El ruso, que fue número 1 mundial, continúa vinculado al tenis junto a Rublev.
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En su momento, Marat Safin representaba el prototipo del tenista imprevisible: un talento excepcional, una constitución física imponente y un carácter explosivo que convertía cada encuentro en un verdadero espectáculo.
Llegó a ser número 1 del mundo, ganador del US Open 2000 y del Open de Australia 2005, dejando una marca imborrable no solo por sus triunfos, sino también por sus arrebatos de ira y por las más de mil raquetas que llegó a destrozar a lo largo de su carrera. A los 29 años, cansado tanto física como mentalmente, decidió retirarse cuando todavía tenía capacidad para competir, fiel a esa personalidad intensa que definió toda su trayectoria.
Pocos anticipaban en aquel entonces que el ruso cambiaría las pistas por el hemiciclo. Años después de su despedida del tenis, Safin tomó un rumbo inesperado y se presentó a las elecciones legislativas en Rusia, ingresando en la Duma Estatal bajo la coalición del partido de Vladimir Putin.
El propio Safin ha hablado en diversas ocasiones sobre el impacto que supuso esta transición. «Cuando eres deportista y después te dedicas a una profesión totalmente diferente, especialmente en el servicio público, es un cambio considerable», reconoció al referirse a sus primeros meses en la Duma.
Acostumbrado a un entorno centrado en sí mismo, el próximo torneo y el adversario siguiente, tuvo que adaptarse a normativas, procedimientos y jerarquías que distaban mucho de las que conocía en el vestuario.
Marat Safin, extenista ruso. EFE
En ese tránsito de ‘rompedor de raquetas’ a político ordenado, pronunció una frase que resume su nueva etapa: «No puedo llegar al Parlamento y destrozar raquetas, debo comportarme como un político educado».
Safin siempre se ha caracterizado por tener opiniones firmes y poca preocupación por la opinión ajena. «Soy alguien inteligente, con muchas ideas y mucho que aportar. Estoy plenamente comprometido con ello», afirmó ante la pregunta sobre su salto a la política.
Para él, no se trataba únicamente de aprovechar su notoriedad como exdeportista, sino de intervenir en un sistema que había observado «desde fuera» y al que llegó con la intención de entender «cómo funciona realmente».
Este compromiso también respondía a una experiencia personal. En varias entrevistas recordó lo complicado que fue abrirse paso en sus comienzos en Rusia: «Resultaba prácticamente imposible avanzar: no teníamos acceso a pelotas, pistas, raquetas ni compañeros para entrenar», recordó al evocar su adolescencia antes de partir a España en busca de mejores oportunidades.
Con el transcurso del tiempo, Safin ha forjado una vida que mezcla deporte y política. Además de su periodo en la Duma, en 2025 se integró al equipo técnico de Andrey Rublev, regresando al circuito ATP desde fuera de la pista y aportando su experiencia a la nueva generación rusa.
Hoy, a sus 46 años, la imagen de Marat Safin en su escaño, escuchando discursos y participando en negociaciones, contrasta con la del joven enfurecido que destrozaba raquetas en Melbourne o Nueva York. Sin embargo, en esencia, la historia es la misma: un hombre que rechaza la mediocridad y prefiere arriesgar al cambiar de vida antes que vivir de sus recuerdos.

