Ejercicio recomendado para personas con artrosis mayores de 50 años: movimientos beneficiosos y precauciones esenciales

Dolor y rigidez en las articulaciones de las manos, rodillas o cadera, son algunos síntomas comunes de la artrosis que pueden aliviarse mediante la elección de movimientos adecuados

Foto: (istock)

Existen enfermedades que arrastran un estigma difícil de eliminar. Son patologías que la mayoría asocia con factores como la edad o el género, aunque no siempre reflejan completamente la realidad. Por ejemplo, al mencionar osteoporosis, suele relacionarse directamente con mujeres; mientras que la alopecia se ve como un problema exclusivo del sexo masculino. En esta misma línea de ideas erróneas, se encuentra otra dolencia vinculada a la edad: la artrosis, considerada una afección propia de personas mayores, es decir, individuos alrededor de los 60 o 65 años. Sin embargo, a pesar de su mayor incidencia en esta franja de edad, también se diagnostica con frecuencia a partir de los 50 años.

La artrosis afecta aproximadamente al 10 % de la población en España, aunque su prevalencia aumenta considerablemente con la edad, llegando hasta el 80 % en mayores de 65 años, según datos de la Sociedad Española de Reumatología (SER) y el estudio EPISER 2016.

Estas cifras resaltan la importancia de entender bien esta enfermedad, que afecta significativamente la vida diaria de muchos individuos. Así lo explica la Dra. Elvira Iglesias Durán, jefa del servicio de Traumatología del Hospital Universitario Vithas Madrid La Milagrosa, al describir qué es la artrosis: “Esta patología se desarrolla cuando el cartílago, que funciona como amortiguador entre los huesos, se va deteriorando con el tiempo. Al perder esa capa protectora, la articulación se vuelve menos flexible y puede causar dolor, inflamación o limitación de movimiento”.

No obstante, el desgaste articular no depende exclusivamente de la edad. De hecho, las causas son diversas y, aunque el envejecimiento es un factor relevante, la artrosis no es únicamente un problema de edad, enfatiza la experta, quien añade otras posibles causas: la sobrecarga repetida, exceso de peso, lesiones previas, ciertas deformidades o factores genéticos.

Irreversible pero con posibilidad de control

Se sabe que el daño en el cartílago es irreversible. Como menciona la especialista, “la artrosis no se puede revertir, pues el cartílago dañado no regenera completamente”. Sin embargo, lo fundamental es que sí existen tratamientos que permiten controlarla. Según Iglesias, “con el tratamiento adecuado, muchas personas logran disminuir el dolor, mejorar la función articular y mantener una actividad plena durante años”.

La actividad física funciona como un recurso para fortalecer nuestro “muro de contención” y puede ayudar a gestionar sus síntomas, que la experta detalla así:

  • Dolor articular, principalmente al comenzar a moverse o tras esfuerzos prolongados.
  • Rigidez, sobre todo en las mañanas o después de estar sentado.
  • Pérdida de movilidad.
  • En ciertos casos, inflamación o sensación de crepitación.

Cada caso de artrosis es particular (o casi)

Más allá del tratamiento, la especialista defiende la necesidad de un enfoque personalizado. Es decir, la base es un tratamiento individualizado que se apoye en tres pilares:

  1. Ejercicio físico adaptado a cada paciente.
  2. Control del peso corporal.
  3. Tratamiento médico del dolor cuando sea necesario.

En casos más avanzados, “se pueden emplear infiltraciones y, solo cuando estas opciones no funcionan, se considera la cirugía. Sin embargo, la mayoría de los pacientes mejora con medidas conservadoras bien aplicadas”, agrega la doctora.

Además de la personalización, un programa de entrenamiento para personas con artrosis debería incorporar estas cuatro recomendaciones clave, según la especialista:

  • Progresar gradualmente, sin presiones.
  • Priorizar la técnica y el control sobre la intensidad.
  • Escuchar las señales del cuerpo: el dolor es una alerta, no un enemigo.
  • Comprender que el objetivo es mejorar la movilidad y reducir el dolor, no agotarse.

El movimiento como método protector

Independientemente de las particularidades de cada caso, existe un aspecto favorable para todas las personas con artrosis: la actividad física. Así lo sostiene la experta: “Durante años se pensó que esta enfermedad requería reposo, pero ahora sabemos que sucede justo lo contrario: la inactividad agrava los síntomas,” afirma. Añade que “el movimiento nutre el cartílago, fortalece los músculos que protegen la articulación y reduce el dolor, mejorando la calidad de vida. Eso sí, no cualquier ejercicio es válido, debe ser el adecuado”.

La clave está en elegir correctamente

No hay duda sobre los beneficios del ejercicio físico. Sin embargo, algunos movimientos resultan más beneficiosos que otros. De hecho, ciertos tipos pueden provocar un empeoramiento de los síntomas. En este sentido, “son especialmente recomendables movimientos suaves y repetitivos, ejercicios que mejoren la movilidad articular, el desarrollo de fuerza controlada y prácticas que eviten impactos repetitivos. Actividades como caminar, nadar, pedalear, ejercicios en el agua, pilates terapéutico o yoga adaptado encajan perfectamente”, resume la experta.

De este modo, tanto entrenamientos de fuerza como de cardio son adecuados. Sin embargo, deben combinarse correctamente. “El cardio de bajo impacto aumenta la resistencia y la salud cardiovascular, mientras que el entrenamiento de fuerza es fundamental para proteger la articulación, ya que músculos fuertes alivian la carga sobre el cartílago. Hoy se sabe –continúa– que la fuerza, lejos de perjudicar, es uno de los tratamientos más efectivos para la artrosis si se realiza apropiadamente”.

Movimiento sí, pero con precaución

Dado que esta enfermedad implica desgaste articular, parece lógico pensar que minimizar el impacto entre huesos es mejor. Sin embargo, la experta diferencia entre personas con artrosis avanzada y aquellas en fases iniciales. En los primeros casos, “el impacto repetido –como correr en asfalto– frecuentemente agrava los síntomas, mientras que en etapas iniciales, con técnica correcta, peso adecuado y superficies blandas, este tipo de ejercicio puede ser viable. Aun así, generalmente se recomiendan opciones de menor impacto como bicicleta, elíptica, natación o caminar a buen ritmo”, explica.

Además, “los movimientos que suelen agravar los síntomas son aquellos con impactos repetidos, giros bruscos, cargas excesivas sin control y movimientos explosivos sin preparación. Estos ejercicios son especialmente problemáticos cuando se realizan de forma incorrecta o sin un proceso gradual”, advierte.

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