Roberto Torres, futbolista de 36 años, explica su gestión patrimonial: «He contado con un asesor financiero y he invertido en fondos»

Roberto Torres, durante un partido con el Osasuna. El exfutbolista de Osasuna muestra una actitud cautelosa al involucrarse en el sector inmobiliario debido a «la situación actual del alquiler».

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Carlos Serrano I.C.G Publicada 15 febrero 2026 11:40h

Roberto Torres, emblemático mediocampista de Osasuna, se ha destacado siempre por su perfil reservado en el terreno de juego y su cautela en la vida privada. Contrario al estereotipo del futbolista derrochador, su gestión financiera demuestra que su foco principal fue garantizar un futuro sólido en lugar de ostentar en el presente.

En sus propias declaraciones, su camino se caracterizó por decisiones económicas tomadas «con sentido común» y también por algunos errores empresariales que le aportaron valiosos aprendizajes.

Lo primero que hizo tras firmar su contrato con el primer equipo fue realizar un sueño muy concreto. “La primera acción con mi primer contrato fue comprar una vivienda”, rememoraba, haciendo hincapié en que era algo que había anhelado «toda mi vida».

No lo consideró un capricho, sino una especie de garantía para afrontar la incertidumbre del fútbol: «Pensé: si este primer contrato otorgado por el fútbol fuera el único, al menos hacerlo con cabeza».

Esa decisión, tomada casi de forma autodidacta, se transformó en uno de sus mayores logros: «Ahora que lo veo, pienso: fue una buena elección, porque en ese momento no contaba con asesoría, lo hice a mi modo«.

Roberto Torres celebra un gol durante un partido con el Osasuna.

Roberto Torres celebra un gol durante un partido con el Osasuna.

Su enfoque prudente contrastaba con lo que presenciaba en los vestuarios. «A los 30 años, había un compañero sin ningún bien propio y yo le comentaba: ‘Estás loco, necesitas al menos tener un inmueble, nunca se sabe lo que puede ocurrir en la vida’”.

Torres se definía como un contraste: un futbolista que apostaba por bienes raíces y estabilidad emocional en vez de automóviles de lujo.

La desconfianza hacia el alquiler

Después de aquella compra inicial, su patrimonio creció de forma gradual y ordenada. «Luego adquirí otro piso en Arre, la casa donde residía, y demás», detallaba. Con el paso del tiempo contó con la ayuda de expertos: “Posteriormente tuve un asesor, con quien ya no trabajo, no por desacuerdo alguno, sino porque considero que ahora no lo requiero tanto”.

También amplió sus inversiones: «He puesto dinero en fondos, entre otros», aunque admitía que el segmento inmobiliario le genera cada vez más cautela: “Con el estado actual del alquiler, que resulta tan riesgoso para los propietarios, decidí que prefiero no seguir alquilando».

En efecto, tuvo una vivienda alquilada «a un jugador de Osasuna hasta hace poco», pero finalmente optó por vender para «evitar ese problema».

No todas sus iniciativas económicas fueron exitosas. Torres probó suerte en el emprendimiento con una tienda de artículos futbolísticos —una franquicia de Fútbol Emotion ubicada en el centro de Pamplona.

“La inauguramos con mucha ilusión, inicialmente la tienda iba increíble”, recordaba. Se dio en temporada de pretemporada y las ventas acompañaban: “Éramos como niños: ‘¿Cuánto hemos facturado?’… pensábamos que siempre sería así”.

Una inversión que no salió bien

La realidad fue diferente. “Luego comenzó a ir mal, progresivamente, porque una franquicia te consume, te consume, y terminamos cerrando con pérdidas”, admitió con franqueza. Eso le dejó “desanimado”, hasta el punto de concluir: «No voy a emprender más».

No obstante, el deseo de tener un proyecto propio nunca desapareció del todo. En el momento de la entrevista reveló que tenía “algo en mente” vinculado al deporte, junto a Ivón, responsable del gimnasio donde él y su esposa se entrenaban.

“También quería algo relacionado con eso”, explicó, a la espera de una reunión para conocer “qué ideas tiene” su posible socio y “ver si podemos preparar algo bueno”.

Lo que parecía claro es que el aprendizaje de experiencias pasadas tenía peso: menos ingenuidad frente a las franquicias, más control del negocio y, sobre todo, la misma convicción que lo llevó a comprar aquella primera vivienda: que, por larga que parezca, la carrera futbolística termina, y que el dinero, si no se gestiona bien, también.

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