La mayoría de los residentes en Grazalema (Cádiz) ha regresado a sus hogares luego de mantenerse desalojados por 11 días a causa de las intensas riadas ocasionadas por un tren de borrascas.
Durante el tiempo que duró el desalojo, los vecinos se alojaron en un polideportivo de Ronda, donde recibieron asistencia y compartieron su tiempo hasta el retorno gradual a sus domicilios.
Aunque las estructuras de las viviendas no presentan daños serios, sus habitantes enfrentan largas jornadas dedicadas a la limpieza y pequeñas reparaciones, en especial en las instalaciones eléctricas.
Un 80% de la población ya ha regresado a sus casas, mientras que el 20% restante deberá esperar y se alojará temporalmente en hogares de familiares, amistades o en alojamientos turísticos.
Los vecinos de Grazalema (Cádiz) recordarán especialmente el 16 de febrero. Ese día, tras 11 días de desalojo provocado por el tren de borrascas que puso en riesgo su vida el pasado 5 de febrero, lograron regresar a sus casas.
En aquella ocasión debieron abandonar sus viviendas rápidamente siguiendo la orden de las autoridades. A Antonia, una de las residentes, ni siquiera le dio tiempo a retirar el plato de lentejas de la mesa.
La mayoría fue acogida en un polideportivo de Ronda, que el Ayuntamiento habilitó en un período muy corto.
Los vecinos reconocen que fue un lugar cómodo, con muchos momentos de convivencia, y este domingo recibieron la visita del presidente de la Junta, Juanma Moreno, quien anunció que la vuelta sería progresiva.
Este lunes, la mayoría regresó: 1.342 viviendas de las 1.619 censadas ya podían ser habitadas nuevamente. Todos los vecinos consultados por EL ESPAÑOL coinciden en este punto: «todavía quedan muchas horas de limpieza«.
Pese a ello, están contentos por recuperar la normalidad paulatinamente. María José, quien relató a este medio cómo fue el desalojo, necesitará varios días para eliminar el olor a humedad de sus paredes.
Su vivienda figura entre las menos dañadas por estar en una zona elevada. Manuela, otra vecina, rememoró el miedo vivido y la tristeza por abandonar su hogar. Ahora, el regreso lo vive con alegría y está agradecida por el trato recibido en Ronda.
«Las personas han sido muy amables«, afirmó ya en su casa, que encontró algo desordenada. Recordó que había colocado mantas en el suelo para impedir la entrada del agua y resaltó el fuerte olor a humedad.
«Esperemos que esto no vuelva a repetirse», comenta Antonia, otra residente, y también agradece el apoyo del pueblo de Ronda así como del presidente de la Junta y el alcalde de Grazalema, Carlos Javier García.
Confía en que, colaborando entre todos, Grazalema recupere su alegría. «El pueblo salva al pueblo«, afirma, y añade que en su comunidad «todos se ayudan mucho«.
Junto a los vecinos, este lunes regresaron también las mascotas que se marcharon con sus dueños, como la perrita Nami, que volvió con Jesús, quien describió este momento como algo «sin precedentes e increíble».
Todavía quedan múltiples jornadas de trabajo para abrir puertas y ventanas, evaluar daños y dejar a punto casas y comercios que esperan reanudar su actividad lo antes posible, aunque los habitantes se mantienen tranquilos.
Gonzalo Martín, coordinador del Grupo de Arquitectos Voluntarios de Emergencias (GAVE), activado por la Junta para evaluar el estado de las viviendas, asegura que el agua no produjo daños estructurales.
Gonzalo inspeccionó las casas situadas en las zonas rojas, a las que los vecinos aún no han podido regresar, varios días tras el desalojo. Esas viviendas que generaron una imagen difícil de olvidar: agua saliendo de los enchufes.
Aunque las imágenes no se reflejan en daños estructurales, sí afectan a las instalaciones eléctricas, que en su mayoría deberán renovarse. Gonzalo comenta que necesitarán reparaciones, pero en términos generales, solo es «algo de chapa y pintura«, declaró a este medio.
Esto se debe principalmente a que «el agua, al entrar, salía por la puerta«. Gonzalo también revisó viviendas en Alfafar, una de las localidades más impactadas por la dana en Valencia, y asegura que el escenario fue completamente distinto.
«Allí fue un desastre porque el agua arrastró e impactó todo a su paso dejando las casas muy afectadas«. En su opinión, en Grazalema la prevención y la orden de desalojo fueron clave para proteger vidas.
Por su parte, el alcalde ha solicitado al mando de la emergencia la implementación de un dispositivo que permita a aquellos vecinos que aún no pueden volver, recoger algunos artículos básicos para los días que permanecerán fuera.
Según explicó en una entrevista en Radio Grazalema, es su caso particular. Su casa está en una zona considerada no segura, por lo que planea quedarse durante este tiempo en la vivienda de su madre, ubicada en una zona apta.
Por ello, aunque solo el 80% de los residentes puede regresar, se busca que el 20% restante se alojará dentro del pueblo, en casas de amigos, familiares o en alojamientos turísticos disponibles.
«También ha existido un enorme respaldo por parte de la sociedad civil, que será difícil retribuir», expresó el alcalde de un pueblo que no olvidará estos 11 días de febrero.

