Arbeloa perfecciona su enfoque en la recuperación del Real Madrid: dominio táctico, fortaleza física y compromiso activo

Arbeloa, en el banquillo del Bernabéu durante el partido ante el Mónaco. El salmantino ha logrado elevar la imagen del equipo, transmitiendo a los futbolistas una confianza total para revertir la crisis actual.

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Quién imaginaría hace solo una semana, cuando el Real Madrid decidió cesar a Xabi Alonso y designar a Álvaro Arbeloa como nuevo entrenador –con la eliminación en Copa del Rey frente al Albacete como su peor carta de presentación– que el equipo blanco estaría, días después, en una posición tan favorable.

El extécnico tolosarra abandonó el banquillo dejando al equipo en segundo lugar en La Liga, a cuatro puntos del Barça, y séptimo en la fase de grupos de la Champions. Once días después, el conjunto blanco se sitúa a solo un punto de los azulgranas y en la tercera plaza en la clasificación europea.

Aunque aún es pronto para valorar el ‘efecto Arbeloa’ en el banquillo madridista, ya se aprecian diferencias evidentes respecto a los métodos de Xabi Alonso, quien apostaba más por la táctica, el rigor, el análisis de vídeo, el trabajo colectivo y mantenía un perfil discreto en sus intervenciones ante los medios.

Arbeloa, por el contrario, deposita plena confianza en sus jugadores sin centrarse excesivamente en aspectos tácticos, y en las ruedas de prensa exhibe autoridad y liderazgo. Se siente cómodo y seguro en su rol.

Quizás era justo lo que el equipo necesitaba, que ante el Mónaco firmó una actuación destacada, con jugadores implicados plenamente en la causa. Más allá del plano futbolístico, la actitud fue intachable, muy distinta a la laxitud mostrada en varios encuentros previos al cambio de entrenador.

Y fue en la penúltima jornada de la fase de grupos de la Champions donde el Real Madrid ofreció lo que podría considerarse su mejor partido de la temporada.

Un lavado de cara

El equipo demostró que, cuando lo desea, es capaz de correr y presionar efectivamente. Quedó muy atrás la imagen de finales de año o la mostrada en Albacete. El Madrid de Arbeloa ante el Mónaco fue otro: agresivo, intenso, hambriento en la presión alta y con una actitud claramente reivindicativa desde el inicio.

En el Santiago Bernabéu, el equipo se mostró eléctrico, comprometido con la presión y mantuvo un ritmo elevado durante todo el encuentro, sin bajar el pie del acelerador. Vinicius y Bellingham usaron el escenario para lanzar mensajes claros al público con celebraciones cargadas de intención.

Los jugadores del Real Madrid celebran el gol de Bellingham en la victoria ante el Mónaco.

Los jugadores del Real Madrid celebran el gol de Bellingham en la victoria ante el Mónaco. Reuters

El brasileño realizó un partido sobresaliente, imparable en duelos individuales y decisivo, y dedicó su gol a Arbeloa, ignorando a la grada. Por su parte, el inglés tuvo un gesto dirigido a quienes critican su vida nocturna.

La acción de Jude no pasará desapercibida, y será importante que su rendimiento lo respalde para que dicha celebración no se vuelva en su contra.

Por encima de todos, sobresalió Kylian Mbappé. El francés marcó el camino con sacrificio, presionando como si las críticas fuesen en su contra. Anotó dos goles más –ya suma 32– y desplegó un constante esfuerzo físico que contagió al resto del equipo.

Tras esta victoria, Arbeloa tiene motivos para sentirse satisfecho. Lo que ha venido anunciando en rueda de prensa, aunque para algunos resulte exagerado, comienza a materializarse.

Es cierto que aún existe margen de mejora en defensa, sobre todo en una línea afectada por lesiones, pero finalmente la afición madridista disfrutó de una noche completa con su equipo. Seis goles que no se veían en Chamartín desde el 2 de abril de 2023 contra el Valladolid.

El Real Madrid ha sabido recuperarse tras atravesar un momento especialmente complicado. Lo sucedido el pasado sábado ante el Levante dejó una huella profunda en el vestuario.

El dominio del juego

El Real Madrid bajo la dirección de Álvaro Arbeloa ha encontrado un equilibrio que parecía esquivo durante la etapa de Xabi Alonso. Frente al Levante y al Mónaco, el equipo mostró un dominio absoluto en la posesión y, más importante aún, un control constante a lo largo de cada fase del partido.

La presión adelantada se tradujo en recuperaciones rápidas, y el equipo no perdió compostura tras cometer errores con el balón. La circulación fue fluida, con los mediocentros siempre disponibles entre líneas, evitando en la mayoría de las ocasiones que el rival superase la primera línea defensiva.

Arbeloa, sonriente antes del partido contra el Mónaco en Champions.

Arbeloa, sonriente antes del partido contra el Mónaco en Champions. Reuters

Arbeloa ha logrado dotar al Madrid de una identidad más definida: intenso sin el balón, paciente cuando lo posee. Su elección de laterales más adelantados y extremos interiores crea superioridades en bandas y obliga al rival a replegarse, liberando el centro del campo.

En ambos partidos, la lectura táctica fue impecable: el entrenador manejó los ritmos con inteligencia y mostró una madurez destacable en sus decisiones. Este Real Madrid proyecta autoridad, algo que con Xabi Alonso se intuía, pero no terminaba de reflejarse en el desempeño colectivo.

Objetivo: Liga y Champions

Los futbolistas asumieron el disgusto de la afición, aunque también compartieron la sensación de que la crítica fue en ocasiones excesiva e injusta, con un trato especialmente duro hacia Vinicius Junior.

Tras el encuentro ante el Mónaco, Arbeloa no evitó responder cuando le preguntaron si este Real Madrid debe considerarse candidato a la Champions: «El Madrid siempre es favorito a todo, este es el Madrid, es su competición y siempre parte como favorito».

Y lo cierto es que, si mantiene el nivel mostrado contra el equipo del Principado, el conjunto blanco podrá competir de igual a igual con cualquier rival.

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