El exjugador de Osasuna, Atlético de Madrid y Athletic Club expresa cierto recelo a la hora de invertir en criptomonedas, mientras que la venta o alquiler de inmuebles ha perdido relevancia en su estrategia financiera.
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Raúl García destacó como uno de los futbolistas más constantes y competitivos en la Liga española durante veinte años, acumulando más de 800 partidos en Osasuna, Atlético de Madrid y Athletic Club, donde culminó su carrera a los 37 años.
Figura emblemática por su compromiso y disciplina en el campo, aplicó esos mismos principios a la gestión de sus finanzas y a la formación de un patrimonio que, tal como él mismo indicó, no atribuye a la “suerte”, sino a muchos años de esfuerzo y constancia.
En una entrevista para el podcast Los Fulanos, el navarro reveló que la educación en su hogar influyó decisivamente en su relación con el dinero desde la firma de su primer contrato profesional.
Rememoró cómo su madre, consciente de que no podría apoyarlo en esta nueva etapa financiera, le advirtió sobre la importancia de contar con una persona capacitada para gestionar los ingresos que comenzaría a tener.
Desde entonces, el futbolista empezó a rodearse de expertos y a crear una estructura que le permitiera terminar su carrera sin tener que “consumir su patrimonio”, sino viviendo de los rendimientos que este pudiera generar.
Raúl García, en su despedida con el Athletic Club. Europa Press
“Soy alguien que prefiere hacer todo a la perfección y evitar inconvenientes”, afirmó, enfatizando su preocupación por cumplir rigurosamente con todas las obligaciones legales y fiscales.
Su propósito era definido: “Hemos trabajado años para que al dejar el fútbol no tuviera que gastar mi patrimonio, sino que este generara ingresos que pudiera utilizar”.
Estrategia claramente definida
Su enfoque giró en torno a la diversificación. Durante su carrera, distribuyó su patrimonio entre varios tipos de activos, con momentos en los que los inmuebles destinados al alquiler tuvieron una gran relevancia.
“Tuve un periodo con muchas propiedades para alquilar; ahora prácticamente las he reducido bastante”, confesó, refiriéndose a los cambios tras su retiro y a la nueva legislación fiscal y de ingresos.
También reconoció tener una parte de sus fondos en criptomonedas, más por convicción de que “es necesario tener algo” que por plena seguridad en ese sector. “Tengo algo de cripto, pero no soy… lo tengo porque creo que hay que tener, aunque no me genera mucha confianza, lo admito”.
García resaltó que rara vez tomó decisiones financieras sin un equipo de apoyo. Indicó que casi nunca realizó movimientos relevantes sin la aprobación de sus asesores, y que se dejaba aconsejar en la elección de proyectos, el análisis de riesgos y la determinación del capital a invertir en cada caso.
Sin embargo, enfatizó que el dinero continuaba siendo suyo y que nadie lo cuidaría con el mismo interés, razón por la cual mantenía un control estricto y una actitud respetuosa ante cualquier operación importante.
Mencionó que rechazó inversiones que no concordaban con su ética de vida, poniendo como ejemplo su inclinación por fondos y proyectos ligados a energías renovables frente a otros relacionados con productos químicos.
Antes de embarcarse en cualquier operación, explicó que prefería revisar detalladamente los informes, para conocer en qué se invertía, qué se financiaba y si aquella iniciativa se alineaba con sus valores, para decidir, entonces, si tenía sentido participar.
Respecto a iniciativas propias, García admitió que, más allá de su relación con proyectos vinculados al rendimiento deportivo, no había incursionado en restaurantes, discotecas u otros negocios convencionales.
Confesó que este ámbito le generaba más cautela, en parte porque requería dedicación cotidiana y una confianza plena en quienes gestionan, algo que él prefería evitar si no podía supervisar de cerca. Esta precaución sumaba a una visión clara: “tu dinero es tu dinero” y la responsabilidad final sobre sus movimientos debía residir siempre en él.
Sin pérdidas significativas
Su relación con el dinero, comentó, cambió menos de lo que se podría esperar de alguien que terminó su carrera como leyenda de la Liga. Evitó mencionar “suerte” al hablar de su patrimonio y prefería destacar el esfuerzo, recordando las veces que sus padres sacrificaron para comprarle botas de fútbol.
En cuanto a errores, Raúl García confirmó que no ha sufrido grandes fracasos financieros. Reconoció una inversión fallida en Abengoa, donde perdió dinero por una fuerte caída en el valor, aunque puntualizó que no fue una cantidad importante, ya que siempre mantuvo prudencia en las operaciones de gran escala y evitó concentrar mucho capital en una única apuesta.
Raúl García, durante un partido contra el Alavés. Europa Press
Ha habido inversiones que no rindieron lo esperado, reconoció, pero no hubo ningún revés que él catalogara como un “error grave”, lo que atribuye tanto a su prudencia como a los consejos acertados que recibió.
Con la misma calma con la que enfrentó su retiro del campo, Raúl García pintó en Los Fulanos el retrato de un exfutbolista que quiso que su paso por la élite se midiera no solo en encuentros y trofeos, sino también en la responsabilidad con que gestionó sus ganancias.
Una carrera extensa, una estructura financiera consolidada durante años y una relación madura con el dinero le permitieron afrontar el final de su trayectoria profesional sin prisas, cumpliendo el objetivo de que fuera su patrimonio, y no él mismo, quien continuara “corriendo” en el tiempo extra tras el fútbol.

