La repetición del término «régimen del 78» ha quedado atrás. En su lugar, emerge la celebración de más de 47 años desde la promulgación de la Constitución, que muy pronto será la más duradera en la historia de España. La Monarquía junto con el impulso liberal han sostenido los cimientos frente a las fuerzas disolventes de la izquierda radical y los separatistas.

El Congreso conmemora hoy, con gran solemnidad, que la Constitución vigente, a sus 47 años, próximamente alcanzará el título de la más longeva de la Historia de España. Superará a la de 1876, aprobada por Alfonso XII el 30 de junio de ese año y suspendida en septiembre de 1923 por Miguel Primo de Rivera. La Carta Magna que restauró la Monarquía tras el paréntesis de la Primera República posee dos características destacadas: fue fruto del consenso entre fuerzas centristas, y sus creadores buscaron salvaguardar el predominio de los dos grandes partidos que respaldaban la Corona. Resulta llamativo, a la luz del presente, que los responsables de la Ley de Memoria Democrática de 2022 omitieran su mención en la exposición de motivos. Lamentablemente, y de manera reveladora —reflejando una dinámica perturbadora—, no la consideran un referente.
La Constitución de 1876 presenció el nacimiento del PSOE en 1879; superó la crisis existencial de 1898 y resistió el intento de magnicidio contra el Rey Alfonso XIII, además de varios asesinatos políticos consumados, entre ellos el de su fundador, Cánovas del Castillo. Las tensiones del sistema —asediado por amenazas bolcheviques y separatistas— empezaron a manifestarse en 1917. Finalmente, la derrota en Annual en 1921 precipitó el golpe de Estado y el colapso. El último lustro y medio de La Restauración está descrito con minucioso detalle por el profesor Roberto Villa en dos estudios exhaustivos: 1923. El golpe de Estado que cambió la Historia de España y 1917. El Estado catalán y el soviet español.
Aun cuando el sistema de partidos estaba fragmentado —lo que complicaba su operatividad—, ni los resultados electorales, que no mostraban una desafección alarmante, ni la situación económica indicaban un desgaste evidente del régimen. Sin embargo, parte de las clases medias celebró en las calles la llegada del directorio militar. Según el autor: «Es conocido que, disueltas las Cortes el 17 de septiembre [1923], Alfonso XIII manifestó en octubre la intención de convocar nuevas, a lo que Primo de Rivera se opuso pues veía en ello una reactivación de la vieja política por la puerta trasera». Para él, el parlamentarismo era considerado «vieja política».
La Constitución de 1876 era breve (89 artículos), mientras que la de 1978 es extensa (169); aquella no contemplaba procedimiento de reforma, esta última es rígida. El pensador liberal británico James Bryce escribió a principios del siglo XX un estudio comparativo entre constituciones flexibles —como la británica— y rígidas. Señala que las constituciones rígidas responden a cuatro motivaciones: el deseo de ciudadanos por asegurar derechos amenazados; la voluntad de gobernantes para evitar conflictos sobre la forma de gobierno establecida; la aspiración de fundadores de nuevas comunidades políticas, a quienes buscan dotar de solidez; y la intención de grupos o comunidades «separadas» de proteger sus intereses dentro de un marco conjunto.
Los constituyentes crearon una ‘nueva comunidad’ que protege la democracia de vaivenes
Los dos primeros motivos, aplicables al caso de 1978, se refieren a un Estado existente que modifica su Constitución; los otros dos al establecimiento de un Estado nuevo. No obstante, en cierto sentido y con múltiples matices, los constituyentes españoles crearon una comunidad política novedosa a la que aspiraron a dar continuidad. Un nuevo marco amplio y referencial para salvaguardar la Constitución y la democracia frente a las oscilaciones históricas, tanto internas como externas.

La sociedad experimentaba un cambio acelerado, no solo en España. Esta idea es explicada con aguda originalidad por el ensayista José María Marco en Después de la nación. La democracia española de 1978. La Transición fue una revolución que rechazó tanto la noción de «nación tradicional» como la de «nación renacida». Sin embargo, la necesidad de acuerdo, consenso y restauración de la convivencia, junto con la muestra de reconciliación, dio origen a un «consenso posnacional» que permitió a los nacionalistas iniciar sus propios procesos de construcción nacional y, como crítica Gustavo Bueno en España no es un mito, considerar a España como un estante o contenedor de naciones.
«La nueva Monarquía parlamentaria debía, lógicamente», explica Marco, «dar continuidad a la Monarquía constitucional existente entre 1876 y 1923. Le correspondía finalizar la democratización que había quedado truncada (…). No ocurrió así». Tampoco se comprendieron las «rupturas propias del siglo XX» y se estableció arbitrariamente un vínculo de continuidad entre La Restauración, el directorio de Primo de Rivera y la dictadura de Franco. La Constitución de 1876 incorporó el sentido histórico de la Corona. La de 1978 lo hizo desde ópticas prácticas.
Los críticos no explican por qué en crisis está aquello que posibilitó paz, libertad y prosperidad
En un análisis particular, detallado y lúcido sobre la Historia constitucional, el profesor Martínez Cuadrado identificó, a comienzos de los años 80, tres grandes ciclos históricos en la contemporaneidad española, con sus correspondientes fases, corrientes enfrentadas, crisis, procesos de modernización, radicalización revolucionaria, resistencias y pactos. Cada ciclo culmina, aunque puede incluir otros, en constituciones clave: las de 1812, 1876 y 1978. Cada uno representa una actualización y avance de la monarquía constitucional y el liberalismo político, aun cuando ocasionalmente integre regímenes y formas políticas no democráticas. Cada ciclo perdura aproximadamente medio siglo.
Quienes abogan por desmantelar la Constitución usan en su discurso términos con connotaciones antiguas: «régimen del 78» o «sistema de turno»; expresiones imprecisas que buscan establecer falsos paralelismos. Si la Constitución estuviese en crisis, se debería a que un solo partido, aunque firme en su defensa, no basta para mantenerla y porque se menosprecia de manera voluntaria y frívola su espíritu. Los constituyentes no anticiparon que el abuso de poder podría ejercerse dentro de los límites imprecisos de la Constitución.
Lo que los grupos desestabilizadores, disolventes y separatistas no explican en detalle para no revelar sus verdaderas intenciones es por qué consideran superado un modelo que ha garantizado las más elevadas cotas de paz, libertad y prosperidad.
La razón por la cual hoy la Constitución les representa un obstáculo radica en que los objetivos de la izquierda radical y los separatistas son distintos y contrarios [los impedimentos son la Monarquía y la nación]: el privilegio, la división y el plebiscitarismo. Como afirmó ayer Josu de Miguel en estas páginas, la Constitución ha ido desapareciendo paulatinamente del debate público. De Miguel atribuye este fenómeno a la Ley de Amnistía. El constitucionalismo liberal atraviesa un momento complicado, y aun así, la Constitución de 1978 y el Estado de Derecho no solo nos unen, sino que nos sostienen, vigilantes y sorprendidos, pero firmes.

Gana el ‘sí’ en toda España pese al boicot nacionalista
El 6 de diciembre de 1978, se convocó a toda España para votar en referéndum el texto final de la Constitución. La participación fue del 67,1%. El 87,9%, equivalente a 15,7 millones, se pronunció a favor de la norma. El ‘sí’ venció al ‘no’ en todas las provincias del país, aunque la mayoría de partidos nacionalistas —salvo Convergencia— se abstuvieron en la votación previa en el Congreso: ERC, PNV… En el País Vasco, la abstención fue mayor, sin embargo también triunfó el ‘sí’.
17.218 días en vigor. Esa es la duración que cumple este martes la Constitución, que entró en vigor el 29 de diciembre de 1978. Así, desde el próximo 20 de marzo será la más longeva de la historia, ya que la de 1876 permaneció 17.250 días.
Siete ponentes. Siete diputados, considerados los ‘padres de la Constitución’, elaboraron el anteproyecto. Procedían de cinco grupos políticos: tres de UCD, uno del PSOE, uno del PCE, uno de Alianza Popular y uno representando a partidos catalanes y vascos.
169 artículos. La vigente Constitución se organiza en 11 títulos y consta de 169 artículos. Es la segunda más extensa, tras la Constitución de Cádiz, que cuenta con 384 artículos.
Tres reformas. La Constitución se ha modificado tres veces: en 1992; en 2011; y en 2024, para fortalecer los derechos de las personas con discapacidad.
Tres juramentos. Felipe VI juró la Constitución al cumplir 18 años y en el momento de su proclamación como Rey. Leonor realizó su juramento en 2023.

