Un estudio reciente revela que el ‘sueño de recuperación’ en jóvenes de 16 a 24 años mejora la salud mental y podría incluso proteger el corazón
Lejos de representar un síntoma de pereza, el sueño extendido durante los fines de semana podría funcionar como una barrera frente a la depresión y otros trastornos de salud. Un estudio reciente, conducido por las universidades de Oregón y SUNY Upstate Medical University, ha evidenciado que los adolescentes y adultos jóvenes que duermen más en los fines de semana — para compensar el déficit acumulado durante la semana — tienen un 41% menos de posibilidades de manifestar síntomas diarios de depresión.
Se considera una forma de ‘rescate emocional’ cuando el descanso entre semana es insuficiente. Pero esto no es todo. Investigaciones adicionales indican que este sueño de recuperación podría también disminuir hasta en un 20% el riesgo de enfermedades cardiovasculares.
Uno de los descubrimientos principales del estudio, publicado en la revista Journal of Affective Disorders, señala que el patrón de sueño en adolescentes no coincide con los horarios escolares tradicionales por motivos estrictamente biológicos. Durante la pubertad, los ritmos circadianos — esos relojes internos que regulan el sueño y la vigilia — se retrasan naturalmente, lo que hace que muchos jóvenes no puedan conciliar el sueño antes de las 11 p.m. pese a sus esfuerzos.
A ello se suma que los horarios escolares, que exigen levantarse a las 6 o 7 a.m., provocan una acumulación de deuda de sueño; en otras palabras, los adolescentes no logran dormir lo necesario durante la semana debido a factores biológicos fuera de su control. ¿Cuál es la solución?
Dormir más el fin de semana: una red de seguridad para la mente
La solución pasa por descansar más horas los sábados y domingos, y la buena noticia es que recuperar el sueño perdido en fines de semana parece ofrecer beneficios protectores. En esta investigación, los científicos estudiaron a más de 1.000 jóvenes entre 16 y 24 años que participaron en la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (NHANES) entre 2021 y 2023. Se recopilaron sus horarios de sueño habituales durante la semana y el fin de semana, así como su estado emocional.
Quienes aumentaban sus horas de sueño los fines de semana en relación con los días laborables presentaban una probabilidad considerablemente menor de reportar síntomas depresivos diarios, como tristeza persistente. Este efecto fue especialmente evidente en aquellos con un patrón de sueño saludable también durante la semana.
“Es común que los adolescentes tiendan a ser noctámbulos, por lo que permitirles recuperar el sueño acumulado durante el fin de semana si no duermen lo suficiente entre semana puede brindarles cierta protección”, comenta Melynda Casement, psicóloga licenciada, profesora asociada en la Facultad de Artes y Ciencias de la UO, directora del Laboratorio del Sueño de la UO y coautora del estudio.
¿Y si se duerme demasiado?
Aunque los resultados sobre dormir más en fines de semana resultan alentadores, los expertos advierten que los extremos también pueden resultar perjudiciales. Extender el sueño hasta la tarde puede alterar aún más el ritmo circadiano y generar lo que se denomina ‘jet lag social’, una desalineación entre el reloj biológico y las demandas sociales, como la escuela o el trabajo. Por ello, la recomendación no es permitir que los adolescentes duerman hasta las 3 de la tarde, sino que amplíen su descanso un tiempo razonable, por ejemplo, dos o tres horas adicionales, para recuperar sueño sin desajustar demasiado el reloj interno.
Además de los impactos en la salud mental, dormir más los fines de semana también podría aportar beneficios cardiovasculares. Según datos del Congreso ESC 2024, quienes compensan la falta de sueño durante el fin de semana tienen hasta un 20% menos de riesgo de desarrollar enfermedades cardíacas, especialmente en casos de privación crónica de sueño.
Los investigadores examinaron datos de más de 90.000 personas y hallaron que quienes aumentaban sus horas de sueño compensatorio presentaban menor probabilidad de sufrir infartos, insuficiencia cardíaca o ictus. Aunque dormir lo suficiente cada día sigue siendo la mejor opción, esta práctica puede funcionar como un ‘respiro biológico’ para quienes no lo consiguen.
¿Lo ideal? Lógicamente, dormir bien todos los días. En ello coinciden todos los expertos: descansar entre 8 y 10 horas cada noche, de manera regular y con horarios estables, sigue siendo la clave para un sueño saludable, pero en un entorno donde los adolescentes enfrentan la presión escolar, las redes sociales, actividades extracurriculares y trabajos extra, esto resulta mucho más sencillo de decir que de hacer.

