Explora el castillo renacentista en Castilla-La Mancha vinculado al Cid Campeador, conocido como ‘el castillo del Cid’ y transformado en una fortaleza-palacio.

Una imponente fortaleza se eleva sobre el valle del Henares, vinculada a uno de los episodios más destacados de la épica medieval castellana. Este lugar invita a explorar un capítulo esencial de la historia peninsular

Foto: Sigue los pasos del Cid Campeador en este castillo de Castilla-La Mancha. (Cultura de Castilla-La Mancha)
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En la cima de un cerro que domina el valle del Henares se encuentra una fortaleza ligada a la leyenda del Cid Campeador, un punto esencial para aquellos que buscan seguir los pasos de Rodrigo Díaz de Vivar en Castilla-La Mancha. Este bastión medieval, relacionado con el asedio a Castejón narrado en el Cantar del Mío Cid, se ha consolidado como uno de los lugares predilectos para los aficionados del turismo histórico y las rutas del Cid en Guadalajara. Su perfil, visible desde lejos, condensa siglos de historia, mitología literaria y poder aristocrático.

Se trata del Castillo de Jadraque, popularmente conocido como el castillo del Cid, una edificación que fusiona elementos del pasado islámico, reformas tardomedievales y su evolución hasta convertirse en una fortaleza-palacio renacentista. Ubicado junto a la carretera CM-1003, sobre un cerro descrito por Ortega y Gasset como “el más perfecto del mundo”, este monumento descansa sobre los restos de una pequeña fortificación islámica de finales del siglo VIII. Según diversas teorías, pudo corresponder al Castejón sobre el Henares conquistado en 1085 por el Campeador durante su destierro, aunque esa atribución también se disputan con otro enclave cercano.

De fortaleza islámica a palacio renacentista de los Mendoza

El aspecto actual del Castillo del Cid de Jadraque es resultado de la profunda reforma impulsada en 1469 por el Gran Cardenal Mendoza, Pedro González de Mendoza, quien lo transformó en una fortaleza-palacio con estilo renacentista. La propiedad pasó a la Casa Mendoza tras un intercambio con Alfonso Carrillo de Acuña y permaneció bajo dominio nobiliario hasta finales del siglo XIX. En 1888-1889, el Duque del Infantado lo puso en subasta pública y el Ayuntamiento de Jadraque lo adquirió por 305 pesetas, pasando desde entonces a ser propiedad municipal. Además, está declarado Bien de Interés Cultural (BIC) desde 1985.

Desde el punto de vista arquitectónico, el castillo ocupa toda la cumbre con una planta rectangular reforzada por torres semicirculares y rectangulares. La entrada principal, hacia el sur, está custodiada por dos torres —una cuadrangular y otra redonda— y precedida por una barbacana perimetral. Sus muros, mayormente lisos y coronados con almenas en los lienzos de cierre, reflejan su función defensiva, aunque en el interior se advierte su doble papel militar y residencial. Allí se distinguen el patio de armas, el patio principal con aljibes y dependencias de servicio, junto con las estancias palaciegas distribuidas en dos plantas y sótano. Hoy, totalmente libre de construcciones adicionales, el recinto permite recorrer y entender la evolución de una fortificación medieval que culminó en la fusión de mito, poder y arquitectura en uno de los castillos más distintivos de Guadalajara.

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