Fue rehabilitado por Zapatero frente a la embajada en Caracas para hacer negocios hasta que Delcy lo sancionó

El embajador en Caracas no podía creerlo. El controvertido empresario venezolano de origen libanés, prohibido en la misión diplomática española por «espionaje», había regresado con fuerza gracias a José Luis Rodríguez Zapatero, empeñado en reunirse con boliburgueses (personas enriquecidas bajo el chavismo) y con representantes de empresas españolas que mantenían deudas con la revolución. Para entonces, Zapatero ya se había convertido en un aliado clave de los hermanos Delcy y Jorge Rodríguez, con el propósito de legitimar al dictador Nicolás Maduro. Al mismo tiempo, dedicaba tiempo a la «consultoría» en la que se destacó notablemente.
El respaldo de Zapatero benefició también a Camilo Ibrahim Issa, quien nunca ocultó, dentro de la embajada, que era el hombre principal de la aerolínea Plus Ultra. En ese momento aún no se había producido la inyección millonaria de 53 millones de euros. El ex presidente español tampoco había cobrado los 450.000 euros, revelados por EL MUNDO, que le entregó Julio Martínez, asesor de Plus Ultra, como pago por sus servicios de «consultorías globales».
Las relaciones privilegiadas de estos personajes con el poder bolivariano también impulsaron el rápido despegue de Plus Ultra, que obtuvo permisos urgentes para operar vuelos entre Madrid y Tenerife con Caracas, generando sospechas en otros operadores.
En medio de los escándalos, el empresario libanés-venezolano intentó distanciarse del apellido Plus Ultra. «Nuestras tiendas siempre han sido un símbolo de esperanza para otra Venezuela posible, quizás al alcance», expresaron desde su equipo de prensa como justificación.
La verdad es que Ibrahim Issa formaba parte de la élite de negocios del chavismo. Sin embargo, como suele suceder en la revolución, terminó perdiendo favor a pesar de sus servicios.
Este magnate bolivariano, de 58 años y originario de la isla Margarita, era un rostro familiar en la embajada española, tras participar en encuentros con directivos de empresas españolas y diplomáticos nacionales. En uno de esos eventos, entre 2014 y 2015, se expresaron críticas hacia Maduro, incluso por parte del entonces embajador español. Horas después, el gobierno chavista manifestó su descontento diplomático: alguien había filtrado el contenido de esa reunión, grabada con un teléfono móvil. Ibrahim Issa fue el principal sospechoso para el CNI y fue excluido de futuras reuniones. La seguridad en la embajada se reforzó y se empezó a requisar los teléfonos de los asistentes.

Como vicepresidente de la Cámara Venezolana de Centros Comerciales (Cavececo), el alto dirigente bolivariano dirigió durante años franquicias de Zara, Bershka y Pull&Bear, un negocio rentable en Venezuela a pesar de las decisiones arbitrarias del gobierno. Además, tenía intereses en comercio y petróleo, textiles, bodegones en tiempos de escasez, y hasta presencia en el mercado inmobiliario español.
Quienes conocen a Ibrahim Issa destacan que siempre buscó pasar desapercibido, a diferencia de los nuevos millonarios chavistas. Construyó su pequeño imperio moviéndose con discreción entre las sombras del poder, rodeado por familiares y colaboradores que hablaban en su nombre. Su marca de café gourmet, Páramo, obtuvo relevancia internacional, y el reservado de uno de sus restaurantes fue uno de los lugares preferidos de Delcy Rodríguez, cuya pareja entonces era Yussef Abou Nassif Smaili, también de origen libanés, pero en disputa económica con Ibrahim Issa. En sus primeros años de carrera empresarial, contó con el respaldo de Cilia Flores, esposa de Maduro, actualmente detenida en Nueva York.
«Camilo Ibrahim estuvo entre los primeros socios de Plus Ultra, hasta que se apartó años después. En algún momento perdió el favor de Delcy, entonces vicepresidenta económica encargada de las relaciones con empresarios. Posteriormente, abandonó el país», confirmó a EL MUNDO Roberto Deniz, periodista de armando.info que ha destapado grandes casos de corrupción en la revolución.
Fuentes diplomáticas confirmaron a este medio que los conflictos con Nassif y las sospechas de financiamiento a la oposición provocaron la caída «temporal» del hombre fuerte de Plus Ultra, a quien se le ofreció la opción de salir del país. Estambul fue su primer destino de «exilio», aunque sus negocios en España también lo llevaron a Madrid.

