La llamó 17 veces justo después de la presunta agresión sexual, la mandó «a la mierda» e intentó responsabilizarla a ella: todos los detalles de la denuncia contra José Ángel González

Un coche policial camuflado, una residencia oficial, una sucesión constante de llamadas y mensajes, varios audios captados de forma oculta y ahora en manos del juez… Todos los elementos de la querella criminal que provocaron la destitución del Director Adjunto Operativo (DAO) de la Policía Nacional, José Ángel González Jiménez, junto a su número dos, Óscar San Juan.
– El miércoles 23 de abril de 2025, mientras desempeñaba su labor en la Comisaría de Coslada (Madrid), la mujer, también agente policial, comienza a recibir desde las 14.15 horas «diversas llamadas telefónicas» del DAO, instándola a acudir a una reunión inmediata con él.
– Debido a la presión ejercida por su superior y la «autoridad institucional» que ostentaba, la mujer finalmente cede y acata «las órdenes de su mando»: abandona su puesto y, siguiendo sus indicaciones, emplea un «vehículo policial camuflado», un Renault Kadjar gris, para desplazarse y «encontrarse con él urgentemente».
– Llega a las 16.30 horas al restaurante donde el DAO ya compartía «una copa» con el comisario Óscar San Juan, su número dos. Al concluir «la copa», González Jiménez ordena al comisario «que se marche con su conductor», mientras que a la presunta víctima le indica que debe llevarle en el Renault Kadjar a «su residencia oficial», ubicada en el norte de Madrid.
– Con el coche parado frente al edificio, durante «15 o 20 minutos», el DAO insiste en que la mujer ingrese en la vivienda, a lo que ella responde con un rechazo «verbal, claro y reiterado».
– Él insiste en que sólo desea «conversar sobre nosotros dos», alegando que en el coche «no pueden hacerlo porque algún vecino o el portero puede verles». La mujer accede de nuevo. Aparca y ambos entran.
– Ya dentro, el DAO sirve «dos cervezas» y comienza con acercamientos «de índole sexual» hacia la mujer, que los rechaza rotundamente. Gran parte de los hechos posteriores queda, según el escrito, grabado en audio, presumiblemente por la víctima para protegerse.
– Al notar que el DAO no quiere conversar sino mantener relaciones sexuales, la mujer intenta salir del piso, pero él le insiste «no puede irse con exabruptos», y continúa presionándola para el acto sexual. En ese instante, él comienza a tocarla en la zona vaginal y a intentar masturbarla contra su voluntad.
– Mientras él «exige que [ella] le bese», la mujer replica «que se está negando en serio», a lo que el DAO responde: «Estás gilipollas». Ella persiste en negarse y él manifiesta, según la querella, «que mantendrán relaciones y se irán».
– Ella intenta liberarse, pero él la sujeta, le baja los pantalones por la fuerza y la agrede en la vagina con la mano, mientras la obliga a poner su mano en su «miembro erecto», diciéndole que no puede «dejarle», que debe «dejarle tocar», que «tiene muchas ganas de estar con ella».
– A continuación, él cesa la agresión en sus partes íntimas, «se acerca al grifo de la cocina y se lava las manos«.
– En ese momento ella abandona el piso, baja, toma el vehículo camuflado, lo devuelve en la comisaría de Coslada y regresa a su domicilio, donde sufre una crisis nerviosa al llegar, detalla la querella.
– A las 20.43 horas del mismo día, el DAO empieza a bombardear con llamadas telefónicas a la mujer, efectuando hasta 17 en un «breve intervalo de tiempo». Esta no atiende el teléfono.
– Al no recibir respuesta, el jefe policial envía mensajes vía WhatsApp: «Estás gilipollas», se lee en uno. «Borrica», en otro. «Me he comportado como una gilipollas y como una borrica», dice un tercero. Le reprocha a la mujer lo ocurrido y le señala «que él nunca me haría lo que le he hecho yo dejándole tirado», según el escrito.
– Finalmente, ella responde vía WhatsApp, indicando, sin que la querella revele el texto exacto, que él ha «cruzado una línea roja».
– Un mes después, los días 20, 21 y 22 de mayo de 2025, el jefe policial efectúa de nuevo «numerosas llamadas desde su teléfono personal y desde dos teléfonos oficiales de sus despachos hacia la víctima». Ella no responde.
– El último día, 22 de mayo, él logra que ella atienda. Según la querella, él niega la agresión sexual del 23 de abril y luego la minimiza diciendo: «Antes nunca había pasado, el que me negaras el sexo».
– La conversación termina con el responsable policial amenazando a la víctima con repercusiones profesionales: «Vete a la mierda, vete a la mierda», le dice. «Me arrepiento de haberte conocido. Eres lo peor que me ha pasado. Ven a verme a ver qué te puedo dar«. Con esta última frase se refiere a una posible dádiva en términos de destino laboral.
– El 12 de mayo él vuelve a llamarla insistentemente, sin obtener respuesta.
– El 7 de julio, casi un mes después, la mujer recibe cinco llamadas del comisario Óscar San Juan, quien estaba con el DAO en el restaurante antes de la presunta agresión sexual. La víctima no contesta.
– Una semana después, el 13 de julio, San Juan consigue comunicarse con la mujer y le ofrece textualmente, según la querella, que «elige el destino o puesto de trabajo que desea» y «que cuando lo tenga decidido se lo envíe por WhatsApp».
– La mujer responde: «Esto no va a quedar así». San Juan replica: «No sé de qué hablas, sólo te llamo para conocer tus intereses». «Tú me llamas», contesta ella, «porque él [refiriéndose al DAO] te ordenó que me llamaras. No acepto tu propuesta». La mujer también graba esta conversación, que ahora forma parte de la querella.
– Dos días después, el 14 de julio, recibe dos nuevas llamadas del DAO, las cuales no atiende.
– Diez días después, al incorporarse en su nuevo destino en la Subdirección de Recursos Humanos de la Policía, en el mismo edificio donde tiene su despacho el DAO, recibe una llamada de este «en el despacho de la subdirectora».
– La mujer comunica a la subdirectora que no está en condiciones para trabajar, y es dada de baja.
– El 9 de enero de 2026, la mujer presenta una querella criminal denunciando los hechos.

