El futbolista uruguayo enfrentó obstáculos al inicio de su carrera y sintió inseguridad al comenzar a recibir ingresos por su actividad. A día de hoy, sin embargo, se ha convertido en un elemento clave dentro del plantel del Real Madrid.
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Fede Valverde, mediocampista del Real Madrid y figura destacada de la selección uruguaya, recordó sus primeros pasos en el fútbol profesional en una charla concedida al canal La Cocina de Kesman.
Con total naturalidad, el jugador repasó el impacto que supuso empezar a cobrar un salario como futbolista y la responsabilidad que asumió desde el primer instante, durante un periodo todavía alejado de la estabilidad que ahora lo posiciona como un jugador indispensable en el equipo blanco.
Valverde detalló que su primer ingreso tuvo un destino concreto y emotivo: «Le entregué el dinero a mis padres y también compré una cadena pequeña. Veía a muchos compañeros con cadenas y objetos diferentes y quise darme ese gusto».
El uruguayo admitió que, aunque se permitió un pequeño lujo influenciado por su entorno, su principal propósito fue reconocer el esfuerzo de su familia. Un acto simbólico que demuestra la importancia que su círculo cercano ha tenido en su desarrollo personal y deportivo.
Durante su etapa en el Real Madrid, el internacional gestionó sus ganancias con un enfoque más estructurado. «Invertí en pasajes para familiares, un coche para facilitar mis desplazamientos y ahorrar», explicó.
Fede Valverde, calentando con el Real Madrid AFP7 / Europa Press
Sus elecciones estuvieron dirigidas a estar más cerca de su familia, optimizar su rutina diaria y afianzar una estabilidad financiera, mostrando un progreso notable en la forma en que administra sus recursos.
Actualmente, Valverde ocupa el cargo de segundo capitán del Real Madrid, lo que refleja la jerarquía adquirida dentro del vestuario y la confianza depositada por el cuerpo técnico.
El papel de capitán
Con la guía de Álvaro Arbeloa, el mediocampista no solo aporta intensidad y despliegue en la cancha, sino que también brinda equilibrio y unión al grupo, consolidándose como una voz respetada entre sus compañeros.
Respecto a lo que implica llevar el brazalete, fue enfático: «Pienso que el capitán debe ejercer liderazgo sobre el grupo. Debe ser un referente, aunque existen distintas maneras de hacerlo: se puede hablar mucho o poco, pero cada vez que se interviene, debe ser con peso. Lo fundamental es ser valorado».
La entrevista también reveló su lado más relajado. El uruguayo confesó que, si no hubiera sido futbolista, le habría interesado dedicarse a la música como DJ, aunque en tono de broma comentó que su pareja, Mina Bonino, probablemente no aprobaría ese estilo de vida nocturno. Entre risas aclaró que es solo una idea y que en su hogar no se desempeña en esa función.
En lo doméstico, reconoció que la cocina no es su fuerte. Comentó que no sabe preparar platos complejos y que su única «especialidad» es encender la cafetera por las mañanas. «Solo necesito presionar el botón y ya tengo el café listo», comentó con humor.
Sin embargo, cuando se trata de sabores, tiene definidas sus preferencias. El asado ocupa un lugar destacado en sus recuerdos culinarios, representando a Uruguay, junto con los bizcochos tradicionales que acompañan el desayuno y la merienda en su país. Ambos son referentes que, incluso viviendo en España, lo mantienen conectado con sus raíces.

