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- Autor, Flora Drury
- Título del autor, BBC News
- 35 minutos
- Tiempo de lectura: 6 min
Un niño australiano de 13 años que nadó durante horas para pedir socorro para su familia tras ser arrastrados mar adentro por la corriente, afirmó a la BBC: "No me considero un héroe, simplemente hice lo que debía hacer".
Austin Appelbee desconocía si su madre, Joanne, su hermano Beau y su hermana Grace seguían vivos cuando finalmente alcanzó la orilla, cuatro horas después de dejarlos en el agua aferrados a dos tablas de paddle surf.
A varios kilómetros de la costa occidental de Australia, con olas cada vez más intensas y la luz menguando, su madre temía que él tampoco hubiera sobrevivido.
Horas más tarde, cuando Joanne divisó el bote de rescate, se confirmó que estaban a salvo. Para entonces, ella y sus hijos habían sido arrastrados 14 kilómetros mar adentro.
Lo que comenzó como una jornada familiar en la playa se convirtió en una odisea de 10 horas para la familia. El esfuerzo de Austin para alertar sobre la situación fue descrito por los rescatistas como "sobrehumano".
"Pensé que Austin no había logrado llegar", comentó Joanne, de 47 años, a la BBC.
A pesar de ello, "fue un final absolutamente perfecto verlos sanos, contentos y agotados, pero sin heridas".
Una batalla difícil

Fuente de la imagen, Getty Images
La familia planeaba regresar a Perth el viernes pasado y estaba "divirtiéndose un poco" con dos tablas de paddle surf y un kayak en las aguas poco profundas de la playa, explicó Joanne, cuando los niños "se alejaron demasiado".
"El viento se intensificó y la situación se complicó", recordó. "Perdimos los remos y nos alejamos aún más de la costa… Todo se complicó muy rápidamente".
Mientras eran arrastrados cada vez más lejos de la playa de Quindalup, en Australia Occidental, Joanne comprendió que debía actuar, aunque no podía dejar solos a Beau, de 12 años, y a Grace, de 8.
"Al principio, enviamos a este joven a la orilla para que pidiera auxilio, porque no creíamos estar tan lejos del litoral", mencionó.
Austin tomó el kayak, pero nadie advirtió que estaba gravemente dañado y comenzaba a llenarse de agua.
"Empezó a volcarse, perdí un remo y supe que estaba en problemas", recordó. "Empecé a remar con el brazo".
En un punto, logró controlar momentáneamente el kayak antes de que este terminará de volcarse.
Sujetándose al kayak dado vuelta, Austin, que asegura haber "visto algo en el agua", se dio cuenta de que debía actuar.
"La situación se tornaba peligrosa; llevaba varias horas en el agua".
Momentos de angustia

Fuente de la imagen, ABC News/Briana Shepherd
Austin perdió de vista a sus familiares, que también lo habían perdido de vista a él. Mientras Joanne y los niños continuaban siendo arrastrados mar adentro, las olas crecientes dificultaban que permanecieran sobre las tablas, y la visibilidad disminuyó significativamente.
Aunque todos llevaban chalecos salvavidas, no tenían provisiones de comida ni agua.
"Pensé que Austin lo habría logrado mucho antes de lo que sucedió realmente", confesó ella. "Conforme pasaba el tiempo, no veíamos ningún barco ni señal alguna de rescate.
"Si no logró llegar, ¿qué he hecho? ¿Tomé la decisión equivocada? ¿Alguien vendrá a salvar a mis otros dos hijos?" se preguntaba.
Mientras tanto, Austin nadó los últimos 4 km, dejando su chaleco salvavidas después de un rato, pues consideró que no le ayudaba.
Durante las siguientes dos horas, fueron las oraciones, los cantos cristianos y los "pensamientos positivos" los que sostuvieron al niño de 13 años, que reconoció estar "realmente asustado".
"Pensaba en mi madre, Beau y Grace. También en mis amigos y mi novia; tengo un grupo estupendo de amigos", mencionó.
"Al tocar tierra, me pregunté: ¿cómo es posible estar en tierra firme? ¿Será un sueño?"
Luego pensó que su familia "aún podría estar viva allá afuera; debo ir a rescatarlos".
Alrededor de las 18:00 hora local (10:00 GMT) logró llegar a la orilla y llamó para solicitar ayuda.
Esta llamada desencadenó una amplia búsqueda, según informó la policía el lunes en un comunicado.
Austin, quien se desmayó tras la llamada, fue trasladado al hospital, donde llamó a su padre llorando, todavía sin saber si Joanne y sus hermanos seguían con vida.
Minutos después, recibió una llamada informándole que los habían encontrado. Médicos y efectivos de policía celebraron la noticia con alegría.
"Fue un momento que nunca olvidaré", recordó Austin.
El rescate

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En alta mar, Joanne luchaba por proteger a sus hijos menores. Estaban congelados y ya había oscurecido. Temía que lo peor le hubiera pasado a Austin.
"No veíamos nada que se acercara para rescatarnos", relató. "Estábamos llegando al punto en que nos sentíamos completamente abandonados".
Joanne ni siquiera pudo relajarse al ver que el barco se acercaba: los niños cayeron al agua y ella trató desesperadamente de alcanzarlos.
"Fue una verdadera pesadilla", describió.
De regreso en tierra, recibieron atención médica en el hospital por heridas leves. El paramédico que atendió a Austin confirmó finalmente que él también había sobrevivido.
Incluso regresó al colegio, aunque usa muletas porque sus piernas le duelen mucho.
Ahora, a menos de cinco días del episodio, Austin todavía está procesando lo ocurrido. No se considera un héroe, a pesar de lo que le dicen. Reconoce que fue una "difícil batalla".
Sus agradecimientos están dirigidos al "excelente equipo de ambulancias" y a la "rápida respuesta" de los servicios de emergencia.
Otros, en cambio, lo han elogiado con fervor.
El comandante del Grupo de Rescate Marino Voluntario de Naturaliste, Paul Bresland, calificó el esfuerzo del adolescente como "sobrehumano".
Por su parte, el inspector James Bradley afirmó que sus acciones "merecen el máximo reconocimiento: su coraje y resolución salvaron, finalmente, las vidas de su madre y sus hermanos".

