Recientemente se autorizó la extensión de la opción de jubilación activa para los profesionales de atención primaria, es decir, para los especialistas en medicina familiar y comunitaria y pediatría
Elena del Olmo tenía marcada en su calendario una fecha señalada: el 4 de febrero de 2026. Ese día planeaba su jubilación y, con ello, cerraba más de 30 años dedicados como especialista en medicina familiar y comunitaria. La médica tenía la cuenta atrás activa para colgar la bata y regresar a casa, reconociendo que en jornadas de urgencias podía llegar a atender a más de 50 pacientes, días que describía como «horrorosos» e insoportables.
Bajo esta circunstancia, el verano anterior comenzó a informarse sobre los pasos necesarios para concluir su trayectoria profesional. “Pasé por una especie de crisis vital, pensando ‘¿y ahora qué haré quedándome en casa?’ Sentía ansiedad porque, a pesar de tener muchos hobbies y no aburrirme, dejar mi trabajo me generaba un estrés y malestar enormes”, recuerda.
Por casualidad, una persona que podía facilitarle todo este proceso le habló sobre la jubilación activa. Esta posibilidad estaba contemplada en el Real Decreto-ley 20/2022, del 27 de diciembre, que en su artículo 83 introdujo una nueva disposición transitoria trigésimo quinta en el texto refundido de la Ley General de la Seguridad Social, aprobado por el Real Decreto Legislativo 8/2015, de 30 de octubre.
Dicha normativa establecía que los profesionales de atención primaria (médicos de familia y pediatras) adscritos al Sistema Nacional de Salud con nombramiento estatutario o funcionario podían seguir ejerciendo durante la prórroga en activo y, a la vez, acceder a la jubilación, recibiendo el 75% del importe de la pensión hasta cumplir 70 años. No obstante, aunque más de 1.100 médicos se acogieron a esta medida mientras estuvo vigente, su continuidad permanecía incierta, dado que esta modalidad estaba habilitada hasta finales de 2025.
Del Olmo, consciente de la posible prórroga, comenzó a considerarla, especialmente interesada en saber si podía trabajar el 50% de su jornada. “Esto me encajaría bastante porque no renunciaría ni a mi empleo ni a la vida social que se crea en este ámbito. Muchos de mis compañeros ya jubilados me parecen que pierden estímulos [mentales] al dejar de trabajar, tengo la sensación de que viven centrados solo en sí mismos. Tengo muchas actividades por realizar, pero siento que algo me falta”, explica.
Así, inició los trámites necesarios para acogerse a la medida y en noviembre obtuvo la aprobación, sin certeza de que continuara en 2026. “Asumí el riesgo: si en febrero no se hubiera renovado la jubilación activa mejorada, en marzo hubiera solicitado la jubilación y en mayo estaría retirándome”, detalla.
Hasta que la semana pasada el Boletín Oficial del Estado (BOE) anunció que esta posibilidad seguirá vigente durante el presente año. Todo sucedió en el último momento, justo el día que ella debía jubilarse. Dos días después, conversó con El Confidencial acerca de esta nueva etapa como médica de familia, donde seguirá atendiendo a sus pacientes habituales a media jornada, pues insiste en que trabaja en el mismo centro desde 1998 y conoce al 30% de sus pacientes desde entonces.
Motivos para continuar ejerciendo como médico
Esta profesional de un centro de salud madrileño comenta que se siente fatigada para mantener una jornada completa, pero considera viable un 50%. Las razones para acogerse a la jubilación activa son dos y se solapan: una más personal, que ya ha comenzado a explicar, y otra de carácter económico.
Todo empezó con el “vértigo” personal de verse en casa. Sin embargo, este temor no es aislado, ya que el miedo a la jubilación afecta a los seniors, no tanto por cesar en el trabajo, sino por la incertidumbre sobre cómo emplear el tiempo. Según una encuesta realizada a mayores de 65 años en Estados Unidos, un 42% postergan la jubilación por el miedo a aburrirse, factor que supera la preocupación por la salud o las finanzas. Este vacío también se refleja en otro informe donde muchas personas definen la jubilación como algo “aterrador”, al relacionarla con la pérdida de rutina, sentido y entidad personal.
En su caso, la motivación económica también fue decisiva, pues considera que las condiciones son “muy favorables”: “No voy a cobrar el total de mi salario, pero se aproxima bastante. Creo que trabajar la mitad de los días será a la vez un alivio y satisfactorio, y valdrá la pena”.
Su remuneración, desde esta misma semana, constará del 75% de su pensión más su sueldo habitual, que será la mitad al trabajar media jornada. Para ello laborará medio martes y las jornadas completas de miércoles y jueves.
Los pacientes también influyeron en esta decisión, especialmente “los que me han acompañado toda la vida y hacen que mi trabajo sea agradable”. Reconoce que actualmente atender a nuevos pacientes no le motiva ni agrada, ya que la población en consulta ha cambiado: antes veía muchas personas mayores, enfermas y con recursos limitados, con quienes sentía que su labor era “muy útil”. Aunque inicialmente no era su grupo preferido, ahora estaría dedicada exclusivamente a ellos.
En cuanto al tiempo que permanecerá en esta jubilación activa, no fija un plazo: “Hoy es el primer día, voy a valorar cómo me adapto. Debo observar cómo gestiono el día de guardia [día sin agenda, dedicado a urgencias, que tiene cada diez días], donde atiendo a todos los pacientes que llegan. Al trabajar la mitad, esa cantidad de días disminuirá también. Evaluaré cómo me va, porque me suele afectar mucho y dos días antes me despierto a las seis de la mañana dándole vueltas. No es algo menor, me implica un desgaste emocional y psicológico considerable”.

