Fox alejó los temores económicos
Las expectativas de una transición sin sobresaltos provoca euforia en los mercados; esperan un crecimiento del 7 por ciento
MEXICO, D.F.- El repunte de los indicadores económicos, un día después de las elecciones, significó la primera señal de confianza en la transición mexicana. Tanto en casa como en el exterior. Pero Vicente Fox, presidente electo, prefirió restarle importancia ante la consulta de La Nación: «Yo no me guío por la Bolsa -advirtió-. Es independiente. Si no, cuando caiga también van a decir que es por mi causa».
Abrió el paraguas, en cierto modo. El comienzo de la transición, sin embargo, estuvo hilado con pulso de economista. Profesión del presidente Ernesto Zedillo, felicitado por su par Bill Clinton en medio de la incertidumbre que generaba en el mercado la batalla electoral que habían emprendido Fox y sus rivales Francisco Labastida, favorito por pertenecer al hegemónico Partido Revolucionario Institucional (PRI), y Cuauhtémoc Cárdenas, líder del Partido de la Revolución Democrática (PRD), de centroizquierda.
En vísperas de las elecciones, el peso mexicano tocó el piso más bajo, o el sótano, de los últimos 15 meses. En cinco meses, los depósitos bancarios sufrieron una contracción del 4,4 por ciento. Señales de que el dinero, por falta de estímulos, buscaba plazas más seguras en el exterior.
Zedillo, precavido ante la posibilidad de que las elecciones derivaran en una crisis como la que jaqueó sus comienzos en 1994, procuró atenuar el impacto. Metía miedo el discurso del candidato oficialista, Labastida, empatado con Fox en las encuestas. Que auspiciaba un gobierno populista, más cercano a la tercera vía europea que a la línea norteamericana.
Fox, alentado desde el lunes por el repunte del peso, de la Bolsa y las compañías mexicanas en Wall Street, se propone ahora un crecimiento anual del siete por ciento. Correlato de mejores calificaciones de México en índices de riesgo como Standard & Poor’s y Moody’s Investors Service.
Es un hombre de negocios, inusual entre los militares, abogados y economistas que presidieron el país, fraguado por su experiencia como director ejecutivo de Coca-Cola. Pero, según advirtió a La Nación el profesor Raúl Feliz, investigador del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), no previó que el año próximo habrá una desaceleración económica por el menor ritmo de crecimiento de los Estados Unidos.
Sin dolarización, por ahora
«Hay que distinguir la realidad del discurso de las campañas -dijo Feliz-. Labastida hablaba de una meta de crecimiento de un cinco por ciento y Fox habla de un siete. Significa que va a tender a que se dé en los próximos años, no cada año, a partir de una revolución microeconómica. El crecimiento sostenido de México es de un cuatro por ciento. Un siete por ciento llevará años. Quizá se vea en 2003.»
En el medio, cual cuña, el economista Rudi Dornbush, en un análisis poselectoral, reflota la dolarización como alternativa. «México debería tener más razones que la Argentina -señaló Feliz-. Pero políticamente, por razones históricas y culturales, todavía no es factible, porque, en ese caso, la Reserva Federal debería abrir una oficina aquí y otra en Canadá, y, por cierto, ella misma no está de acuerdo con la idea. Ya llegará el día en que exista una moneda única norteamericana. No por ahora.»
Desde el gobierno mexicano, la idea es que el factor humano (es decir, los eventuales relevos) no cause desequilibrios. El gabinete económico, por lo menos, promete seguir en funciones hasta el 30 de noviembre, un día antes del traspaso del mando. Lejos, si se quiere, del duelo que elabora el PRI, perdido en el llano después de 71 años en las altas cumbres. Que algunos de sus jerarcas no hayan aceptado la renuncia de la presidenta, Dulce María Sauri, en un proceso de resurrección en el que hasta se piensa en una nueva identidad del partido, no pesa hoy, como ayer, en materia económica.
Los operadores ven como positivo, por ejemplo, que Zedillo y Fox hayan acordado elaborar en forma conjunta el presupuesto de 2001. Estará listo en septiembre. Plazo que se estableció el presidente electo para perfilar su equipo. «Lo importante es el software de cada secretaría (ministerio), no el hardware -subrayó Fox-. Con un buen equipo, uno puede llegar a Marte o la Luna. Si no hago bien las cosas en estos dos meses, no voy a seguir durmiendo tranquilo, como un niño. Voy a estar desvelado.»
Desvelos provocan los recursos. La economía mexicana, según Feliz, está dividida en dos: un sector manufacturero que crece en forma sostenida desde 1986, ubicado en el Norte, y otra porción, cercana al 70 por ciento, cuyo crecimiento es nulo, en el centro y en el Sur. Depende, más que todo, de la agricultura.
En los cálculos de Fox, según confió a La Nación uno de sus colaboradores de campaña, figura una inversión extranjera del orden de los 20.000 millones de dólares, de modo de paliar el desempleo y la emigración de sus compatriotas a los Estados Unidos.
De la noche a la mañana
Son metas a mediano plazo, acaso como contrapeso del Area de Libre Comercio de la Américas (ALCA), inspirada por los Estados Unidos para el año 2005. En septiembre, a mitad de camino de la asunción, deberá decidir si México, con reservas internacionales cercanas a los 32.000 millones de dólares, toma una línea de crédito del Fondo Monetario Internacional (FMI) que oscila entre los 15.000 y los 20.000 millones de dólares.
Hasta el domingo, hace cuatro días, no tenía certeza de que su vida, como México, cambiarían de la noche a la mañana. De algo sirvió, cual paliativo, que Horst Koehler, director gerente del FMI, le dijera a Zedillo que México, gracias a él, había superado las crisis financieras mundiales de los últimos dos años y que la economía doméstica había crecido a una tasa veloz en el primer trimestre, con una inflación que no llegaba1 al 10 por ciento. Y que Enrique Iglesias, presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), le dijera de viva voz: «Usted deja un legado histórico».
Era cuestión de tiempo, en verdad. El resultado de las elecciones, con el reconocimiento de Zedillo de la victoria de Fox poco después del cierre de las casillas, disipó las dudas de los operadores, envueltos ahora en la fascinación que produce lo nuevo, pero, al mismo tiempo, inquietos por respuestas más específicas. Ansiedad, como el bolero.
Por Jorge Elías
Enviado especial
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