
Fuente de la imagen, Sebastián Valero
Información del artículo
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- Autor, Carol Olona
- Título del autor, HayFestivalCartagena@BBCMundo
- 47 minutos
- Tiempo de lectura: 6 min
En «El banquete» de Platón, Aristófanes narra el mito según el cual los humanos eran originalmente dobles y esféricos, hasta que Zeus, temiendo su poder, los dividió en dos mitades. Desde entonces, todos anhelamos encontrar a nuestra otra mitad y solo el amor nos completa.
No obstante, Luciana Beccassino (Bogotá, 1998) enfatiza que «nos corresponde cuidarnos unos a otros, incluso cuando no se trata de esa otra mitad».
En su caso particular, fue una ruptura amorosa la que la llevó al estoicismo —una escuela filosófica grecorromana que surgió en el siglo III a.C.— para “aligerar la vida y hallar calma en sí misma”.
Tras el éxito de sus reflexiones en redes sociales, emprendió la escritura de su primer libro, «Si nos enseñaran a amar. Lecciones estoicas de amor (y desamor)».
Con un enfoque de manual, Beccassino aplica los principios de importantes estoicos romanos como Séneca, Epicteto y Marco Aurelio a las relaciones afectivas.
BBC Mundo conversó con ella en el marco del Hay Festival de Cartagena, que se realiza entre el 29 de enero y el 1 de febrero en esa ciudad caribeña de Colombia.

Fuente de la imagen, Editorial Espasa
¿Es posible definir el amor?
Para ella, la definición más simple del amor es comprender que no estamos aislados en el mundo: que existen otros con un mundo interior tan profundo como el nuestro, y que debemos percibirlos como individuos completos, no como meras extensiones de nosotros mismos.
¿Qué relatos o factores han configurado nuestra concepción del amor hasta hoy?
Se nos ha enseñado a hablar del amor con un lenguaje bélico: debe ser una conquista, un combate, un caos. En contraste con esta narrativa, encontró en su entorno y en filósofas como Simone Weil una visión más compasiva y consciente del amor. Algo que se elige y se aprende, no solo un hecho fortuito. En general, no se enseña cómo amar porque muchas familias tampoco lo aprendieron, lo que provoca un efecto dominó. Nadie tiene mala intención, pero el sufrimiento termina afectando a todos.
Pero si el amor puede cultivarse, ¿por qué se ha centrado tanto en su aspecto emocional?
La idea de un amor arrebatador resulta más seductora que el concepto de que «es algo que se construye con paciencia». No suena tan cinematográfico. Sin embargo, el amor idealizado muchas veces no resulta tan benevolente y suele glamorizar dinámicas donde la intensidad y el sufrimiento se interpretan como prueba de amor. Estas relaciones se vuelven agotadoras y poco duraderas.
Y también destructivas…
Efectivamente, aunque a la vez son más estimulantes. Se podría afirmar que esta dinámica romántica encaja bien en una cultura donde se busca que todo sea placentero y rápido. Pero, ¿es beneficioso a largo plazo? Aquí aparecen alternativas filosóficas que, aunque pueden parecer poco atractivas —como la meditación, que puede parecer aburrida—, cuando se practica se percibe que ayuda, aunque requiera esfuerzo.

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¿Se nos ha educado de manera diferente en el amor hombres y mujeres?
Una concepción de amor que afecta a ambos se asemeja más a una dinámica de poder que a amor verdadero. Donde se busca a una «persona de alto valor» y se compite constantemente, sin sentir seguridad.
A otro nivel, como señalaron Bell Hooks y Carol Gilligan, entre otras, vivimos en una sociedad que ha reprendido la emocionalidad masculina —considerándola una “debilidad”— al mismo tiempo que ha castigado a las mujeres por expresar una voz fuerte. Esto dificulta la construcción de relaciones, que requieren conectar con las emociones, escuchar y estar dispuesto a ofrecer y recibir compasión.
¿De qué manera puede auxiliar el estoicismo?
Esta filosofía ha sido adoptada por «influencers de la hipermasculinidad» que promueven que el sentido de la vida masculina reside en el éxito, el dinero y las mujeres; en parte porque se ha interpretado erróneamente como una doctrina para “no sentir emociones”.
Sin embargo, los estoicos no abogaban por la frialdad, sino por la templanza: sentir es natural, pero lo crucial es no permitir que las emociones dominen.
Asimismo, eran profundamente comprometidos con la política. Hablaban de justicia, del cuidado hacia el otro y del planeta —aspectos que esos «influencers» omiten, pues no encajan en su relato.
Marco Aurelio escribe en Meditaciones «sé libre de pasión y lleno de amor». ¿Qué consejos ofrecería este estoico a alguien que atraviese una ruptura?
El estoicismo invita a hacer una pausa y permitirse sentir el dolor, la tristeza o la ira. Desde ese lugar, se elige qué hacer con esas emociones y cómo gestionar los pensamientos que las acompañan.
Es necesario dejar ir aquellas ideas que nos perjudican y las interpretaciones sin fundamento.
No se puede controlar si fueron infieles o si te abandonaron, pero sí se puede decidir cómo enfrentarlo y qué tipo de persona se desea ser. Al final, se trata de cuidarse y hallar la paz para vivir una existencia valiosa para uno mismo.
¿La amistad tiene el mismo valor que el amor romántico?
Las estadísticas revelan que la generación Z se empareja menos que otras generaciones, y sumado a que muchos optan por no tener hijos ni un empleo convencional, parece que existe una ruptura con el modelo de vida tradicional.
Resulta positivo entender que el amor trasciende lo romántico y que esos vínculos pueden ofrecer una fuente constante de satisfacción. Sin embargo, persiste la creencia de que solo se ama a la familia y a la pareja, mientras que a los amigos «solo se les quiere».

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¿Por qué crees que persiste esa idea?
Piensa que responde parcialmente a que, si la base del sistema productivo occidental es la familia tradicional, ese vínculo entonces debe ser «el más relevante en tu vida».
Durante mucho tiempo, el matrimonio fue la única vía de supervivencia para las mujeres. Pero la incorporación femenina al mercado laboral y otros cambios y cuestionamientos sociales han abierto espacio para nuevas formas de vivir y relacionarse.
En lo individual, esto amplía el bienestar, al permitir cultivar relaciones significativas más allá de la pareja. Esto aporta esperanza porque, si la vulnerabilidad solo se experimenta con una pareja, se genera desesperación por encontrarla. Sin ella, surgen carencias de necesidades humanas básicas.
En cambio, cuando se cuenta con complicidad y apoyo de otras personas, la presión disminuye y la elección de pareja se realiza con mayor conciencia.

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Si se enseñara a amar en las escuelas, ¿qué propondrías?
Se trataría de aprender a gestionar y comprender mejor nuestras emociones para acercarnos al otro con mayor empatía. En esencia, es una interpretación contemporánea de la «ataraxia» (estado de serenidad) según el estoicismo.
Aunque sabe que algunas escuelas ya lo han incorporado, considera que sería ideal que todos lo aprendiéramos desde la infancia. Hoy en día, muchos lo descubren en terapia.
Añadiría una ética libre de adoctrinamientos que nos invite a reflexionar sobre qué valores nos resuenan y cómo vivir en consonancia con ellos. Además, pondría énfasis en un principio presente en muchas religiones y filosofías: el cuidado y el amor hacia el prójimo.

