Natalie Cook (51), campeona olímpica, revela que se retiró con dos medallas pero con una deuda de 256.000 euros.

Natalie Cook, durante un partido. La jugadora australiana de vóley playa convivió durante muchos años con la idea de que «más adelante» encontraría el momento para solucionar las cuentas.

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En el palmarés de Natalie Cook destaca una medalla de oro olímpica en vóley playa en Sídney 2000, junto con otra presea y cinco participaciones en unos Juegos que la consagraron como un símbolo del deporte australiano.

En la arena, su trayectoria fue un modelo de éxito continuo. Sin embargo, fuera de ella, la realidad era mucho más compleja. «Me retiré con dos medallas y una deuda de 256.000 euros», confiesa, dispuesta a revelar lo que muchos atletas prefieren mantener en silencio: el costo financiero de perseguir el sueño olímpico.

Cook comenzó a competir en la élite durante los años 90, época en la que el vóley playa femenino carecía de una estructura profesional sólida. Los primeros desplazamientos los sufragaba casi íntegramente por su cuenta, combinando pequeños patrocinios locales, empleos a tiempo parcial y apoyos esporádicos.

Con la aparición del circuito mundial y la introducción del deporte en los Juegos, la situación mejoró, aunque nunca alcanzó el nivel de estabilidad que ofrecen deportes más populares.

Superficialmente, su oro en Sídney 2000 debería haberlo transformado todo: contratos, notoriedad y constantes invitaciones. En parte, así ocurrió, pero con carácter irregular y temporal. Cada ciclo olímpico implicaba nuevas inversiones: entrenadores, fisioterapeutas, viajes internacionales, largas estancias lejos de casa para adaptarse a sedes y condiciones climáticas.

Natalie Cook, durante un partido con Australia.

Natalie Cook, durante un partido con Australia.

Numerosas facturas terminaban acumulándose en tarjetas de crédito, préstamos personales y líneas de financiación que, sumadas, formaron la deuda que ella menciona cuando habla de esos 256.000 euros.

El inconveniente no radicaba únicamente en cuánto gastaba, sino en la manera en que lo hacía. Cook reconoce que durante mucho tiempo mantuvo la idea de que «después» tendría el momento para saldar las cuentas.

Ese «después» siempre estaba condicionado al siguiente resultado: una buena posición en el circuito mundial, una medalla en los Juegos, un nuevo patrocinador. Cuando los resultados eran favorables, el dinero servía para reducir parte de la deuda; cuando no, la carga aumentaba.

Así llegó a su retirada: con dos medallas, un país que la reconocía como una leyenda del deporte… y una deuda de 256.000 euros que influyó en cada una de sus decisiones.

Esa vivencia fue el inicio de un cambio radical en su forma de entender las finanzas y el deporte. Cook decidió capacitarse en gestión y emprendimiento, y se involucró en proyectos para evitar que otros atletas repitieran su experiencia.

En sus conferencias con jóvenes deportistas, enfatiza varios puntos. El primero es que la carrera deportiva debe gestionarse como un negocio: ingresos, gastos, inversiones y riesgos deben estar claros desde el principio.

El segundo, que endeudarse puede ser inevitable en ciertos momentos —viajes, equipamiento, temporadas en el extranjero—, pero esa deuda necesita un límite y un plan realista para su devolución.

El tercero, que es fundamental comenzar a diseñar un plan de jubilación incluso cuando parece lejano y la atención está únicamente en el próximo torneo.

Hoy, a sus 51 años, Nat Cook ha logrado revertir su situación, aunque no busca suavizar el proceso. «Me ha llevado años deshacer el nudo de esos 256.000 euros», admite. «Ojalá alguien me hubiera explicado todo esto cuando tenía 20. Quizás mi frase sería distinta».

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