Un pueblo español con el mayor hábitat de cigüeñas en el interior del país, que destaca por su belleza y merece la visita

Este rincón de La Rioja se ha transformado en un destino inesperado para quienes buscan naturaleza, tradición y una experiencia singular que impresiona desde el primer momento

Foto: (Fuente: iStock)
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Situado lejos del turismo masivo, al este de La Rioja, hay un pueblo que ha integrado a las cigüeñas dentro de su entorno urbano. Esta localidad no solo destaca por su historia, patrimonio y naturaleza, sino también por acoger la mayor colonia urbana de cigüeña blanca del mundo, un fenómeno que asombra incluso a quienes piensan haberlo visto todo durante sus viajes por España.

Basta con alzar la mirada para notar cómo cornisas, torres y tejados se han convertido en refugios improvisados para cientos de aves. El núcleo de este espectáculo natural es la colegiata de San Miguel Arcángel, situada en el municipio de Alfaro. Se trata de un majestuoso templo de ladrillo de los siglos XVI y XVII que, además de ser el más grande de La Rioja, funciona como un auténtico rascacielos para las cigüeñas. Más de cien parejas anidan cada año sobre su cubierta, lo que eleva el censo total a cifras que pueden superar las quinientas aves.

Imagen de Alfaro (Turismo de Alfaro)

Este peculiar “vecindario” ha situado a Alfaro como un destino cada vez más reconocido. No es habitual ver semejante concentración de cigüeñas sobre un único edificio, y mucho menos en pleno centro urbano. La imagen que forman al amanecer o al atardecer convierte la visita en una experiencia casi hipnótica.

Sin embargo, Alfaro ofrece mucho más que sus célebres cigüeñas. Ubicada a unos 70 kilómetros de Logroño y en la frontera con Navarra, esta localidad de algo menos de 10.000 habitantes es la capital de la comarca que lleva su nombre y el municipio más extenso de toda La Rioja. El río Ebro delimita su fachada norte, mientras que el Alhama la envuelve por el oeste.

Pasear por su casco histórico representa el mejor punto de inicio para conocer la localidad. Sus calles tranquilas, plazas amplias y casas de ladrillo con influencias mudéjares aragonesas conforman un entramado que invita al paseo pausado. La plaza de España concentra gran parte del interés monumental. Además de la colegiata, se ubican aquí el antiguo ayuntamiento, hoy convertido en Oficina de Turismo y Centro de Interpretación de los Sotos del Ebro.

El interior de la colegiata merece una visita detenida. Sus tres naves de altura uniforme, los retablos barrocos —entre ellos los de Juan de Arregui— y piezas que llaman la atención como un crucifijo gótico del siglo XIV o el sepulcro de Manuel Pérez de Araciel, arzobispo de Zaragoza, completan un conjunto que contrasta con el bullicio aéreo del exterior.

A pocos minutos a pie se encuentran otros templos que reflejan la relevancia histórica de Alfaro. La iglesia de Santa María del Burgo, con su retablo rococó, el monasterio de la Concepción de estilo clasicista, y la iglesia de San Francisco, flanqueada por dos torres y con interesantes lienzos barrocos, constituyen un conjunto patrimonial sorprendente.

El barrio de la Puebla añade más espacios destacados, como el palacio Sáenz de Heredia, mientras que el mirador de las Cigüeñas, en la plaza de la Esperanza, ofrece una de las mejores vistas para observar a estas aves sin perder detalle. Tampoco faltan sitios como la antigua cárcel, que conserva celdas y sótanos de castigo, evocando épocas pasadas.

Quienes busquen naturaleza encontrarán en Alfaro un aliado ideal. En sus afueras se extiende la Reserva Natural de los Sotos del Ebro, un ecosistema de bosques de ribera donde conviven numerosas especies de aves, perfecto para pasear, observar fauna o simplemente desconectar. Muy cerca también se localizan el yacimiento de Eras de San Martín-Graccurris, que evidencia el pasado celtíbero y romano de la localidad, y las ruinas del Ninfeo, asociadas a antiguos cultos relacionados con el río Alhama. Desde el mirador del Castillo, las vistas panorámicas del entorno resultan excepcionales.

Además, la gastronomía completa la experiencia. Alfaro cuenta con una sólida tradición agroalimentaria basada en el regadío y los productos hortofrutícolas, lo que se refleja en su cocina. Restaurantes y mesones locales permiten disfrutar de platos de la huerta, carnes y recetas tradicionales, ideales para recargar energías tras un día de turismo.

Viajar a Alfaro supone descubrir un destino singular, donde la historia convive con la naturaleza y donde las cigüeñas no son un detalle anecdótico, sino auténticas protagonistas del paisaje.

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