquier golpe de Estado no podrá escudarse en el Rey, es contra El Rey». «Hoy más que nunca, estoy comprometido a cumplir el juramento a la Bandera. Por eso, con plena conciencia y pensando solo en España, te ordeno retirar todas las unidades que hayas movilizado». «Te ordeno comunicar a Tejero que deponga su actitud de inmediato». «Juro que ni abdicaré la Corona ni abandonaré España. Quien se subleve, está dispuesto a provocar y será responsable de ello una nueva guerra civil». «No dudo del amor de mis generales por España. Por España primero, y por la Corona después, te ordeno cumplir lo que te he indicado».
Milans del Bosch responde al Rey que acatará sus órdenes, pero que Tejero ya no le hace caso. Son las dos y media de la madrugada cuando Fernández Campo informa al jefe de la JUJEM sobre los términos de la conversación con Milans del Bosch y la situación de Tejero en el Congreso.
A las cuatro de la madrugada, el general Juste indica a Fernández Campo que no está seguro de contar con el respaldo completo de la división. Esto motiva una cuarta llamada del Rey a Milans del Bosch, a quien le exige «que esto debe terminar de inmediato» y le insta a difundir un comunicado que se hace público a las 5:10 horas. En dicho comunicado se solicita que «quede sin efecto lo dispuesto en el manifiesto publicado el 23 de febrero del presente año desde el momento de difusión de este comunicado». En el último párrafo, Milans asegura que «la intención de este Mando ha sido y es el servicio a España, el respeto a la Ley bajo el mando supremo de S.M. El Rey (Q.D.G.), cuya adhesión inquebrantable resulta más evidente hoy que nunca».

