Sergi Bruguera, extenista de 55 años con 10 millones en premios, y sus inversiones que aportan estabilidad financiera

Sergi Bruguera, en rueda de prensa El doble ganador de Roland Garros representa un ejemplo de la responsabilidad al manejar los elevados ingresos de un deportista.

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Sergi Bruguera suele afirmar que, en realidad, su encuentro más importante comenzó cuando dejó la competición: la batalla por aprender a cuidar su patrimonio e invertir con sentido.

Durante años, mientras sumaba títulos en Roland Garros y alcanzaba el puesto número 3 del mundo, su única preocupación era la pista. Tenía claro que su trabajo era ganar partidos; el resto lo delegaba mayormente en su madre, incluso la administración del dinero. Se centraba en entrenar, competir y recuperarse, convencido de que ese total enfoque era el costo de estar en la élite.

Todo cambió en el momento que dejó la raqueta. Al no tener un calendario de torneos que marcara su tiempo, surgió una pregunta nueva, silenciosa, pero igual de exigente: «¿Y ahora qué hago con todo lo que he ganado?».

En ese instante tuvo un cambio interno que él mismo define con una frase que repite con frecuencia: comprendió que era su responsabilidad gestionar su dinero lo mejor posible. Por primera vez, analizó sus finanzas con la misma seriedad con la que antes estudiaba a un rival difícil.

Este momento no fue una reacción impulsiva, sino el inicio de un proceso de aprendizaje. Comenzó a investigar, preguntar, y rodearse de expertos en finanzas con más conocimientos que él.

Sergi Bruguera en su etapa como capitán de España en Copa Davis.

Sergi Bruguera durante su etapa como capitán de España en Copa Davis. Europa Press.

Descubrió que el ámbito financiero también posee su propio «ranking», riesgos y trampas, y que numerosos deportistas caen en ellas por falta de información. Observó casos cercanos donde carreras exitosas terminaban en dificultades económicas por no haber planificado el futuro.

De esa inquietud surgió su nueva misión: evitar que otros repitieran esos errores. Actualmente, se reúne en despachos, no en vestuarios, y habla de carteras de inversión, perfiles de riesgo y protección del capital.

Sin embargo, sigue siendo el competidor que fue en París: continúa buscando el balance entre atacar y defender, aunque ahora aplica ese principio al manejo del capital. Se considera un inversor conservador, aunque admite que cuando detecta una oportunidad clara, sabe ser audaz.

La vida financiera

Al ser consultado sobre qué es lo más relevante en su situación financiera actual, responde sin dudar: la gestión de su patrimonio. No se trata de buscar ganancias rápidas, sino de tomar decisiones sólidas que funcionen a largo plazo.

Ese mismo mensaje lo comparte con los deportistas jóvenes que lo consultan: mientras están en activo, la prioridad no es duplicar el dinero cada año, sino conservar lo que ganan cuando los focos se apaguen.

En sus intervenciones, subraya la importancia de diferenciar dos etapas claras: la del trabajo y la del rendimiento del patrimonio. En la pista, afirma, se genera el dinero; en la inversión, el objetivo principal es preservarlo y conseguir una rentabilidad que él califica como «adecuada», suficiente para que el patrimonio crezca sin asumir riesgos excesivos.

Para muchos resulta sorprendente que haga tanto hincapié en el impacto psicológico de las finanzas. Él lo tiene claro: «Mentalmente, saber que tienes ese dinero creciendo y aumentando te da tranquilidad mental y emocional», afirmó en Capital Radio.

Esa calma no es solo un lema atractivo; marca la diferencia entre competir con la sensación de que cada punto es cuestión de sobrevivir o hacerlo sabiendo que el futuro no depende de un tie-break.

El peligro acecha

Bruguera ha observado cómo cambia la actitud de los deportistas cuando entienden esto. Dejan de ver las inversiones como un juego de azar y comienzan a considerarlas como un sistema que protege lo que han construido. Comprenden que la libertad verdadera no es gastar sin control, sino asegurarse de que su patrimonio esté colocado en instrumentos que tengan sentido para ellos.

En sus charlas, también rechaza la cultura del pelotazo que domina en ciertos círculos deportivos. Explica que las grandes apuestas puntuales pueden funcionar, pero basar toda la estrategia en golpes de suerte es la vía más rápida para perder lo ganado con esfuerzo. Prefiere hablar de diversificación, tiempos y comprender bien lo que se compra antes de invertir un euro.

Al rememorar su propio camino, reconoce que tuvo la fortuna de reaccionar a tiempo. Supo trasladar la disciplina que lo convirtió en campeón a un método para proteger su futuro financiero.

Hoy, cuando repite esa frase sobre gestionar su dinero de la mejor manera posible, lo hace con la tranquilidad de quien ha disputado numerosos encuentros difíciles y aprendió que en la administración del patrimonio los errores cuestan caro y las victorias se construyen con paciencia.

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