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- Autor, Juan Francisco Alonso
- Título del autor, BBC News Mundo
- 9 febrero 2026
- Tiempo de lectura: 8 min
Estar mencionado en los documentos del fallecido pederasta estadounidense Jeffrey Epstein está resultando perjudicial para quienes aparecen allí—aun cuando no tengan ninguna implicación criminal—, especialmente si se trata de europeos.
Morgan McSweeney, jefe de Gabinete del primer ministro británico, el laborista Keir Starmer, se unió este domingo a la lista de miembros de la realeza, diplomáticos y exministros europeos que en meses recientes han perdido sus cargos y títulos debido al escándalo que involucra al desaparecido empresario.
El hasta ahora colaborador clave de Starmer dimitió, no por haber tenido relación directa con Epstein, sino por aceptar la responsabilidad del «error» cometido al nombrar a finales de 2024 a Peter Mandelson embajador del Reino Unido en Estados Unidos, a pesar de que este último sí tenía vínculos con Epstein.
"Recomendé al primer ministro realizar ese nombramiento y asumo completamente la responsabilidad por tal consejo", afirmó McSweeney en la carta de renuncia dirigida al mandatario.
Aunque Mandelson fue destituido a mediados de 2025, su designación se ha transformado en un escándalo que pone en riesgo la continuidad de Starmer en el poder, sobre todo después de que se hizo público el último lote de documentos de Epstein divulgado por el Departamento de Justicia de EE.UU.
La crisis política en Reino Unido no es un caso aislado. En al menos otras seis naciones europeas han ocurrido renuncias, se han iniciado investigaciones y se han emitido disculpas públicas.
Sin embargo, al otro lado del Atlántico, donde Epstein cometió varios de sus crímenes y donde muchos de sus contactos, ya sean breves o prolongados, también ocupan altos cargos, comenzando por el actual presidente estadounidense, Donald Trump, las repercusiones han sido más limitadas, según los analistas.

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Diferencias políticas y de agenda
"Lamento haber creído las falsedades de Mandelson y su nombramiento". Con esta declaración de mea culpa Starmer intentó el jueves frenar la creciente inquietud en Reino Unido tras la revelación de que Mandelson no solo mantuvo contacto con Epstein años después de que se hicieran públicas las acusaciones en su contra, sino que también fue acusado de compartir con él información económica y política confidencial.
Por estas razones, el exembajador, quien renunció a la Cámara de los Lores y fue expulsado del Consejo Privado del Rey, enfrenta una investigación policial que podría conducirlo a prisión.
A pesar de ello, el primer ministro británico enfrenta crecientes demandas, incluso dentro de su propio partido, para renunciar.
Los problemas de Starmer, quien no conoció personalmente al fallecido pederasta, contrastan con la aparente estabilidad política de Trump, que aparece más de 6.000 veces en los documentos —lo cual no implica que haya cometido delito alguno.
El mandatario y Epstein mantuvieron una relación amistosa durante gran parte de los años 90 hasta que, según Trump, se distanciaron a comienzos del siglo XXI.

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"Realmente es momento de que la nación avance", expresó el residente de la Casa Blanca la semana pasada cuando un periodista le preguntó nuevamente sobre sus nexos con Epstein.
Más allá de los titulares y preguntas incómodas, Trump y personas cercanas a él como el secretario de Comercio, Howard Lutnick —cuyo nombre también aparece en los archivos recientes—, están lejos de afrontar una situación semejante a la de Starmer.
¿A qué se debe esto? Algunos expertos plantean diversas causas.
"En parte, se relaciona con el caos continuo de este lado del Atlántico, donde persiste un flujo constante de escándalos originados en el 1600 de Pennsylvania Avenue (dirección de la Casa Blanca)", explicó a la revista Político el exembajador estadounidense en la República Checa, Norm Eisen.
Durante las últimas semanas, la política estadounidense ha estado centrada en la muerte de dos ciudadanos a manos de agentes de la Patrulla Fronteriza durante redadas polémicas contra inmigrantes indocumentados en la ciudad de Minesota.

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Por su parte, Alex Thomas, director ejecutivo del Instituto para el Gobierno, un centro de pensamiento británico, atribuyó la diferencia a los modelos políticos predominantes en Europa y EE.UU.
"La democracia parlamentaria, con su exigencia de que el primer ministro mantenga la confianza del Parlamento para permanecer en el cargo, facilita la rendición de cuentas", señaló a la agencia AP.
En Reino Unido, al igual que en la mayoría de los países europeos, existe un sistema parlamentario que somete a los líderes a supervisión constante por parte del Poder Legislativo.
Mientras tanto, en EE.UU., el sistema presidencial proporciona mayor estabilidad al presidente al otorgarle un mandato que sólo el Congreso puede interrumpir en circunstancias excepcionales, según la Constitución. No obstante, esto requiere una mayoría amplia y, actualmente, los republicanos leales a Trump controlan ambas cámaras.
Un argumento similar ofreció Stephen Collinson, editor político de la cadena CNN de EE.UU.
"Este caso demuestra que, aunque las instituciones británicas responsables de la rendición de cuentas y la investigación están operando, el control de Trump sobre el Departamento de Justicia y su dominio del Congreso republicano lo protegen del escrutinio", sostuvo.

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Estilos personales
Más allá de las diferencias entre los sistemas políticos, los especialistas sostienen que el escándalo Epstein también pone en evidencia aspectos personales de los implicados en ambos continentes.
"Trump ha adoptado una actitud desafiante al negarse a admitir y sentirse avergonzado", añadió Eisen, fundador de Democracy Defenders Action, organización bipartidista que vigila lo que considera un «comportamiento autocrático» del gobierno estadounidense.
En términos similares se expresó Rob Ford, profesor de ciencias políticas en la Universidad de Manchester, quien aseguró a la agencia AP que la reacción en Reino Unido y Europa indica que "aún existe un nivel de vergüenza en la política".
Decididamente, los 3 millones de documentos, 180.000 fotos y 2.000 videos del último lote de archivos de Epstein han conmocionado a parte de Europa.
En Reino Unido, estos documentos no solo provocaron la renuncia del asesor principal de Starmer, sino también la rápida salida del hermano del rey Carlos III, el expríncipe Andrés Mountbatten-Windsor, de su lujosa residencia en las tierras del castillo de Windsor, cercanas a Londres.
Situaciones similares se registran en otros países europeos, como Noruega, donde la sociedad permanece impactada tras el juicio por presunta violación del hijo mayor de la princesa Mette-Marit. El descontento con la monarquía se ha intensificado en los últimos días por las revelaciones que contienen los documentos.

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Los documentos indican que Mette-Marit, futura reina, mantuvo correspondencia electrónica con Epstein entre 2011 y 2014, a pesar de que para esa fecha ya se conocían sus actividades ilegales y había recibido una condena judicial.
"Lamento haber puesto en compromiso a la Casa Real, especialmente al Rey y a la Reina", manifestó la princesa en un comunicado.
Por su parte, en Francia, la policía declaró haber iniciado una investigación contra Jack Lang, exministro de Cultura durante las administraciones socialistas de François Mitterrand, mencionado al menos 700 veces en los archivos.
Joanna Rubinstein, funcionaria de las Naciones Unidas en Suecia, renunció tras revelarse que visitó en 2012 la isla en el Caribe propiedad de Epstein.
Miroslav Lajcak, asesor de seguridad nacional del primer ministro eslovaco Robert Fico, dimitió luego de que se revelaran sus conversaciones con el pederasta fallecido, que incluyeron comentarios sobre chicas “guapas”.
El primer ministro polaco, Donald Tusk, informó recientemente que se ha iniciado una investigación sobre posibles vínculos polacos con el caso Epstein.
Aunque la administración Trump parece inafectada por el escándalo, otros en EE.UU. no han salido ilesos. A finales del año pasado, el exsecretario del Tesoro Larry Summers pidió una licencia en la Universidad de Harvard tras admitir estar «profundamente avergonzado» por sus conexiones con Epstein.
Más recientemente, el expresidente Bill Clinton (1993-2001) aceptó presentarse ante el Congreso de EE.UU. para aclarar su relación con el financiero fallecido, aunque ninguna víctima lo ha acusado de conducta indebida.
"Como estadounidenses, deberíamos mirarnos a nosotros mismos y preguntarnos por qué no reaccionamos igual que Europa", lamentó Rufus Gifford, exembajador en Dinamarca durante el gobierno de Barack Obama, en una entrevista con la revista Político.

