El último informe de Global Energy Monitor revela que el avance en energías verdes es notable principalmente en países como Brasil, Filipinas o Sudáfrica, que, pese a contar con menos recursos, implementan más tecnología renovable. España destaca como excepción dentro de las economías desarrolladas

La transición hacia energías limpias progresa, aunque no todos los países lo hacen de igual manera. Esta es la conclusión principal del informe Global wind and solar 2025: The G7 gap, elaborado por Global Energy Monitor (GEM), el cual examina la situación y proyecciones de la energía eólica y solar a nivel global. El estudio muestra una realidad que no favorece a los países más desarrollados, señalando que la capacidad de renovables crece firmemente a nivel mundial, pero no por el impulso de estas naciones más pudientes, que, en cambio, pierden protagonismo en este sector. Dentro de este contexto, España se destaca como uno de los países europeos que más invierte en eólica y fotovoltaica, aunque todavía queda lejos de alcanzar la meta de triplicar las renovables antes de 2030.
El informe indica que la cartera global de proyectos eólicos y solares a gran escala —parques que ya están anunciados, en desarrollo o en construcción— alcanzó alrededor de 5 teravatios (TW) en 2025, luego de incrementarse un 11% en tan solo un año. GEM resalta que estos números representan un hito, considerando que la eólica y solar deben cubrir el 94% del crecimiento necesario para cumplir los compromisos internacionales de triplicar la capacidad renovable pactada en la COP28 de 2023. Sin embargo, también advierte que el ritmo actual no basta y que el esfuerzo a nivel geográfico es muy desigual.
España, entre las naciones con mayor cartera de proyectos renovables
En este contexto, España no está rezagada. Con unos 165 gigavatios (GW) de proyectos eólicos y solares a gran escala en desarrollo, se posiciona entre los seis países con mejor perspectiva a futuro. Solo China, Brasil, Australia, India y Estados Unidos la superan en volumen de proyectos planificados, formando un listado donde economías emergentes comparten espacio con potencias tradicionales.
Este notable avance en eólica y solar no es fortuito. La combinación de recursos naturales abundantes, costos tecnológicos decrecientes y un marco regulatorio más estable ha convertido a España en un país atractivo para la inversión renovable. A nivel europeo, España compite en la primera categoría, especialmente en fotovoltaica, donde la instalación de grandes parques solares se ha multiplicado en gran parte de su territorio.
La energía solar se mantiene hasta julio de este año como la principal fuente de energía en Andalucía.
No obstante, si bien los 165 GW españoles son importantes, quedan muy lejos del volumen manejado por China, que acumula en solitario más de 1,5 TW de capacidad eólica y solar en planificación.
La brecha del G7: alta riqueza, bajo crecimiento
Además, el estudio enfatiza que el G7 —Estados Unidos, Canadá, Japón, Alemania, Francia, Italia y Reino Unido— posee casi la mitad de la riqueza mundial, pero su contribución al crecimiento futuro de la eólica y fotovoltaica es sorprendentemente baja. Según GEM, estas naciones solo representan el 11% de la capacidad global de eólica y solar a gran escala en cartera.
Aún más notable es que, desde 2023, el volumen de proyectos del G7 se mantiene casi estancado, cerca de los 520 GW. El análisis señala que, pese a su fortaleza económica, “las naciones más ricas no están impulsando el crecimiento” de las renovables, “a pesar de los llamados de la IRENA [Agencia Internacional de Energías Renovables] para duplicar con creces sus adiciones anuales de capacidad renovable hasta 2030”. Las causas no son de índole técnica, sino políticas y estructurales: demoras administrativas, concursos públicos sin adjudicación, escasa inversión en redes eléctricas y sistemas de almacenamiento, y una planificación que no se alinea con los objetivos climáticos globales.
Como excepción menor figura España, que forma parte de este grupo de economías avanzadas, pero cuyo progreso en los últimos años resulta algo más dinámico que la media del G7. Sin embargo, el informe subraya claramente que incluso los países con mayor crecimiento dentro del bloque rico están lejos del ritmo requerido para cumplir con los compromisos internacionales.

En contraste con la estasis del G7, los países emergentes y en desarrollo muestran una evolución opuesta. Exceptuando a China, la cartera de proyectos eólicos y solares del resto del mundo pasó de 2,7 TW a 2,9 TW en solo un año. Brasil, Filipinas y Sudáfrica aparecen como ejemplos de naciones que, aunque carecen de recursos financieros abundantes, están implementando tecnología renovable a gran velocidad. Como señala el informe, “el centro de gravedad de la nueva energía limpia se ha desplazado de manera definitiva hacia las economías emergentes y en desarrollo”.
El desafío de las redes eléctricas y el almacenamiento
El documento también destaca la relevancia de la fotovoltaica distribuida, como las instalaciones en tejados de viviendas, empresas o edificios públicos. A nivel global, este tipo de energía solar constituye aproximadamente el 42% de toda la capacidad solar existente y planificada. En varios países europeos, la solar distribuida ya supera en volumen a la de gran escala.
No obstante, GEM advierte que el crecimiento de la fotovoltaica, tanto distribuida como en parques a gran escala, requiere inversiones urgentes en redes eléctricas y almacenamiento. Sin estos recursos, crecen los riesgos de vertidos energéticos y se ralentiza la integración de nueva capacidad.

