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- 24 diciembre 2025Actualizado 24 minutos
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El conservador Nasry «Tito» Asfura asumió este martes la presidencia de Honduras en una ceremonia modesta que refleja la política de austeridad que pretende implementar en las finanzas públicas del país.
«Tenemos que empezar a trabajar, hacerlo con humildad y con el compromiso absoluto que exige entregar soluciones concretas a cada rincón de nuestra querida Honduras», afirmó en el Congreso, en un acto sencillo sin la participación de mandatarios internacionales.
La toma del poder por parte de Asfura representa un giro hacia la derecha tras cuatro años de gobierno de Xiomara Castro, líder de la izquierda hondureña y esposa del expresidente Manuel Zelaya, integrante de una de las familias políticas más relevantes del país.
El empresario de 67 años se comprometió a disminuir el tamaño del Estado para incrementar la eficiencia, sin descuidar a los sectores más vulnerables.
Su vicepresidenta, María Antonieta Mejía, declaró en una entrevista que el gobierno de Asfura reducirá la cantidad de instituciones públicas de 113 a 74, en línea con sus políticas de austeridad fiscal y énfasis en el sector privado.
En su discurso, el mandatario hondureño prometió «enfrentar con determinación la inseguridad», uno de los desafíos más graves del empobrecido país centroamericano.
Además, aseguró que acelerará las cirugías, que actualmente sufren importantes demoras, y garantizará el suministro de medicamentos para la población.
«El tiempo ya corre, no podemos desperdiciarlo, debemos resolver los problemas de la gente para servir eficazmente», proclamó.
Asfura fue declarado presidente electo de Honduras el 24 de diciembre tras un conteo que se extendió casi un mes debido a diversas inconveniencias.

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Su adversario, el centrista Salvador Nasralla, acusó fraude y no aceptó el resultado electoral.
Luego de hacerse público el resultado, el secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio, felicitó al líder conservador, quien había contado con el respaldo de Donald Trump antes de la votación.
Aquí se presenta un perfil del empresario, exalcalde de Tegucigalpa y ahora presidente de Honduras, Nasry Asfura.
«¡Papi a la orden!»
Hijo de inmigrantes palestinos, Nasry Juan Asfura Zablah inició su trayectoria pública en la Alcaldía del Distrito Central —que agrupa los antiguos municipios de Tegucigalpa y Comayagüela— durante los años 90, desempeñando cargos operativos y gerenciales en varias administraciones municipales.
Expertos indican que esta etapa inicial en el gobierno local afianzó su estilo pragmático, enfocado en la realización de obras y la solución práctica de problemas.
El apodo que lo acompañaría durante su carrera nació en 2005, cuando Asfura se presentó por primera vez en las elecciones internas del Partido Nacional para la alcaldía del Distrito Central.
En esa campaña utilizó el lema «¡Papi a la orden!», una expresión coloquial diseñada para transmitir cercanía y disposición a servir. Aunque perdió frente a Ricardo Álvarez en esa elección interna, el slogan caló hondo entre partidarios y público, convirtiéndose en su sello político más identificable.

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No obstante, su verdadero ascenso político se concretó tras ser elegido alcalde del Distrito Central en 2013, cargo para el que fue reelegido en 2017, sumando casi ocho años frente al gobierno de la capital.
Durante ese tiempo, destacó haber impulsado 1.142 obras, incluyendo 45 grandes proyectos de infraestructura, como puentes, pasos a desnivel, túneles y ampliaciones viales orientadas a aliviar el congestionamiento en la capital.
También fue responsable de la pavimentación de más de 200 kilómetros de calles y de proyectos para mitigar inundaciones, implementar drenajes y proveer servicios básicos en barrios vulnerables, aspectos que aumentaron su popularidad entre numerosos ciudadanos de Tegucigalpa.
En las elecciones generales de 2021, presentó su candidatura, pero fue derrotado por la actual presidenta de izquierda, Xiomara Castro.
Con la intención de postularse nuevamente, en 2025 ganó las primarias internas con el 75,8% de los votos frente a la exprimera dama Ana García, consolidándose como líder nacionalista y liderando la campaña que lo llevó a la presidencia.
Las propuestas
Asfura estructuró su candidatura presidencial para 2025 alrededor de un conjunto de propuestas destinadas a, según sus palabras, «poner en marcha» el país.
Este plan, denominado «Visión 5 Estrellas», integra objetivos económicos, sociales y ambientales.
El eje principal se centra en la reactivación económica y la generación de empleo, considerados por numerosos analistas como los desafíos más significativos para Honduras.
Asfura se comprometió a atraer inversión tanto privada como extranjera a través de la simplificación de trámites, estabilidad jurídica y alianzas público-privadas enfocadas en infraestructura y turismo, con la meta explícita de incrementar el empleo formal en un país donde más del 70% de la fuerza laboral es informal.
Además, planteó suprimir regulaciones para promover el crecimiento económico, describiendo este sector como un sistema que debe «desbloquearse» para funcionar adecuadamente.

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También prometió la digitalización del Estado, la descentralización de recursos hacia los municipios y la promoción de la equidad en la gestión pública.
En el ámbito social, manifestó su compromiso con la ampliación de la educación técnica y digital, la construcción y renovación de hospitales, así como la extensión de programas habitacionales para familias de bajos recursos.
Respecto a la seguridad —otro de los problemas centrales del país— prometió fortalecer las capacidades de la policía y recuperar espacios públicos, apoyándose en una estrategia de prevención comunitaria y presencia en el territorio.
Su agenda ambiental se enfoca en la transición hacia energías renovables, la eficiencia en el uso energético y la protección de bosques y cuencas, posicionándolo diferente a otros líderes conservadores regionales.
En política exterior, Asfura propone una alianza preferencial con Estados Unidos, junto con la restauración de relaciones con Taiwán —después que en 2023 el gobierno de Xiomara Castro rompiera vínculos con la isla para favorecer a China— y una conexión cercana con Israel, como parte de un bloque proestadounidense.
Busca aprovechar estas relaciones para atraer inversiones, cooperación bilateral y facilitar canales ordenados de migración laboral, además de distanciarse de gobiernos como el de Venezuela, aliado del actual ejecutivo.
Las polémicas
La trayectoria pública de Asfura también ha estado marcada por varias controversias legales y cuestionamientos éticos.
En 2020, la Unidad Fiscal Especial Contra Redes de Corrupción (UFERCO) solicitó un antejuicio en su contra por presunto abuso de autoridad, fraude, malversación de fondos públicos, falsificación de documentos y lavado de activos, relacionados con el supuesto desvío de 29,4 millones de lempiras (US$1,12 millones) de la Alcaldía del Distrito Central entre 2017 y 2018.
La Corte Suprema de Justicia detuvo el proceso, argumentando que era necesario esperar un informe de auditoría del Tribunal Superior de Cuentas, dejando sin efecto la petición de los fiscales.

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Este expediente reapareció recientemente, y sus seguidores calificaron la difusión como una «persecución política», alegando que su exposición pública tuvo fines electorales para afectarlo negativamente.
También enfrentó otro conflicto vinculado a Sulambiente, una empresa de gestión de residuos que recibió una indemnización millonaria tras un contrato fallido en San Pedro Sula, en la que Asfura fue accionista.
Su nombre apareció en los Papeles de Pandora en 2021 como presunto propietario de una sociedad offshore registrada en Panamá llamada Karlane Overseas, establecida en 2007 y utilizada para adquirir terrenos en Tegucigalpa.
Aunque esta información generó dudas éticas, no se consideró que hubiera cometido delito alguno.
En cuanto a las elecciones, sus contrincantes políticos han denunciado irregularidades, a pesar de que organismos internacionales no han cuestionado la transparencia del proceso.
El respaldo que recibió Asfura por parte de Donald Trump pocos días antes de la votación también generó suspicacias.
Previo a los comicios, Trump indultó al expresidente hondureño Juan Orlando Hernández, quien cumplía una larga condena de cárcel en EE.UU. por narcotráfico y que pertenecía al mismo partido que Asfura.
Tras confirmarse la victoria de Asfura en diciembre, el candidato opositor Salvador Nasralla afirmó que los miembros del Consejo Nacional Electoral estaban bajo control del «crimen organizado» y rechazó los resultados.

