
La energía solar se ha consolidado como una de las fuentes renovables más relevantes y prácticas disponibles, especialmente en países como España, donde prevalecen los días soleados sobre los nublados.
Podría dar la impresión de que esta tecnología ha alcanzado su límite, sin embargo, los esfuerzos orientados a reducir la dependencia de combustibles fósiles y alcanzar una cobertura total con energías renovables impulsan a naciones y compañías a explorar formas innovadoras de aprovechar estas fuentes.
Un ejemplo concreto es el proyecto OHISAMA en Japón, cuyo nombre deriva de la palabra japonesa para «sol», que implementará una estación espacial de energía solar con la capacidad de transferir electricidad de forma inalámbrica desde el espacio hacia la Tierra.
De acuerdo con las explicaciones de expertos nipones en la Conferencia Internacional sobre Energía Espacial 2024, una nave experimental con un peso cercano a 200 kilos y equipada con un panel solar superior a dos metros cuadrados, captará la radiación solar durante su órbita.
La energía captada será enviada a grandes antenas mediante microondas de vuelta a nuestro planeta en cuestión de minutos. Durante las pruebas iniciales, se logró transmitir que equivale, para contextualizar, a la energía necesaria para operar un pequeño electrodoméstico como un lavavajillas durante una hora.
Aunque no representa un cambio inmediato significativo, Japón confía en que este primer paso dé lugar a avances mayores, conforme se lancen paneles de mayor tamaño y con mayor capacidad de transmisión.
De hecho, un satélite dotado de paneles solares en órbita, donde el sol no está bloqueado por nubes, captura energía solar de forma continua, 24 horas al día, 7 días a la semana. El éxito de OHISAMA abre camino para futuras estaciones orbitales de energía solar.

