El medallista olímpico en patinaje artístico conversa con EL ESPAÑOL acerca de su trayectoria, los deportes invernales en España y las expectativas del país en los Juegos de Invierno de Milano-Cortina, que comienzan el 6 de febrero.
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Sobre el hielo, Javier Fernández (Madrid, 1991) comprendió desde muy joven que los silencios tienen tanto peso como los aplausos. Durante años, cada uno de sus giros llenó pabellones y madrugadas frente al televisor, mientras España descubría cómo emocionarse con un deporte poco conocido. El que tropezaba una y otra vez en pistas de barrio terminó transformando la percepción del patinaje artístico en el país.
Su historial es elocuente: medalla olímpica, dos títulos mundiales, siete campeonatos europeos y una serie de programas que ya forman parte del recuerdo emocional del deporte en España. Pero detrás de esos logros, hay once años lejos de casa, incertidumbres, sacrificios y un reto constante frente a un sistema que rara vez le facilitó las cosas. Javier no solo enfrentó a sus rivales; también superó la carencia de tradición, pistas y recursos.
Ocho años después de su retirada, la pregunta surge de manera natural: ¿qué queda de esa etapa? El ex patinador reside hoy en ese territorio indefinido donde los ídolos aprenden a ser personas comunes sin perder su estatus de referencia. Ya no lucha contra desventajas ni arriesga una temporada en cuatro minutos de programa, pero sigue impregnado de deporte en cada decisión que toma.
Javier Fernández, medallista olímpico de patinaje artístico.
En diálogo con EL ESPAÑOL, Javier Fernández repasa su nueva etapa: las horas dedicadas como entrenador, los proyectos que impulsan el patinaje en España, la realidad de un deporte en crecimiento en talento aunque no siempre fortalecido en estructura, y la posición de España en los Juegos Olímpicos de Invierno. Habla con sinceridad y sin resentimientos, consciente de que la senda que abrió aún no está completamente allanada.
Entre la melancolía por la competición y el orgullo del deber cumplido, Javier se sitúa ahora en un punto intermedio: el de quien comprende que su mayor salto ya no está en el hielo sino en ayudar a otros a despegar. Su historia, lejos de concluir con la retirada, continúa escribiéndose cada vez que un niño se calza unos patines soñando con seguir sus pasos.
Parece que fue ayer, pero han pasado ya ocho años desde tu retirada. ¿Cómo ha sido tu vida desde entonces?
Soy autónomo y estoy siempre vinculado al deporte, especialmente al patinaje sobre hielo. Me dedico a dar clases como entrenador, principalmente fuera de España. También colaboro con la Federación Madrileña de patinaje sobre hielo. Además, en Navidad gestionamos dos o tres pistas de hielo para que más gente pueda disfrutar del deporte.
Sigo realizando exhibiciones, aunque cada vez menos, es cierto, pero de vez en cuando las hago. El resto del tiempo lo dedico a otras actividades relacionadas con el patinaje.
No te desvinculas del patinaje, aunque imagino que debe ser complicado verse desde la otra orilla
Todo deportista, cuando ve una competición o a otros competidores, siente cierto cosquilleo. Ha vivido esos momentos, ha alcanzado logros y le llegan recuerdos. Sin embargo, eso no implica que desee volver a competir. Son sensaciones diferentes. Crece ese cosquilleo, pero no es algo negativo; tal vez sea una de las experiencias más atractivas que se pueden tener.
Has conseguido todo: medalla olímpica, dos Mundiales, siete Europeos… ¿Con qué instante te quedarías?
Es complicado decidir, pero creo que uno de los momentos más especiales relacionados con mi carrera deportiva fue ser abanderado en unos Juegos Olímpicos. Caminar delante del equipo olímpico español, junto a grandes deportistas del país, es un instante icónico y uno de los más significativos que un deportista puede vivir en unos Juegos Olímpicos.
¿Pensabas que lograrías todo eso cuando te marchaste a Toronto con 17 años?
Para nada, no lo esperaba. Son cosas que no se planean, al menos yo no lo tenía en mente ni entre mis objetivos. Al principio practicaba el deporte como una actividad extracurricular. Me fui a vivir fuera con 17 años para seguir entrenando y residí fuera durante 11 años.
Javier Fernández, durante sus inicios en el patinaje.
Partí con 17 años y regresé con 28. Tuve que buscar oportunidades en otros países para hallar el mejor entrenamiento y tratar de alcanzar metas, aunque nada estaba garantizado. Es necesario dejar cosas de lado y hacer esfuerzos adicionales para lograr lo que nunca se había conseguido.
¿Tuviste que renunciar a muchas cosas?
Sí. Todo atleta de elite debe sacrificar aspectos de su vida. Lo hacemos con la mejor disposición, convencidos de que forma parte de nuestra esencia como deportistas. No es algo impuesto, sino un impulso genuino.
Sin embargo, implica dejar atrás la familia, los amigos, el hogar, y buscar apoyos en lugares nuevos, donde no es igual a dormir cada noche en casa. Eso fue uno de los sacrificios más importantes.
¿Experimentaste miedo o ganas de abandonar?
En los momentos difíciles uno siempre se cuestiona continuar, especialmente estando lejos de quienes más apoyan. Al final, uno se consuela con llamadas a padres, amigos y hermanas.
En esas circunstancias te preguntas si vale la pena, cuando antes de una competición las piernas tiemblan solo de pensarlo. Reflexionas sobre la necesidad de pasar por ello.
Javier Fernández, durante la entrevista con EL ESPAÑOL. REUTERS
Pero después, lo que impulsa a seguir son esos instantes positivos: la adrenalina, los nervios, las ganas de hacerlo bien y que todo el esfuerzo rinda frutos. La sensación de «lo he hecho bien», de que el trabajo dio resultado, es un premio para cualquier deportista.
Pasaste de tener un sueño a convertirte en un referente del patinaje en España. ¿Sentiste presión?
Cuanto más te acercas al podio o alcanzas éxitos, por supuesto, aumentan los nervios. Más miradas se posan en ti y muchas personas depositan esperanza en tus resultados, lo que es normal. Para el deportista, esto se traduce en un continuo deseo de no defraudar, de que el respaldo recibido no sea en vano.
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Somos muy críticos con nosotros mismos e intentamos siempre dar lo mejor. Cuanto más cerca del podio, o tras ganar una medalla y querer repetirlo, la tensión y los nervios aumentan. Pero el deportista que niegue sentir nervios, probablemente no diga la verdad.
Con distancia en el tiempo, ¿consideras que tu figura ha sido valorada suficientemente?
Durante mi carrera conté con mucho respaldo de diversas instituciones, principalmente en el ámbito deportivo. Siempre hay espacio para más apoyo, pero entidades como el Consejo Superior de Deportes, la Federación y el Comité Olímpico Español nos brindaron becas para la preparación olímpica. También recibí apoyo de la Casa Real, el Ayuntamiento de Madrid y la Comunidad de Madrid.
Sin embargo, debo señalar que tras eso no hubo un seguimiento constante ni apoyo sólido. No existen suficientes pistas de hielo; de hecho, hay menos que cuando competía, aunque ahora estén más concurridas. Aún no contamos con una pista fija de hielo.
Javier Fernández, durante la entrevista con EL ESPAÑOL
Han transcurrido varios años desde tus inicios. ¿Los jóvenes actuales cuentan con más oportunidades o enfrentan las mismas barreras?
Considero que, en esencia, enfrentan obstáculos similares. Hay algunos pequeños avances en ciertas áreas de la Federación para prestar ayuda. Mucho se habla de iniciativas mayores, pero esas ideas las he escuchado en los últimos ocho años, por lo que creo que aún se requiere más acción concreta.
Entonces, el problema persiste…
Exactamente. Tenemos a Tomás entrenando en otro país, hay parejas que también lo hacen fuera porque aquí las facilidades son limitadas.
Existe talento, pero no las condiciones en una pista que permita un entrenamiento de alto nivel. La carencia de estas provoca que siempre vayamos contracorriente, topándonos con limitaciones en horas de práctica o en el estado de las pistas. Cuando se entrena a un nivel tan exigente, esos detalles muchas veces marcan la diferencia.
¿Crees que en España falta tradición para este tipo de disciplinas?
Sin duda, la tradición escasea, pero también falta incentivar a las empresas. Hay muchos inversores interesados que no saben dónde colocar su capital, y este deporte es una opción viable. Las pistas de hielo están llenas de aficionados. Es un deporte costoso; una pista de hielo no es comparable a simplemente colocar cemento.
Javier Fernández, durante la entrevista con EL ESPAÑOL.
Sin embargo, hay un gran número de personas interesadas en probar deportes sobre hielo. No se trata solo del patinaje y sus variantes, sino también del hockey, curling, patinaje sincronizado, escuelas, entre otros; hay múltiples actividades posibles.
La mejor manera de impulsar el país es con una buena actuación en los Juegos. ¿Qué opinión tienes sobre el equipo español para Milano-Cortina?
Considero que el equipo español tiene muchas opciones para sorprender; este podría ser el tercer ciclo consecutivo con medallas. Contamos con destacados deportistas tanto en nieve como en hielo, por lo que la esperanza está presente.
Conozco su trayectoria y sé que tienen el potencial para lograrlo; les veo en muy buen estado. Son 20 deportistas, una cifra significativa para unos Juegos Olímpicos de Invierno. Ojalá tuviéramos aún más y que en el futuro el número siga creciendo.
Se habla mucho de Olivia Smart y Tim Dieck. ¿Cuál es tu visión sobre ellos? ¿Pueden aspirar a medalla?
Son deportistas excepcionales, con gran carisma sobre el hielo, y será su primera vez en unos Juegos Olímpicos como pareja. Por primera vez tendremos la oportunidad de verlos en ese escenario. La danza del patinaje sobre hielo presenta un nivel muy alto y ellos se mantienen entre los mejores, por lo que confío en que al menos logren un diploma.
Intentaremos brindarles todo el apoyo posible para que estén cerca de las medallas, pero el nivel es elevado y muchas circunstancias deben alinearse.
Lo más sensato y crucial es, como han expresado Olivia y Tim, que disfruten, vivan la experiencia y hagan su trabajo. Esto es la élite de la élite. Si ejecutan su programa —que es muy bueno— el resultado dependerá de los demás competidores. Nunca se sabe, podría haber sorpresa; aunque la medalla es difícil, no puedo afirmar que sea imposible.
Tu papel ahora no es competir, pero sigues siendo fuente de inspiración. ¿Qué consejo darías a alguien que está iniciando el camino que tú comenzaste a los 17 años?
Le diría que es un deporte fascinante, complejo y muy completo, pero también uno de los más bellos que existen. La sensación que se experimenta sobre una superficie inusual, con patines que aumentan la dificultad, y aun así poder realizar muchas más cosas de las que uno imagina en ese hielo, es algo único.
La combinación de velocidad, saltos, giros en el aire, la interpretación musical y la expresión artística hacen que este deporte aúne el deporte con el arte y la música. Es tan completo que enseña muchas habilidades que después son útiles no solo en el deporte sino en la vida misma.

