El Congreso desestimó la propuesta de Vox para vetar el burka y el hiyab en espacios públicos, con 177 sufragios en contra y 170 a favor.
El enfrentamiento gira en torno a la defensa de la libertad religiosa e individual versus argumentos sobre seguridad y la interpretación del burka como un símbolo de opresión hacia la mujer.
El asunto ha generado divisiones internas en la izquierda y dentro del feminismo, con opiniones contrapuestas sobre si la prohibición representaría un paso hacia la igualdad o una violación de derechos.
Mientras varios países europeos ya han impuesto limitaciones al uso del burka, en España el debate continúa abierto y polarizado.
La prohibición del burka y el hiyab en espacios públicos, ¿responde a motivos de seguridad, supone un atentado contra la dignidad femenina o ambas cosas?
La controversia sitúa en una balanza el valor de la libertad individual y religiosa, y en la otra, la necesidad de garantizar la seguridad pública, sumada a una objeción moral: el burka no es solo una vestimenta, sino un símbolo ligado a la opresión de la mujer.
Esta semana, el Congreso debatió una propuesta de Vox que defiende la necesidad de prohibir esta vestimenta con el argumento de que la sociedad española «no puede aceptar que se suprima la identidad de las mujeres».
La iniciativa fue rechazada debido a los votos en contra de la izquierda, Junts y PNV. Los nacionalistas rechazaron la propuesta de Santiago Abascal por considerarla «estigmatizante».
El resultado final fue 177 votos en contra, 170 a favor (Vox, PP y UPN) y una abstención, correspondiente a Coalición Canaria.
El portavoz socialista, Patxi López, apeló a la «libertad religiosa» garantizada por la Constitución. La ministra de Igualdad, Ana Redondo, mencionó la apertura de un «debate necesario» sobre el burka como una cuestión de «derechos fundamentales».
Por su parte, la vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, afirmó que «prohibir el burka contraviene la Constitución española en sus artículos 14 y 16″.
El debate ha provocado una nueva fractura en la izquierda. Feministas clásicas, como la presidenta del Consejo de Estado, Carmen Calvo, recordaron que durante años su partido defendió que el burka era «una forma de patriarcado destinada a invisibilizar a la mujer».
Lo que sostenía el PSOE
Calvo afirmó en su momento que el burka es «una manifestación de sometimiento» y que no se debe aceptar como «cultural» algo que infringe «derechos humanos«.
También la exministra de Igualdad, Leire Pajín, apoyó eliminar esta prenda al considerarla una «muestra del sometimiento femenino a la voluntad masculina».
En aquel entonces, la postura oficial del PSOE era muy crítica con el uso del burka en espacios públicos, en defensa del feminismo y la igualdad.
Hoy, sin embargo, los socialistas adoptan una postura centrada en proteger la libertad religiosa, incluso frente a activistas de países islámicos que califican el burka como «una prisión para las mujeres».
Marina de la Torre, conocida como Anima en redes sociales, donde cuenta con amplia influencia, ha abordado este tema.
«El burka no es solo una expresión cultural, sino un símbolo histórico de la subordinación femenina al hombre«, afirma.
«El velo no es una música, ni gastronomía ni una tradición estética. Es un símbolo que remite a la inferioridad de la mujer y cuya transgresión, en ciertos países, puede costar la vida», destaca la popular youtuber, en referencia a países como Irán o Afganistán, donde mujeres han sido detenidas o reprimidas por retirarse el hiyab obligatorio.
Anima desarrolla este análisis en un capítulo de Autodestrucción Woke (Ediciones B), que acaba de ser publicado.
La autora sostiene que algunas luchas por la igualdad han derivado en actitudes inflexibles, donde se impone una única forma de pensar y se restringe el debate bajo el argumento del bien común.
Opresión femenina
Anima critica la postura de la izquierda en este asunto. Mientras sectores conservadores defienden la prohibición como una cuestión de «sentido común», la izquierda rechaza una medida que impediría que «la mujer continúe siendo degradada».
«Pretenden proteger todo lo que se percibe como alternativo, aunque en otros contextos se considere opresivo», señala.
Los partidos de izquierda califican la prohibición del burka como «islamófoba» y «racista». Sin embargo, la escritora remarca que no toda crítica al islam puede ser etiquetada así, y más aún «cuando no se trata de una elección libre y voluntaria, sino de una imposición», como ocurre con estas prendas.
La prohibición del burka no es una práctica inusual en Europa. Francia, país con el mayor porcentaje de población musulmana en Europa, junto con Bélgica, Austria, Dinamarca, Países Bajos y Suiza, ya han impuesto restricciones sobre su uso.
Este tema también ha provocado debates y divisiones dentro del movimiento feminista. Anima señala que existe «una fragmentación tan amplia que es complicado encontrar una postura unitaria respecto al velo».
El debate, lejos de finalizar, anticipa futuros episodios en un tema donde convergen identidad, derechos fundamentales y la opresión femenina.

