Las listas de espera continúan siendo un reto pendiente en España y en toda Europa. Esto es aún más crítico cuando el diagnóstico no solo determina el tratamiento, sino también la gravedad del caso. Así se presenta la Europa que no llega a tiempo con sus pacientes
«Estoy a la espera de un diagnóstico que ya conozco, gracias a que acudí por la vía privada», explica Adoración, proveniente de Motril y afectada por un carcinoma en la cabeza. Todo comenzó como una lesión “sin importancia” que ni siquiera molestaba cuando visitaba la peluquería del barrio, aunque luego se volvió incómoda. La herida picaba y fue creciendo. Acudió al médico y fue una de las pacientes atendidas mediante teleasistencia, con una imagen remitida desde atención primaria al especialista. La respuesta llegó a través de una carta: “Posible carcinoma”. La espera se ha extendido más de cuatro meses.
Según el informe más reciente sobre listas de espera publicado por el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad – correspondiente al primer semestre de 2025 – un total de 832.728 pacientes figuraban en lista de espera para cirugía dentro del Sistema Nacional de Salud (SNS). El tiempo medio de demora para ser intervenido se situó en 118,6 días, mientras que el promedio para ser atendido por un especialista fue de 96 días.
Esta cifra coincide con las denuncias del Defensor del Paciente, quienes califican la “ruta para acceder a la sanidad pública” como una “carrera llena de obstáculos”. Señalan casos evidentes, como el tratamiento del cáncer de mama, donde se registran entre 8 y 12 semanas de retraso para ser atendidas o intervenidas quirúrgicamente.
En este aspecto, ninguna especialidad médica escapa a las demoras: en España, dermatología lidera junto con otras áreas como traumatología o neurología. Desde las infraestructuras se defiende la teleasistencia. Sin embargo, las asociaciones médicas atribuyen el problema a la falta de personal.
Por su parte, los especialistas reclaman que los médicos de atención primaria tengan más capacidad para evaluar determinados diagnósticos y así evitar ese “cuello de botella en las derivaciones”. En medio de esta situación está el paciente, cuyo proceso, sin importar la consulta o especialidad, comienza de manera similar.
Fase I: Obtener una cita
“En muchos casos, la lista de espera comienza con la consulta al médico de cabecera; luego sigue la derivación al especialista y continúa con la realización de pruebas diagnósticas. Posteriormente se realizan nuevas valoraciones, más pruebas y, finalmente, la indicación de una intervención quirúrgica si es necesaria”, detalla Carmen Flores, Defensora del Paciente. Añade que se trata de un “problema generalizado”, puesto que todas las Comunidades Autónomas manejan listas de espera.
Desde el Defensor del Paciente proponen como parte de la solución la imposición de sanciones a las Comunidades Autónomas para garantizar el correcto funcionamiento del sistema de asignación de citas – “las soluciones existen, pero no se enfrentan porque no hay voluntad”, concluye Carmen. En definitiva, es una medida para combatir lo que muchos consideran un “sistema desigual”.
Antonio relata que “empezó con la psoriasis” desde la infancia y que en sus veinte años apareció la artritis. Es presidente de la Asociación de Pacientes y Familiares de Psoriasis y Artritis Psoriásica. Al igual que muchos otros, forma parte del sistema y, aun así, frecuentemente experimenta las deficiencias del sistema: “Uno de los principales problemas es que la calidad asistencial depende de tu código postal”.
Las diferencias entre comunidades son evidentes, especialmente en cuanto al promedio de días de espera para operaciones en la sanidad pública. Andalucía (160 días), Cataluña (148 días) y Extremadura (134 días) destacan como las más afectadas, con tiempos que superan considerablemente la media nacional y mayores porcentajes de pacientes con más de seis meses pendientes de una intervención.
Adoración conoce a Carmen. Agotada por las reclamaciones contra su hospital que no conducen a nada, ha tenido que acudir a ella. “He ido con mi hijo, he presentado reclamaciones y no ha servido de nada. Tuve que plantearme pedir un préstamo para pagar directamente el tratamiento privado”, lamenta al rememorar los meses difíciles y la incertidumbre ante un “aspecto tan crucial como la salud”.
Las autoridades justifican que la escasez de personal junto con un paciente más consciente que acude al médico conforman dos factores que describen la sobrecarga que enfrenta el sistema nacional de salud en el país.
Al respecto, la Asociación del Paciente, en su Observatorio 2025, señala que “casi la mitad de las regiones en España no cuenta con listas de espera diferenciadas para pacientes crónicos y, cuando se estratifica, suele predominar el enfoque clínico”. Por ello, explican que ante demoras, la priorización y la “gestión de la espera” no siempre consideran factores sociales que también “influyen en el perjuicio y la carga para el paciente”.
Fase II: Entre la espera y la privada
Para muchos, conseguir cita con el médico de cabecera ya es un gran logro. En esta segunda etapa, se incluyen todas las pruebas previas a la consulta con el especialista y la demora para ver a un dermatólogo. Es aquí donde muchos optan por la privada. Sin embargo, en el ámbito europeo no parece existir una solución que actúe como mediadora.
En Lituania, la espera promedio para una consulta ronda los tres meses, a pesar de que la ley exige plazos menores para diagnóstico y tratamiento. “La ley establece que el diagnóstico debe realizarse dentro de 28 días y que el tratamiento debe comenzar en un máximo de 14 días. Cuando las personas acuden a una consulta privada para su primera cita, pagan por ella y, de algún modo, se activa el proceso, se realizan las pruebas y luego se ajustan a esos tiempos”, explica N. Čiakienė, directora de la Asociación de Pacientes de Cáncer de Lituania (POLA).
«Los salarios en la privada pueden ser hasta cinco veces más»
En este sentido, la mayoría de los países coinciden en un mismo problema: ¿Dónde están nuestros especialistas? Los datos oficiales del país báltico indican que no escasean dermatólogos, sino que muchos jóvenes profesionales prefieren centrarse en la dermatología estética o trabajar principalmente en el sector privado, donde los sueldos son hasta cinco veces mayores que en el sector público. Pocos médicos laboran a tiempo completo en hospitales estatales, lo que reduce la capacidad asistencial.
Tadas Raudonis, director del Centro de Dermatología y Venereología del Hospital Universitario Santaros Klinikos de Vilna, que también trabaja en una clínica privada en la capital, enfatiza que no solo los pacientes que aguardan una consulta dermatológica lidian con largas listas de espera, sino que este es un problema que afecta a todo el sistema: “La razón de las largas colas es sencilla: ningún médico trabaja a jornada completa en una institución pública porque los salarios en el sector privado pueden ser hasta cinco veces superiores”.
Francia también enfrenta una grave falta de dermatólogos, dificultando cada vez más el acceso a la atención. Un estudio reciente del sindicato de dermatólogos revela que el 73 % de los franceses tiene dificultades para obtener cita, 27 puntos más que en 2011. El tiempo promedio de espera ya supera los tres meses: 104 días en 2023 en comparación con 41 días en 2012, es decir, se ha triplicado.
Como resultado, el 46 % de los pacientes ha desistido alguna vez de consultar por problemas dermatológicos. En los últimos 15 años, el número de especialistas ha disminuido en casi 1.000, pasando de cerca de 4.000 a menos de 3.000, lo que equivale a menos de 3,5 dermatólogos por cada 100.000 habitantes.
La situación es especialmente preocupante en áreas rurales y en localidades con alta densidad poblacional como Seine-Saint-Denis, en la región de París. Actualmente, ocho departamentos cuentan con menos de un dermatólogo por cada 100.000 habitantes y en cuatro de ellos —Lozère, Creuse, Nièvre e Indre— no queda ni uno solo.
Además, casi la mitad de los profesionales tiene 60 años o más, lo que anticipa una ola de jubilaciones sin reemplazos adecuados: se estima que para 2030, entre el 20 % y 30 % de los dermatólogos que se retiren no serán sustituidos. En 2024 solo se formaron 94 residentes, cuando el mínimo necesario para evitar el colapso de la especialidad son al menos 125 anuales, cifra que las asociaciones profesionales juzgan insuficiente.
Fase III: Continuar dentro del sistema
En esta etapa, ya se ha recibido el diagnóstico y se ha transitado por el ámbito público y privado. Sin embargo, obtener la confirmación médica no garantiza rapidez, especialmente en dermatología —donde cada minuto puede ser crítico en casos oncológicos—. Por ello, el proceso no se acorta, sino que cambia de forma.
Muchos pacientes optan por pagar para adelantar la primera consulta, pero luego vuelven al sistema público para pruebas complejas o cirugías, o descubren que los plazos no son tan cortos como esperaban. Esto deriva en una atención fragmentada, más costosa y emocionalmente extenuante. “He presentado reclamaciones y piden disculpas, pero aún no tengo mi diagnóstico”, confiesa Adoración visiblemente afectada.
¿Es posible resolver este cuello de botella?
Fortalecer la atención primaria aparece como una de las soluciones más mencionadas, pero ¿qué implica esto? Y más importante aún, ¿cómo implementarlo? Al parecer, España ya experimenta acciones en algunos puntos, como el uso de la teleasistencia y el refuerzo del papel de la enfermería.
La consulta telefónica o por videollamada, impulsada durante la pandemia, sigue siendo útil para filtrar casos leves y hacer seguimiento de pacientes crónicos. Primer paso cumplido. El problema radica en que esta asistencia carece de continuidad, como bien sabe Antonia.
Sin embargo, esta realidad no es exclusiva de España ni Europa. Un estudio solicitado por la Asociación Médica de Viena en mayo de 2024 señala que en todas las especialidades médicas resulta ahora mucho más difícil obtener cita con un médico público que en 2012. Para dermatólogos en Viena, la espera promedio es de 28 días, cuatro veces más que hace doce años. El presidente de la Asociación Médica, Johannes Steinhart, calificó estos datos de “alarmantes” y los atribuyó a la creciente deserción del sector ambulatorio público.
En este contexto, el problema principal es que cada vez menos profesionales deciden permanecer en la sanidad pública. En los últimos años, se han desarrollado iniciativas para mejorar las condiciones laborales del personal médico y frenar su migración al sector privado, pero la tendencia vuelve hacia lo contrario: un número creciente opta por ejercer como “Wahlärzte”, es decir, médicos privados.
Según la más reciente encuesta del portal krankenversichern.at, publicada en septiembre de 2025, la espera promedio para una consulta dermatológica en Austria se ha incrementado a 36 días. Esta situación impulsa a más pacientes hacia la atención privada y favorece la consolidación de un sistema sanitario de dos niveles. En respuesta, varias regiones —incluyendo Tirol, Baja Austria y Estiria— están implementando proyectos de telemedicina que buscan reducir los tiempos de espera, especialmente en dermatología.
Las acciones con potencial de éxito
“La enfermería juega un papel fundamental”, sostiene Paloma Repila, adjunta a la Secretaría de Acción Sindical de SATSE. Explica que parte de la solución pasa por conectar atención primaria con la especialidad para evitar “transitar tantos circuitos externos”. Desde un enfoque logístico, detalla que la enfermería puede actuar como “catalizador de derivaciones preferentes”. Para Antonio, usuario, también son un componente esencial: “Siempre me he apoyado en ellas, ya sea con lesiones o durante retrasos”.
Médicos y enfermería coinciden en que el éxito del sistema radica en los costes a largo plazo de no atender oportunamente una patología. Por ello, Repila aclara: “La solución es capacitar a la primaria para que no solo sea una puerta de entrada, sino también de salida”. En resumen, se busca agilizar y minimizar la continuidad de atención al paciente, no solo desde una perspectiva de salud pública, sino también para responder con eficiencia a un sistema que hoy no ofrece resultados óptimos.
Sin embargo, cuando se habla de “capacitar”, siempre se refiere al sistema público. “No se puede permitir que la sanidad privada se gestione con fondos públicos”, reclaman desde el Defensor del Paciente. Reconociendo que parte de la responsabilidad de las instituciones gubernamentales se encuentra en la gestión adecuada de ambos sistemas como partes complementarias del ecosistema sanitario, Flores concluye: “Contamos con una Seguridad Social universal y pública, y con estas medidas la estamos poniendo en riesgo”.
En Irlanda, donde el cáncer de piel es el tumor con mayor incidencia, las agencias estatales advierten sobre el impacto económico: tratar un melanoma en estadio IV puede costar hasta 25 veces más que hacerlo en fases iniciales. La alta presencia de fototipos de riesgo elevado en la población irlandesa agrava la situación, en un contexto en el que operan más de 360 centros de bronceado —con casi 400 infracciones reportadas en 2023— y un 5,2 % de menores entre 10 y 17 años reconoce haber usado cabinas de rayos UVA.
Paralelamente, los servicios de telemedicina se han multiplicado, aunque el último informe del Health Research Board concluye que para reducir riesgos como el uso de cabinas de bronceado no bastan acciones aisladas, sino que es necesario un enfoque combinado entre educación pública y regulación estricta.
Por ello, la prevención comienza mucho antes de la sala de espera, y la solución no cabe en una sola consulta. Mientras usted lee este reportaje, Antonio ya ha podido asistir a una de sus seis visitas anuales de seguimiento y Adoración finalmente recibe el diagnóstico que le adelantó la privada hace meses, a la espera de ser operada y en reposo dentro de dos semanas. Ambos afrontan más pruebas y más visitas al hospital. La espera aún continúa.

