El experto en salud mental subraya que no es beneficioso ni quedarse atrapado en ese vínculo ni apresurarse a retomar la normalidad antes de tiempo

Cuando finaliza una relación, el impacto va más allá de lo emocional: afecta el sueño, el apetito, la concentración y, en muchos casos, también la autoestima. La sensación de pérdida puede manifestarse en forma de ansiedad, tristeza prolongada o incluso síntomas físicos como opresión en el pecho o agotamiento intenso.
Superar una ruptura no sigue un camino lineal. Existen días de estabilidad aparente y otros en los que el recuerdo emerge con fuerza. El entorno suele insistir en una recuperación rápida con frases como “ya pasará” o “hay más personas”, pero el duelo afectivo no se rige por plazos preestablecidos. Cada individuo requiere su propio tiempo para aceptar la ausencia y reconstruir su rutina.
En este marco, el psicólogo Samuel Durán ha compartido varias reflexiones dirigidas a quienes están atravesando, o enfrentarán, una ruptura. “Tengas o no una ruptura, este video es necesario porque tarde o temprano te tocará y es frecuente quedarse estancado en una”, advierte en sus redes sociales (@samuelduranpsicologo en TikTok).

Para ilustrar el proceso, Durán utiliza una metáfora: la de una herida física que requiere puntos. “Con la ruptura, igual que con una herida, el objetivo no es que desaparezca de manera inmediata, algo imposible. Lo que buscamos es aprender a cuidarla, evitando aquellas conductas que impiden que la herida se cierre”, explica. Entre estas conductas menciona pretender que el dolor no existe, “rascarla cuando pica” o forzar los tiempos para regresar a la normalidad demasiado rápido.
El especialista recalca que tampoco es cuestión de ignorar la situación. “Es una herida que necesita puntos, por lo cual hay que estar atentos, curarla y dejarla reposar cuando sea necesario”. Según aclara, la clave no está en acelerar la cicatrización, sino en impedir que la herida se abra repetidamente.
De romper el contacto cero a fingir que nada ocurrió
Uno de los errores más comunes es tratar de convencerse de que todo está superado antes del tiempo adecuado. “‘Sé que no debería ser así, pero no logro sentirlo, mi cuerpo no lo acepta’. Eso es completamente habitual”, afirma. La ruptura afecta no solo la razón, sino también el cuerpo. “Al perder un vínculo significativo, el cuerpo entra en estado de alerta y cree que la única forma de aliviar el dolor es recuperar esa relación. Por eso será lo último en asumir la ruptura”.
Presionarse para “estar bien” puede resultar contraproducente. “Insistir para que el cuerpo lo acepte solo provoca que el dolor se presente con mayor frecuencia y añade frustración al proceso”. El psicólogo aclara que se necesita tiempo: “El cuerpo debe vivir y reaprender sobre su nueva realidad, lo que implica procesar las emociones sentidas y experimentar nuevas vivencias”.
Algunas actitudes que se tienen, pueden revelar aspectos de la personalidad según los psicólogos
Otra conducta que identifica es lo que denomina “rascar la herida”. “Revisar fotos, redes sociales, contacto intermitente, canciones que evocan a la otra persona, conversaciones imaginarias”. Aunque estas acciones alivian temporalmente, advierte que “empeoran el problema base, que es la herida”. Por ello respalda el contacto cero como método para “dejar de rascar cuando pica y permitir que la herida sane”.
Asimismo, cuestiona la tendencia a actuar como si nada hubiera pasado. “Ni encerrarse en la cama durante meses, ni correr una maratón con una herida que no ha cicatrizado completamente”. Según él, la clave está en hallar el equilibrio: aprender “qué acciones son posibles y cuáles no, para continuar la vida sin que todo gire en torno al dolor, pero sin forzar hasta situaciones insostenibles”. El duelo, aclara, no exige detener toda actividad: “No implica necesariamente lanzarse a otra relación inmediatamente. Se trata de no detener todos los aspectos de la vida”.
Finalmente, Durán advierte sobre una trampa habitual: pensar demasiado para evitar sentir, es decir, los bucles mentales. “Intentar comprender, hallar certezas y reparar. ‘¿Qué error cometí? ¿Cómo podría haber evitado esto?’”. Aunque parezca un análisis, sostiene que muchas veces “el objetivo de este pensamiento es evitar conectarse con las emociones propias de una ruptura”. Darle vueltas continuamente puede servir como protección ante el vacío y la incertidumbre, pero no reemplaza el trabajo emocional necesario. “Cuidar la herida no significa cerrarla rápido, sino dejar de reabrirla mientras la vida lentamente vuelve a crecer alrededor de ella”.

