Una investigación reciente indica que la diversidad, más que el volumen total, se relaciona con una reducción del riesgo de muerte prematura
Practicar con regularidad una mezcla de varios tipos de actividad física parece ser lo más efectivo para extender la esperanza de vida. Los hallazgos de un estudio reciente, difundido en la revista BMJ Medicine, indican que la diversidad, en lugar de repetir la misma actividad en mayor cantidad, está asociada con un riesgo menor de fallecimiento. Los autores subrayan que este efecto es independiente del volumen total, aunque un estilo de vida activo mantiene su importancia por sí mismo.
Mientras que la actividad física se vincula consistentemente con mejor salud mental y física y con un menor riesgo de mortalidad, la evidencia respecto al impacto específico de distintos tipos de actividad física es menos clara, explican los autores. Además, no está definido si la diversidad podría predominar sobre la cantidad, agregan.
Para profundizar en este aspecto, usaron datos de dos grandes estudios de cohorte con evaluaciones periódicas de actividad física a lo largo de más de 30 años: el Estudio de Salud de Enfermeras (121.700 mujeres participando) y el Estudio de Seguimiento de Profesionales de la Salud (51.529 hombres).
Los participantes de ambos estudios proporcionaron datos personales, antecedentes médicos y estilo de vida al inscribirse y luego completaron cuestionarios cada dos años.
En ambos grupos se registraron datos sobre caminatas, jogging, carreras, ciclismo (incluyendo bicicletas estáticas), natación, remo o calistenia, tenis y squash o ráquetbol desde 1986. Más adelante, se añadieron preguntas sobre entrenamiento con pesas o ejercicios de fuerza; ejercicios de menor intensidad, como yoga, estiramientos y tonificación; actividades vigorosas como cortar césped; trabajos al aire libre de intensidad moderada como jardinería y mantenimiento; y trabajos intensos al aire libre como cavar y cortar.
También se cuestionó a los participantes sobre la cantidad de tramos de escaleras que subían diariamente, considerando que cada tramo tarda aproximadamente 8 segundos en subirse. El análisis del nivel total de actividad física se realizó con 111.467 participantes: 70.725 del Estudio de Salud de Enfermeras y 40.742 del Estudio de Seguimiento de Profesionales de la Salud. La evaluación de la diversidad de actividad física se basó en 111.373 participantes: 70.725 mujeres y 40.648 hombres.
Los autores calcularon la puntuación MET para cada tipo de actividad física, multiplicando las horas promedio semanales dedicadas por el valor MET respectivo. Los MET miden cuánta más energía se consume en comparación con estar en reposo.
La cantidad máxima de actividades físicas individualizadas fue de 11 en el Estudio de Salud de Enfermeras y de 13 en el Estudio de Seguimiento de Profesionales de la Salud. Caminar fue la actividad recreativa física predominante en ambos grupos; los hombres tendían más a trotar y correr que las mujeres.
Los participantes con mayores niveles de actividad física total mostraron menos probabilidades de tener factores de riesgo para la salud, como tabaquismo, hipertensión y colesterol elevado. Además, presentaron mayor tendencia a tener menor peso (IMC más bajo), consumir alcohol, alimentarse saludablemente, estar más socialmente integrados y practicar una mayor variedad de actividades físicas.
A lo largo del seguimiento de más de 30 años, falecieron 38.847 individuos: 9.901 por enfermedades cardiovasculares, 10.719 por cáncer y 3.159 por enfermedades respiratorias.
La actividad física total y la mayoría de los tipos de actividad física específicos, excepto la natación, estuvieron vinculados con un menor riesgo de muerte por cualquier causa. No obstante, las asociaciones no siguieron un patrón lineal, y la relación para la actividad física total se estabilizó después de alcanzar las 20 horas MET semanales, sugiriendo un posible umbral óptimo, según los investigadores.
Caminar se relacionó con el menor riesgo de fallecimiento (17%) en quienes caminaban más en comparación con quienes caminaban menos, mientras que subir escaleras redujo el riesgo en un 10%. Las asociaciones observadas para los demás tipos de actividad física (comparando menor vs. mayor) fueron: tenis, squash o ráquetbol con un riesgo 15% menor; remo o calistenia con 14% menos; entrenamiento con pesas o ejercicios de resistencia con 13% menos; correr, 13% menos; trotar, 11% menos; y ciclismo, 4% menos.
Una mayor diversidad en las actividades físicas se vinculó con un menor riesgo de fallecimiento. Ajustando por la cantidad, realizar un abanico más amplio de actividades físicas se asoció con una reducción del 19% en el riesgo de muerte por todas las causas y entre un 13% y un 41% menos de riesgo por enfermedades cardiovasculares, cáncer, enfermedades respiratorias y otras causas.
Al tratarse de un estudio observacional, no es posible establecer conclusiones definitivas de causa y efecto. Los autores reconocen varias limitaciones en sus resultados, como el hecho de que los datos de actividad física fueron autoinformados y no medidos de forma objetiva.
Las puntuaciones MET también se asignaron suponiendo actividad física activa, por lo que la ausencia de datos sobre intensidad podría haber llevado a una clasificación incorrecta del gasto energético real. Además, como los participantes eran mayoritariamente blancos, esto podría restringir la aplicación general de los hallazgos, sugieren.
No obstante, los investigadores concluyen: “En términos generales, estos datos apoyan la hipótesis de que la participación prolongada en múltiples modalidades de actividad física puede contribuir a extender la longevidad”.

