El ministro, a pesar de las controversias, mantiene su influencia política y personal desde 2018.

Dentro de la lucha por la estabilidad política, apenas cinco integrantes del Gobierno permanecen vigentes desde 2018. Además de Pedro Sánchez, están María Jesús Montero, Margarita Robles, Luis Planas y Fernando Grande-Marlaska. Han sorteado múltiples tempestades e incluso tsunamis políticos. Pronto, Montero se trasladará a Andalucía como candidata del PSOE, lo que reducirá aún más la lista de ministros intocables. El nombre del responsable de Interior ha estado siempre en el centro del debate en cada crisis gubernamental, debido al desgaste, ciertos «errores» y polémicas en su gestión. Sin embargo, el presidente del Ejecutivo ha mantenido un respaldo firme hacia él, consolidando su peso político y personal. «Es una persona de plena confianza del presidente», afirman desde el círculo más próximo a Sánchez. «Aunque no es miembro del PSOE, ha demostrado mayor lealtad que muchos dentro del partido hacia el presidente y sus siglas», relatan a EL MUNDO fuentes cercanas a Marlaska.
Cuando Sánchez conformó su primer gabinete tras la moción de censura, uno de los nombramientos más destacados fue el de Marlaska. Juez estricto contra Batasuna y vocal del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), cargo al que accedió con el apoyo del PP. Más vinculado al ámbito popular que al socialista, el presidente del Gobierno buscaba apaciguar la oposición en un ministerio tan delicado como Interior, a la vez que intentaba atraer al electorado moderado y centrista. No obstante, el recorrido de Marlaska ha estado marcado por controversias y enfrentamientos con los socios de coalición, tanto con Unidas Podemos como ahora con Sumar.
La crisis provocada por la presunta agresión sexual del director adjunto operativo (DAO) de la Policía Nacional; la muerte de 23 migrantes en la frontera de Melilla; la destitución del coronel jefe de la Comandancia de Madrid de la Guardia Civil, Diego Pérez de los Cobos, revocada por el Tribunal Supremo; la orden de La Moncloa para rescindir un contrato de compra de armas a Israel; las devoluciones en caliente; y tres reprobaciones en las Cortes… forman parte de las numerosas crisis que han puesto bajo escrutinio su gestión y desempeño. «Tiene toda mi confianza», reitera siempre Sánchez.
Aunque no cuenta con un peso político o presencia pública comparable a figuras como Óscar Puente, Óscar López, Félix Bolaños o la misma Montero, Marlaska ha actuado como escudo y defensor en situaciones delicadas que han generado conflictos y tensiones con los partidos que garantizan la gobernabilidad. Esto se valora dentro del PSOE, donde consideran que Sánchez dispone de pocos ministros que «lo protejan» y eviten su desgaste, obligándolo a «dar la cara y resolver personalmente».
«Marlaska siempre ha funcionado como un escudo protector en todas las crisis. Que exista un ministro que actúe de barrera en asuntos tan complejos y delicados, no tiene precio. Lo ha pagado con sacrificios personales y, además, sin pertenecer al partido», cuentan fuentes próximas al ministro. «Es el servidor más leal de Sánchez en uno de los cargos más complicados».
El desgaste acumulado no afecta el respaldo que recibe del presidente del Gobierno y de sus colegas, hasta el punto de que, según personas cercanas, ha creado un vínculo personal con Sánchez, compartiendo incluso aspectos privados. Establecer una amistad personal no es común en el jefe del Ejecutivo, señalan quienes lo conocen bien. «Es una persona honorable», mencionan varios ministros consultados sobre Marlaska. «Está profundamente afectado por lo ocurrido», refieren en relación a la supuesta agresión sexual protagonizada por el DAO. «Pero está convencido de que actuó correctamente. Fernando no va a mentir, es juez. No va a cometer errores graves. La querella es creíble», insisten, en alusión a las críticas del PP, que exige su dimisión alegando que el ministro tenía conocimiento y ocultó los hechos.
«El PP nunca le ha perdonado ser ministro. Le consideran un traidor y siempre han apuntado contra él», indican quienes han trabajado codo a codo con Marlaska. «Se exceden en sus ataques. Van tras él, Puente o Montero. Están sumidos en la confrontación y no tienen intención de cambiar», añaden fuentes del Ejecutivo.
Marlaska llegó al Gobierno como independiente, pero poco a poco se ha consolidado como una figura del PSOE. «Soy una persona progresista, aunque no pertenezco al PSOE, pero me alegra formar parte del gobierno del Partido Socialista de Pedro Sánchez», ha declarado en alguna ocasión. También es un defensor destacado de los derechos LGTBI, apoyando causas bajo el emblema socialista. «Es uno de los nuestros. Nadie cuestiona que no sea del PSOE. Ha pasado de ser un ministro sorpresa a un miembro más del equipo».
«Cuenta con una trayectoria y un trabajo reconocidos, fuera de toda discusión», afirma un compañero del gabinete. «Está preparado para cualquier reto», señala otro. «No ha incurrido en ninguna ilegalidad, ni ha actuado contra ningún miembro del Gobierno, ni ha traicionado a nadie», relata un tercero. «Es uno de los mejores ministros del Interior que ha tenido España».
A pesar de los contrastes de su gestión, dentro del Ejecutivo se aprecia su rendimiento. Entre los socios de la coalición existen más dudas, ubicándolo más cerca de la derecha que de la izquierda. El Gobierno destaca que desde 2018 se han incorporado a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado 14.391 agentes, lo que permitió cerrar 2024 con un récord histórico superior a 156.463 efectivos.

