Massimo Modonesi
La izquierda latinoamericana, así como la europea, vive un momento crítico de su historia. Por una parte, crece a nivel electoral gracias a la reacción hacia el manifiesto fracaso social del neoliberalismo, que incumplió las promesas redistributivas ligadas a la famosa teoría del «goteo», y al creciente temor hacia los efectos perversos de esta globalización moldeada según los intereses del capital.
Ese crecimiento electoral comporta una mayor presencia institucional de las distintas agrupaciones de izquierda y de centro-izquierda, mayores responsabilidades en los gobiernos nacionales o locales y una mayor participación en la actividad parlamentaria. Paralelamente, estos partidos o coaliciones sufren una pérdida de identidad, no logran diferenciar sus propuestas programáticas, limitan su visión a un horizonte de corto plazo y desdibujan sus arraigo social, manteniendo una relación ambigua y en muchos casos de abierta desconfianza y competencia con los movimientos sociales y los nuevos espacios de participación popular. Al crecimiento horizontal, en términos de opinión pública, no corresponde un crecimiento en profundidad, en términos de inserción social y de articulación de los distintos grados y niveles de movilización. Estas dos tendencias responden perfectamente a la lógica del modelo neoliberal de relaciones políticas, basado en la competencia mercantil, la gobernabilidad, la neutralización de los conflictos, la tecnificación de la política, la reducción de la representación a la delegación, el vaciamiento de las instancias tradicionales de participación social, así como la marginalización de las nuevas.
Todavía, a pesar de que este juego contradictorio pueda parecer en línea con las «irreversibles tendencias de la historia», en la medida en que se desenvuelve provoca una serie de reacciones. Por una parte, alimenta la fractura entre la sociedad y la política, dando la sensación de una clase política indistinta y separada del cuerpo social, agudizando la crisis de la democracia representativa, cuyas manifestaciones suscitan preocupaciones en todas las latitudes y en todas las corrientes de pensamiento. Por otra parte, y es lo que nos interesa subrayar aquí, despierta un profundo cuestionamiento en el interior de los partidos de izquierda, donde todavía pesan tradiciones militantes y anhelos transformadores, donde todavía se proyectan las demandas de justicia y libertad de los de abajo. La mutación de la izquierda partidaria, a pesar de las tendencias en curso, no es y no será un proceso lineal, sino un terreno de lucha en donde se enfrentan y se enfrentarán distintos proyectos históricos. La revisión del debate más reciente en el interior del Partido de los Trabajadores brasileño puede ser ilustrativo al respecto.
Génesis y originalidad del PT
El PT nació en 1979-1980, relativamente tarde frente a otros partidos socialistas, y se distinguió de los dos grandes modelos de partidos, y de la visión del capitalismo y del socialismo: el socialdemócrata y el comunista. La formación del PT fue en primer lugar empírica, a partir de las luchas contra la dictadura, proponiéndose como un instrumento de los trabajadores para su liberación, reagrupando alrededor de la combativa clase obrera paulista sectores muy diversos de campesinos, cristianos, militantes de distintos grupos de izquierda e intelectuales.
Definiciones ideológicas más puntuales llegaron sólo en un segundo momento, para responder a la necesidad de una mayor claridad en el rumbo político, para fortalecer la cohesión interna y para corregir ciertas desviaciones, sin que esto afectara la elasticidad del «socialismo petista». En particular la caída del muro de Berlín y el derrumbe de la Unión Soviética ofrecieron al PT la ocasión para demostrar como su fuerza no resultaba de referencias internacionales sino de un profundo arraigo nacional, al lado de las luchas populares. Así en el PT se renovó el compromiso con el socialismo democrático y libertario, se intentó liberar el marxismo de los dogmas que lo asediaban, reflexionando sobre las tareas de un partido de izquierda en plena ofensiva neoliberal, sobre las modalidades organizativas más eficaces y respetuosas de la diversidad política y social, sobre la derrota del movimiento obrero, sobre las perspectivas de acumulación de fuerzas y las transformaciones posibles en el corto, mediano y largo plazo.
A pesar de este patrimonio político y más allá de su fuerza organizativa y un apoyo popular sólido y creciente, el PT sufrió el auge del neoliberalismo y el reflujo del movimiento socialista y se encuentra hoy en una difícil etapa de su existencia. En su II Congreso, llevado a cabo en Belo Horizonte entre el 24 y el 28 de noviembre de 1999, afloraron las tensiones y las diferencias internas y se asistió a un debate sobre temas fundamentales que considerando el estado de estancamiento político, programático e ideal de varias izquierdas latinoamericanas vale la pena rescatar.
El PT a Congreso
En el II Congreso del PT, después de ásperos debates, se confirmó la supremacía de la corriente mayoritaria Articulaçao encabezada por líderes nacionales como Lula, Dirceu y Vicentinho, presidente de la Central Unica de los Trabajadores fue aprobado, con ligeras enmiendas, el «Programa de la Revolución Democrática» y su primer signatario, José Dirceu fue reelegido presidente del partido con 496 votos, el 54.49 por ciento, mientras que el candidato de la «izquierda», Milton Temer, obtuvo 296, y el «centrista» Arlindo Chinaglia se quedó con 113.
El eje más evidente de la polémica fue el llamado «Fora Fernando Henrique Cardoso (FHC) y FMI», consigna impulsada, a lo largo de masivas manifestaciones, por un amplio movimiento social que incluye sectores del PT, organizaciones ligadas a éste, así como la CUT y el Movimiento de los Sin Tierra. Frente a estas movilizaciones, cuyo objetivo es la suspensión del pago de la deuda externa, la denuncia del acuerdo con el FMI y la renuncia o la destitución del presidente, Cardoso contestó afirmando que se trataba de una maniobra golpista. En el Congreso, las corrientes de izquierda internas, apoyadas por un sector centrista, propusieron que el PT hiciera suya la consigna «Fora FHC» y se volcara en el movimiento. La corriente de Lula se opuso firmemente y Dirceu incluso amenazó con retirar su candidatura si fuera aceptado el «Fora FHC», argumentando que, más que cambiar un gobernante, es necesario derrotar a las élites dominantes y construir las alianzas políticas y sociales que permitan sustituirlo con un gobierno popular. El debate fue intenso y la votación apretada, pero finalmente la consigna «Fora FHC» fue rechazada aunque, gracias a una enmienda, se dejaron márgenes de maniobra que permiten modificar la línea en función de las «condiciones objetivas» que se presenten.
Si el «Fora FHC» fue el tema que más llamó la atención de la prensa y del presidente Cardoso que felicitó a la mayoría «moderada», hubo otros puntos que suscitaron una acalorada discusión en el Congreso de Belo Horizonte. Uno de estos fue el tema de las alianzas, sobre el cual el grupo dirigente propuso una amplia unión de todas las oposiciones para derrotar al gobierno en las elecciones locales de 2000 que todos coinciden en trasformar en un plebiscito sobre la política económica partiendo del Frente Democrático Popular (compuesto por el PT, el PDT, el PSB, el PCdoB y el PCB), pero también abriendo a los sectores del PMDB que se han opuesto al gobierno de FHC, e incluso a posibles acuerdos programáticos con el PPS. Por otra parte, desde la izquierda del partido, no sólo se pugnó por una política de alianzas que no perdiera de vista cuales son los objetivos y los principios petistas, sino que incluso se cuestionó el apoyo del PT a Anthony Garotinho, gobernador trabalhista del estado de Rio de Janeiro, considerando que sus políticas no difieren de las de FHC y denunciando la intervención de la dirección nacional por encima de las decisiones de los órganos regionales. La mayoría rechazó esta visión, así como las propuestas de la izquierda de reestatizar las empresas privatizadas en los años recientes y de suspensión del pago de la deuda, optando por la renegociación, aunque también en este caso unas oportunas enmiendas definieron claramente la denuncia del reciente acuerdo con el FMI y los términos de la futura renegociación.
El Programa de la Revolución Democrática
El «Programa da Revoluçao Democrática», aprobado por el Congreso, empieza reafirmando las tesis clásicas del PT -«poscomunista y posocialdemócrata»- sobre la acumulación de fuerzas en el largo periodo y la construcción de la hegemonía, producto de la acción de las mayorías y no de teorías preestablecidas por «vanguardias autoproclamadas». El socialismo, fue reiterado, no es inevitable sino una «posibilidad histórica», que arranca de una «reorganización de la sociedad» y de otra «jerarquía de valores». Reafirmando los postulados del socialismo petista y expresando un sentimiento común a la mayoría de las corrientes internas, se estableció un claro distanciamiento de la Tercera Vía socialdemócrata impulsada por Tony Blair:
«La crisis hizo que surgieran operaciones de maquillaje del neoliberalismo, como la llamada Tercera Vía de Blair y Clinton. Esta postura conformista y conservadora parte de la falsa premisa de que ya no es posible impulsar políticas de crecimiento con inclusión social y pleno empleo(…) Las izquierdas, inclusive sectores de la socialdemocracia, hoy denuncian y rechazan estas tesis. En Brasil, donde la exclusión social fue y es la regla, la Tercera Vía aparece con su cara más grotesca».
A pesar de la reivindicación del socialismo, en la misma mayoría cohabitan posiciones distintas. El presidente del partido, José Dirceu, aclaró durante el Congreso que el PT seguía siendo socialista y que «nunca hubo tanta necesidad de un partido socialista como en el mundo actual», mientras que otras figuras importantes de Articolaçao, como José Genoino y Cristovam Buarque, subrayaron que el PT debería cancelar la palabra socialismo de su programa para no espantar a los electores, favorecer vastas alianzas y dejar de lado las discusiones utópicas para concentrarse en la formulación de un proyecto realista para Brasil. Además, entre los grupos aliados a la corriente dominante, hay quienes apuntan claramente a un viraje tercerista para hacer del PT un «partido popular de izquierda», poniendo énfasis en la maduración de la lucha institucional, la «democratización del capital», las alianzas amplias -«para evitar el aislamiento y el mesianismo de la izquierda tradicional»- y la defensa de los intereses nacionales en la política exterior.
La Revolución Democrática propuesta por el PT se proyecta hacia la construcción de un «Brasil libre, igual e solidario, socializando riqueza, poder e conocimiento», mediante una «radical inversión de prioridades». Como se puede observar en el documento «Em Defensa Do Brasil», se trata de un proyecto centrado en el mercado interno, en la producción, en el pleno empleo, que satisfaga las necesidades de los sectores populares a través de una profunda redistribución de la riqueza, por medio de la fiscalidad, las políticas sociales y la conquista o recuperación de una serie de derechos sociales universales. Además de proponer importantes aumentos salariales, el programa del PT considera necesario «multiplicar las formas de gestión y de control de los trabajadores sobre la producción» y avanzar hacia una «substancial reducción del horario de trabajo». Paralelamente a esta democratización económica y social, el PT propone una serie de reformas políticas, en donde tendrían un papel importante los institutos de democracia directa ya experimentados a nivel local.
Es insistente en el texto la idea de un partido de «movimiento» que tiene que transformarse en partido de «gobierno», para ganar finalmente las elecciones nacionales:
«La acumulación de fuerzas es un movimiento complejo que articula intensas luchas sociales con transformaciones institucionales. Tenemos responsabilidades frente al país. No queremos ser un eterno partido de oposición, una secta de dueños de la verdad. Sabemos que es importante combinar las ocupaciones de tierra, las luchas en las fábricas, las huelgas y las movilizaciones de la sociedad en búsqueda de nuevos derechos sociales y políticos mediante la acción en los parlamentos y los gobiernos municipales y estatales.»
Más allá de importantes reiteraciones que mantienen al PT anclado en la izquierda, la tendencia a privilegiar los espacios institucionales -común a la mayoría de las izquierdas latinoamericanas y europeas- es significativa, lo que no deja de provocar fuertes resistencias en el interior del PT, partido cuyo arraigo en los sectores populares y en las organizaciones sociales sigue siendo muy significativo.
La izquierda del PT
Así, en el Congreso, el grupo dirigente encontró la oposición de poco menos de la mitad de los delegados, hecho realmente inusitado en la gran mayoría de los partidos políticos, aunque habitual en el PT donde la disputa interna ha siempre sido intensa.
La oposición de menor peso fue la centrista, que postuló a Chinaglia a la presidencia, defendió el «Fora FHC», criticó el desempeño reciente del PT y de su dirección, pidió más debate y más democracia en el partido, usando además tonos izquierdistas y movimientistas, aunque en los contenidos se mantuvo en niveles genéricos y coyunturales mostrando una substancial identidad con las tesis avanzadas por la corriente de Dirceu y Lula.
Los cuestionamientos más profundos a la situación interna del PT vinieron de la izquierda del partido, cuyo candidato a la presidencia fue Milton Temer -un ex comunista moderado hoy enfrentado desde la izquierda a un ex guerrillero como Dirceu-, quien obtuvo casi un tercio de los votos. La «izquierda» denunció la falta de democracia y de debate interno, la oligarquización de los grupos dirigentes, el liderismo, el escaso peso decisional de la militancia y el clientelismo en el partido. Temer ilustró claramente el enfrentamiento entre dos distantas visiones del perfil y las tareas del PT:
«Cuando un partido se acomoda a lo institucional, al contrario de conquistar el poder es el poder que conquista el partido. Esta es la razón de la crisis actual de nuestro trabajo de dirección, que se acomodó en la moderación conciliatoria y tomó gusto por las artes de la pequeña política. La dirección vive una crisis de identidad, pero el pulso del partido sigue pulsando. Debajo de la acomodación actual, todavía arde la llama del proyecto histórico que ha sido construido a lo largo de nuestra trayectoria. Queremos rescatar la identidad fuerte -política e ideológica- del PT. Queremos el PT de las luchas y la nitidez, amplio, democrático, socialista y de masas, que haga política a partir de los movimientos sociales y ocupe espacios institucionales para colocarlos al servicio de la transformación social.»
Así, la izquierda se distinguió claramente de la mayoría por su énfasis en el movimientismo, por concebir el PT como, según dijo el ex alcalde de Porto Alegre, Tarso Genro, un partido de «movimientos», al plural. La izquierda funda su razonamiento en la observación de un viraje en la lucha de clases, en la «erosión de las fuerzas que sustentan el neoliberalismo» y la «superación de los largos años de ofensiva de las fuerzas del capital». Por lo tanto, entrar en una etapa de movilizaciones sociales podría permitir al PT recuperar los espacios perdidos en los años noventa y alimentarse del radicalismo de las nuevas luchas. De allí procede la crítica insistente a la dirección por limitar su horizonte político al «marco de una sociedad capitalista» y la defensa de la actualidad del socialismo, la insistencia en la crítica anticapitalista, el marxismo, el salto revolucionario necesario en la lucha por la hegemonía, el carácter de clase del nuevo Estado, así como en las formas y las etapas de su construcción.
Conclusiones
No es posible en estas páginas ir más allá del relato y analizar en detalle los varios documentos presentados en el II Congreso del PT, como tampoco ofrecer una reflexión acabada sobre el estado de este partido. Todavía parece útil y necesario subrayar lo que este debate expresa a un nivel más general. El Congreso de Belo Horizonte revela la existencia en el PT de una discusión de fondo sobre el perfil y las tareas de la izquierda a principio de este nuevo siglo.
Los términos y la vitalidad del debate en el interior del PT no son generalizables y responden en gran medida a la peculiar historia de este partido, pero -aunque tampoco la discusión sobre la vigencia del horizonte socialista sea indicativa para todas las izquierdas latinoamericanas- es sintomático el enfrentamiento entre un sector más moderado y grupos más radicales. Aunque en el PT esta división sea matizada por la tradición izquierdista de todas las corrientes, los moderados expresan la necesidad de adaptarse a las reglas neoliberales de competencia política sin perder la connotación progresista, mientras que los radicales manifiestan la necesidad de remitirse al malestar y la resistencia social para romper con los límites impuestos por el modelo.
A partir de distintas lecturas de época y enfasis en el «lugar» de la acción política y de la transformación, se van alimentando distintas visiones de la izquierda y de sus tareas. Las tensiones que se expresarán en el interior de varios partidos de la izquierda latinoamericana serán el reflejo del violento conflicto social en curso y, a partir del desarrollo de éste, se definirá el perfil de la izquierda política del siglo XXI.
En defensa del Brasil
* Denuncia del acuerdo con el FMI.
* Renegociación soberana de la deuda externa y control inmediato sobre los flujos de capitales externos.
* Suspensión inmediata de todas las privatizaciones, revisión rigurosa de las irregularidades e instalación de la Comisión Parlamentaria de Telebrás.
* Fortalecimiento del Mercosur como instrumento de construcción de la integración latinoamericana y resistencia al ALCA.
* Definición de una estrategia de defensa comercial del país. No a la dolarización de la economía.
En defensa de la democracia
* Combate al crimen organizado y al narcotráfico, reestructuración del sistema de seguridad pública y carcelaria del país; por una nueva política nacional de seguridad.
* Juicios a los corruptos y fortalecimiento de los organismos de fiscalización.
* Fin del abuso en la utilización de las Medidas Provisorias.
* Amplia reforma política con la adopción del principio de la fidelidad partidaria y el financiamiento público de las campañas electorales.
* Reforma democrática del Poder Judicial, con control externo sobre este y medidas que agilicen los procesos, garantizando a los pobres amplio acceso a la justicia. Investigación sobre la corrupción en el sistema judicial.
* Democratización de los medios de comunicación, con el combate a la oligopolización y la regularización de las radios libres y comunitarias.
* Restablecimiento del Pacto Federativo con la renegociación de las deudas de estados y municipios.
* Defensa de los derechos humanos mediante el combate contra todas las formas de discriminación y prejuicios relacionados con raza, género, orientación sexual, edad y condición física o mental, así como contra todas las formas de violencia. Establecimiento de políticas públicas que promuevan condiciones reales de igualdad.
* Aprobación del estatuto de las sociedades indígenas en el Congreso y demarcación total de las tierras.
Construcción de una economía justa, sustentable y solidaria
* Nueva política económica con prioridad absoluta en el combate a la pobreza y a la desigualdad social.
* Definición de una amplia y articulada política ambiental que valore la biodiversidad, preserve los recursos naturales estratégicos e implante efectivamente la Agenda XXI.
* Amplio programa de canastas básicas para el combate al hambre y formación de una política de seguridad alimentaria.
* Reforma agraria inmediata y masiva, acompañada por una política agrícola que estimule las pequeñas y medianas propiedades y la agricultura familiar.
* Reforma urbana que asegure vivienda, servicios básicos y transporte público a la población.
* Renegociación de la deuda interna que permita su aplazamiento, condicionado a la resolución de la situación patrimonial del sistema financiero nacional.
* Reforma tributaria con reducciones para la producción e imposición progresiva sobre ingresos, herencias y grandes fortunas;
* Fortalecimiento de los bancos públicos y fin del financiamiento de privatizaciones y grupos extranjeros. Orientación del crédito hacia la producción, la infraestructura y el apoyo a las pequeñas, medias y micro empresas;
* Fomento a la economía solidaria mediante apoyo a las verdaderas cooperativas de pequeños productores, difusión de los mecanismos de microcrédito, bancos del pueblo y apoyo a las empresas autogestionadas;
* Nuevo modelo de previsión social, pública y universal con gestión compartida por el gobierno, los trabajadores, los empresarios y los jubilados, con base en la solidaridad de las generaciones y estableciendo un mínimo y un techo, acompañado de la previsión complementaria, pública o privada.
* Amplio programa de desayunos escolares y defensa de la enseñanza pública, gratuita y universal en todos los niveles.
* Adopción del Programa Nacional de Ingreso Mínimo.
* Reconstrucción de las universidades públicas y de los centros e institutos de investigación científico-tecnológica.
* Fortalecimiento del SUS y de la salud pública con la adopción de medicamentos genéricos y apoyo a la medicina preventiva.
* Recuperación inmediata y progresiva del salario mínimo.
* Adopción del contrato colectivo de trabajo nacionalmente articulado que establezca una efectiva política de valorización del trabajo y recupere la participación de los salarios en la riqueza nacional.
* Política nacional de empleo con reducción de la jornada de trabajo y fomento a los programas de calificación profesional.
