La nieta de Fernando Múgica Herzog denuncia el «sectarismo tóxico» en la política

Para Claudia Múgica Soto (San Sebastián, 1996), regresar al País Vasco implica un dolor intenso. Con los ojos muy abiertos, la nieta de Fernando Múgica Herzog recorre las calles Prim y San Martín de San Sebastián. Hace tres décadas, en ese lugar, su abuelo —nacido en 1933 en San Sebastián y figura destacada del socialismo vasco— fue asesinado por un disparo en la nuca ejecutado por Francisco Javier García Gaztelu ‘Txapote’. Claudia conoce al detalle aquella lluviosa mañana de febrero en la que la familia Múgica Herzog, con raíces vascas y francesas y orígenes judeopolacos, sufrió directamente el terror. Treinta años después, considera imprescindible reivindicar las «vidas heroicas» de su abuelo Fernando y de Enrique Múgica, exministro de Justicia y Defensor del Pueblo. Dos hermanos que compartían una posición firme ante el «sectarismo tóxico» en la política española. «El nivel de radicalización entre los jóvenes del País Vasco y Navarra es alarmante», alerta tras años dedicados a defender la dignidad y la memoria de las víctimas de ETA.
Claudia Múgica Soto todavía no había nacido cuando ETA asesinó a su abuelo. En la antesala del homenaje que se celebrará mañana sábado en el cementerio de Polloe, Claudia recorre los escasos 100 metros que aquel fatídico martes 6 de febrero de hace tres décadas caminó Fernando Múgica Herzog. «Ahora comprendo que el lugar más peligroso fue el cementerio, donde un francotirador podía disparar; ni siquiera respetaban la tranquilidad de las tumbas», denuncia al referirse a la placa que recuerda el punto donde Txapote le disparó en la nuca. Acompañaba al pistolero de ETA el también terrorista Valentín Lasarte. Más adelante, con el motor encendido, esperaba José Luis Geresta.
Eran casi las 2 de la tarde del 6 de febrero de 1996 cuando Fernando Múgica Herzog caminaba por la calle San Martín tras salir del despacho de abogados familiar ubicado en el número 7 de la calle Prim. En apenas tres minutos, se encontró con los terroristas de ETA que habían preparado una emboscada mortal. Fernando Múgica era una figura inconfundible. Además, era un blanco prioritario para la cúpula terrorista. Desde 1984 hasta 1996, cuando combinaba su labor como abogado con cargos en el PSOE vasco, contó con escolta permanente. Sin protección suficiente, su asesinato, días antes de las elecciones generales de 1996, constituyó la contribución de ETA a la estrategia de «socialización del sufrimiento» de una Herri Batasuna en la que ya destacaba el entonces diputado vasco Arnaldo Otegi.
«Fernando y Enrique Múgica entendían que, al igual que sus padres, habían sido atrapados por los fanatismos más crueles que devastaron Europa en el siglo XX y comienzos del XXI: desde el Holocausto, pasando por la Guerra Civil española y la dictadura de Franco, hasta la persecución terrorista de ETA», comenta Claudia. Asesora en Innovación y Comercio Internacional, lleva años preparando un documental que planea estrenar el próximo otoño. Hoy, coincidiendo con el 30 aniversario del asesinato de su abuelo, inaugura un sitio web con los apellidos Múgica Herzog, para abrir un espacio donde quienes deseen contribuyan contando sus experiencias.
«Cuando ETA comenzó a matar a finales de los años 60, en plena dictadura, se difundió la falsa idea de que lo hacía para luchar contra ella. Pero tanto Fernando como Enrique ya anticiparon que esa violencia no cesaría después», señala Claudia, quien tiene como meta alcanzar a miles de jóvenes con un proyecto audiovisual que refleja el heroísmo cívico de una saga familiar fascinante, surgida en la década de 1930 en San Sebastián y que, casi un siglo después, se mantiene muy viva en cada rincón de la ciudad.

«Nuestra familia ha sido testigo de todos los fanatismos que azotaron Europa desde principios del siglo XX: desde las guerras mundiales y el holocausto nazi hasta la Guerra Civil española, la dictadura de Franco y, finalmente, la violencia de ETA», resume Claudia Múgica mientras recorre el Ensanche donostiarra rumbo a la plaza de Guipúzcoa, otro lugar emblemático para este linaje. Allí, bajo los soportales de la calle Peñaflorida, se encontraba la peletería que fundó su abuelo, Wolf Herzog, un judío de origen polaco que huyó de París con su hija Paulette.
La joven francesa conoció en San Sebastián a José María Múgica, violinista de Izquierda Republicana que tuvo que exiliarse a Francia en agosto de 1936 por la amenaza franquista que se acercaba a San Sebastián. José María Múgica fallecería pocos meses después por enfermedad, por lo que Paulette crió sola, con la ayuda de su padre Wolf, a Enrique y Fernando. «Mis antepasados mantenían en secreto sus orígenes judíos durante los años 40 en San Sebastián, ya que en esta misma plaza se celebraban desfiles de tropas nazis y eran conscientes de que Franco se había reunido con Hitler a apenas cuarenta kilómetros de aquí», destaca la nieta de Fernando mientras la lluvia da una pausa en el centro de San Sebastián.
Los hermanos Múgica Herzog, criados por Paulette, descubrieron en su adolescencia sus lazos maternos con el Estado de Israel y mantuvieron relaciones de apoyo con dicho país, aunque no aprendieron yiddish, la lengua que usaban Wolf y Paulette Herzog.
«Enrique y Fernando eran inseparables y les unía su conocimiento de la trágica historia familiar de persecución junto a una sólida base intelectual y cultural», explica Claudia para justificar por qué ambos, formados como abogados, decidieron involucrarse en los años 50 en la oposición a la dictadura de Franco mediante los primeros movimientos estudiantiles. Enrique Múgica Herzog, el hermano mayor, se afilió al Partido Comunista en 1953 y padeció varios encarcelamientos durante la dictadura.
Fernando, también abogado, nunca militó en el PCE, pero siguió a su hermano cuando en los años 60 ambos participaron en la renovación del PSOE, concretada en el congreso de Suresnes en 1974.
«El piso de mi abuelo Fernando era un punto de encuentro para dirigentes socialistas que se reunían en el sur de Francia. Mapi de las Heras, mi abuela paterna, incluso trasladaba en su coche a responsables socialistas de las ejecutivas de Felipe González y Alfonso Guerra atravesando la frontera», subraya Claudia, dando especial importancia al compromiso político de esos socialistas para hacer posible la Transición.

En contraste con los argumentos de los partidos nacionalistas vascos que cuestionan la apuesta por la libertad plasmada en la Constitución de 1978, la nieta de Fernando Múgica Herzog busca reflejar en su documental la trascendencia de ese hecho histórico. «Es necesario valorar a quienes arriesgaron sus vidas para que la democracia fuera una realidad en España. No es justo creer que la Transición era inevitable; se consiguió porque, como en el caso de mi abuelo, hubo personas que se arriesgaron cruzando el río Bidasoa [frontera España-Francia] en ropa interior para organizar un nuevo sistema político», destaca esta joven nacida en San Sebastián mientras atraviesa la plaza de Guipúzcoa. Por un instante, con ligera contracción en los ojos, Claudia admite el sentimiento de desarraigo que padece al sentirse forastera en su propia ciudad. «Mis padres me contaban que veníamos a este parque para que viera los patos», dice al dirigirse al estanque donde se alza una gran ikurriña, colocada en 2014 en el centro de la plaza por el diputado general de Bildu Martín Garitano.
«Pronto entendí que vivía en Madrid por imposición. Me preguntan ‘¿de dónde eres?’, y respondo que de San Sebastián y Madrid. Me entristece saber que tanta gente ha sufrido la injusticia de tener que abandonar su tierra para salvar su vida», denuncia. Este trauma, padecido por cerca de 200.000 vascos según Claudia Múgica, lo califica como una «anomalía democrática» que engloba cientos de sufrimientos silenciados: problemas psicológicos, quiebras económicas, rupturas familiares, dolor…
«Esa respuesta no me corresponde a mí», responde Claudia ante los cuestionamientos del PSOE de Pedro Sánchez tras el fin de ETA. «Vivimos una etapa en la que se percibe un sectarismo tan tóxico que resulta poco esperanzador. El sectarismo es el camino más corto hacia la tiranía; la historia familiar muestra que la tiranía siempre termina en el cementerio, que es adonde vamos», reconoce en días muy especiales para los nietos e hijos de Fernando Múgica, José María, Fernando y Rubén. Este último, el año pasado, denunció la «complacencia» de Pedro Sánchez con Bildu, que en su opinión equivale a «blanquear» a los sucesores de ETA. «La intención era derrotarlos, no sentarlos después en la mesa».
Esa posición clara conecta con la de jóvenes como Claudia, quienes no entienden el giro radical de sus compañeros de generación, visible en estudios sociológicos y en el surgimiento de grupos extremistas. «El Movimiento Socialista convocó hace pocos días a 13.000 jóvenes para luchar contra el antifascismo. No tienen nada de socialistas y, para ellos, fascistas son todos menos ellos mismos. Hay una mezcla de ignorancia y una cierta justificación de lo ocurrido con ETA. El ciclo vuelve a empezar», advierte.

