El palacio de San Sebastián: la mansión británica que albergó el colegio privado de Juan Carlos I

Nació como residencia de verano para la reina María Cristina y, décadas más tarde, fue escenario de la formación académica de Juan Carlos I. Situado entre las playas de La Concha y Ondarreta, domina la bahía con una de las vistas más destacadas de la ciudad Foto: El inmueble se alza sobre una finca de 30.000 metros cuadrados entre las playas de La Concha y Ondarreta. (San Sebastián Turismo/Archivo)

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Existen edificaciones que no solo configuran el paisaje, sino que también forman parte de la memoria colectiva. El Palacio Miramar de San Sebastián, situado frente a la bahía de La Concha, es uno de esos lugares donde la arquitectura, la historia y la monarquía española convergen en silencio ante el mar Cantábrico. Su silueta de inspiración británica, visible desde gran parte del paseo marítimo, se ha transformado con el paso del tiempo en uno de los perfiles más distintivos y capturados en fotos de la ciudad.

Un cottage inglés frente a La Concha

Separando las playas de La Concha y Ondarreta, esta antigua Real Casa de Campo fue promovida por la reina regente María Cristina a finales del siglo XIX, tras consolidar la costumbre de los veraneos reales en la ciudad. El encargo fue realizado en 1889 al arquitecto británico Ralph Selden Wornum, experto en el estilo campestre inglés, mientras que la supervisión de la obra correspondió a José Goicoa. El resultado fue un edificio con inspiración cottage Reina Ana, caracterizado por tejados inclinados, predominancia de ladrillo visto y detalles neogóticos que destacaban frente a otras corrientes arquitectónicas de su época.

Las obras finalizaron en 1893 sobre una finca que actualmente comprende 34.136 metros cuadrados, delimitada por los paseos de Miraconcha, Pío Baroja y Los Miqueletes, con el mar y las rocas como frontera natural al norte. Para integrar la construcción con la compleja topografía del monte, se construyó un falso túnel bajo los jardines que permitió el paso de la carretera y del tranvía. El conjunto se completó con caballerizas, casa de oficios y cocheras, además de un parque diseñado por Pierre Ducasse, concebido como un gran balcón verde con vistas a la bahía de La Concha

De residencia real a internado del futuro rey

Tras la muerte de María Cristina en 1929, la propiedad pasó a Alfonso XIII y fue luego expropiada durante la Segunda República para destinarse a residencia presidencial de verano. Durante el franquismo, los bienes fueron restituidos a la familia Borbón. En este contexto, en los años cincuenta, el palacio desempeñó un papel poco conocido: sus salones y habitaciones se convirtieron en un colegio internado privado donde estudió Juan Carlos I, junto a otros jóvenes de familias aristocráticas.

Finalmente, en 1972, el Ayuntamiento de San Sebastián compró la finca principal. Desde entonces, el Palacio Miramar alberga instituciones como los Cursos de Verano de la UPV/EHU y Eusko Ikaskuntza, además de ser sede de congresos y bodas. Sus jardines, accesibles al público, forman hoy parte de la vida cotidiana de donostiarras y visitantes, que hallan en este entorno un espacio donde la historia de la ciudad y la monarquía española se contemplan frente al mar.

El edificio principal, que cuenta con sótano y tres plantas, suma aproximadamente 5.600 metros cuadrados dentro de un conjunto que alcanza 8.000 metros construidos. En su interior se distribuyen once salas y salones, que en la actualidad combinan uso institucional y cultural manteniendo la impronta histórica del inmueble. Entre ellos destacan el Comedor Real, con su mirador octogonal orientado hacia la bahía; el Salón de Música, espacio para recepciones y veladas; y el Salón Blanco, reconocido por su gran espejo central, decoración clásica y amplios ventanales.

Palacio Miramar de San Sebastián, ubicado frente a la bahía de La Concha, es uno de esos lugares donde la arquitectura, la historia y la monarquía española se entrelazan en silencio frente al mar Cantábrico. Su silueta de inspiración británica, visible desde gran parte del paseo marítimo, se ha convertido con los años en uno de los perfiles más emblemáticos y fotografiados de la ciudad.

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