Salas de la furia: espacios diseñados para liberar la ira y reducir el estrés de manera efectiva

Imagen de una mujer con casco y equipo de protección rojo. Sostiene un bate de béisbol junto a un coche.

Fuente de la imagen, Shuka Piryaee

    • Autor, Annabel Rackham
    • Título del autor, BBC News
  • 23 enero 2026
  • Tiempo de lectura: 4 min

"Al principio me sentía un poco incómoda", comparte Deena, quien relata a la BBC que su primera vez en una "sala de la furia" fue muy distinta a lo que imaginaba.

No resultó caótica ni violenta destrozando objetos, sino "sorprendentemente ordenada y mucho más consciente".

"Cuando me acostumbré, experimenté esto más como una liberación física que como un estallido emocional", comenta.

Cada vez más mujeres optan por pagar para romper artículos usados como televisores, muebles y vajilla, equipadas con protección adecuada.

Se considera que la idea de las "salas de la furia" surgió en Japón a finales de los años 2000, aunque Donna Alexander afirma haber montado una en su garaje en Texas por esos mismos años. Allí, las personas podían ingresar y romper objetos.

En Reino Unido, aún son pocos los espacios donde se puede tomar un bate de béisbol para descargar tensión.

Estos espacios se promueven como métodos para aliviar el estrés y soltar la ira acumulada, destacando que una gran parte de los clientes son mujeres, según algunos dueños.

Imagen de una mujer en una sala de ira con ropa protectora.

Deena comenta que probó esta experiencia inicialmente "por simple curiosidad".

"No soy una persona irritable ni explosiva, suelo parecer tranquila y sosegada, así que al principio me resultó extraño e incluso algo inapropiado estar allí".

Luego, se sintió mucho más ligera y calmada, comparando la vivencia con "presionar un botón de reinicio o recibir un masaje profundamente relajante".

Deena explica que su trabajo es rápido y con alta responsabilidad, implicando decisiones constantes; ahora cree que acudir a una sala de la furia le puede ser útil.

"Si el estrés me supera, sin duda volveré", afirma.

"Una liberación poco común"

Shuka comparte su opinión con Deena. Menciona que no sentía ira, pero deseaba conocer la sensación de "desahogarse" y le entregaron un coche para destruir mientras escuchaba sus canciones preferidas.

"Fue mucho más gratificante de lo que esperaba; existía algo inesperadamente liberador en romper cosas sin preocuparse", indica.

"Sentí que ejercité tanto el cuerpo como la mente".

Kate Cutler, copropietaria y fundadora de una "sala de la furia" en East Sussex, afirma que el local "va ganando popularidad" entre las clientas.

Decidió abrir este espacio mientras su hija, hoy fallecida, enfrentaba un cáncer cerebral. Ir a una sala así estaba en su lista de deseos.

Explica que muchas mujeres acuden tras sufrir engaños o rupturas complicadas, y a veces simplemente porque "la ira aparece sin previo aviso".

Imagen de alguien en una sala de ira rodeado de objetos para destruir.

Jennifer Cox, escritora y psicoterapeuta, expresó en el programa Woman’s Hour de Radio 4 que considera que las mujeres están "socializadas" para inhibir emociones como la "frustración, ira, agresión y rabia".

Asegura que las mujeres suelen verse atrapadas entre las demandas del trabajo, las responsabilidades parentales y el cuidado de hijos pequeños, situación que a menudo genera un estado de "furia".

En realidad, cree que deberían permitir expresar esa ira, y sostiene que espacios que facilitan esta liberación pueden ofrecer grandes beneficios.

Incluso recomienda crear "pequeñas salas de la furia en casa" con cojines y almohadas, para desahogar la tensión y esa rabia.

"Cuando reprimimos la ira, esta se manifiesta en el cuerpo de diversas formas: ansiedad, depresión, TOC, migrañas o problemas digestivos", añade.

"La ira es beneficiosa"

Shelly Dar, terapeuta en salud mental, coincide y afirma que las "salas de la furia" pueden proporcionar "un alivio inmediato", tras lo cual se puede sentir una calma y claridad mental renovadas.

Señala que enfadarse es saludable, aunque generalmente se tenga mala percepción porque se ve el estallido, pero no la acumulación previa.

"Debido a la sobrecarga que enfrentamos, no existe un entorno seguro para manifestar emociones complejas", comenta.

Afirma que estos espacios son una vía segura para que las mujeres expresen sus sentimientos.

"Un gran problema para las mujeres hoy en día es el temor a ser juzgadas, por eso reprimen estas emociones, representando el papel de la niña buena, quizá la madre calmada y reflexiva, ya que se les ha enseñado a ser amables".

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