
Al escuchar el término agujero negro supermasivo, se genera alerta, lo cual no es sorprendente, ya que este fenómeno cósmico es capaz de absorber materia del espacio haciendo que desaparezca definitivamente; sin embargo, su función va más allá, y pocos reconocen que juegan un papel crucial en la evolución de las galaxias y en la formación del universo mismo.
Respecto al más próximo a la Tierra, las investigaciones siempre han apuntado a Sagitario A*, que se consideraba ubicado en el centro de la Vía Láctea según los hallazgos y teorías del reconocido astrofísico Stephen Hawking y Roger Penrose.
No obstante, un reciente estudio de la Universidad de Oxford plantea que la teoría de Hawking estaba equivocada y que en el núcleo de la Vía Láctea no existe un pozo gravitatorio infinito, modificando así la comprensión de los procesos en nuestra galaxia.
Los científicos concuerdan en que hay una fuerza que atrae a las estrellas para que giren alrededor del eje de la Vía Láctea como lo harían en presencia de un agujero negro, pero en realidad, en el centro galáctico hay una concentración densa de materia oscura compuesta por fermiones ligeros que reproducen ese efecto.
Gracias a la misión Gaia de la Agencia Espacial Europea (ESA), se ha obtenido información que respalda esta hipótesis, al registrar una disminución en la velocidad rotacional en los bordes de la galaxia. Este dato permite considerar al núcleo galáctico y el halo de materia oscura como una sola entidad continua, en lugar de elementos separados.
Esto facilitaría la explicación de por qué ciertos objetos en el centro galáctico no actúan exactamente como se espera frente a un agujero negro convencional. Aunque aún se deben confirmar estas suposiciones con futuros estudios, si se confirman, décadas de investigación podrían invalidarse por basarse en un fundamento incorrecto.

