Crecen las demandas para que la UE active su mayor arma comercial mientras Trump amenaza con nuevos aranceles para forzar la venta de Groenlandia. El instrumento anti-coerción cortaría el acceso al mercado único europeo, afectando a empresas estadounidenses. Es una medida potente en teoría, pero sin precedentes en la práctica.
La presión sobre los líderes europeos para utilizar su arma comercial contra Estados Unidos aumenta tras la amenaza de Donald Trump de imponer nuevos aranceles si Dinamarca no acepta vender Groenlandia. En situaciones de coacción, la UE dispone de un mecanismo poderoso llamado instrumento anti-coerción, y las voces que piden a Bruselas activarlo se intensifican.
Pero, ¿cómo funciona? Euronews lo explica:
¿Qué es el instrumento anti-coerción?
Creado en 2023, este instrumento fue concebido con Estados Unidos y China en mente, dado que ambas potencias económicas adoptan posturas más firmes para proteger sus intereses nacionales mediante aranceles y el uso estratégico de recursos naturales.
Según la legislación vigente, existe coacción económica cuando un tercero “aplica o amenaza con aplicar medidas que afectan al comercio o inversión con el fin de impedir o lograr la cesación, modificación o adopción de un acto particular por parte de la Unión Europea o un Estado miembro”.
El presidente Trump amenaza con aranceles del 10% al 25% a partir del 1 de febrero si Dinamarca no acepta vender Groenlandia antes de junio. En teoría, este escenario podría considerarse coacción.
¿Por qué se considera el instrumento anti-coerción una ‘bazuca’?
El año pasado, la UE barajó varias opciones para contrarrestar las amenazas de aranceles estadounidenses durante el Día de la Liberación.
Bruselas elaboró una lista de productos estadounidenses afectados, enfocándose en estados gobernados mayormente por republicanos, en una estrategia de respuesta directa. En el punto álgido de la tensión transatlántica, la UE propuso gravar con aranceles productos por valor de 93 000 millones de euros, incluyendo bourbon, componentes aeronáuticos que afectarían a Boeing, soja y aves de corral, entre otros.
Finalmente, la UE optó por no responder con represalias y llegó a un acuerdo que triplicó los aranceles sobre el bloque al 15%, a la vez que eliminó las tarifas sobre productos industriales americanos. Aunque la Comisión reconoció que el acuerdo estaba desequilibrado, consideró que aportó claridad y estabilidad a las empresas en un contexto geopolítico complicado.
En ese momento, el uso del instrumento anti-coerción se planteó como una posibilidad, pero no se consideró seriamente, ya que es visto como una medida drástica.
El ACI permite a la UE cerrar el acceso al mercado único europeo, que representa 500 millones de consumidores. Restringe licencias comerciales y la participación en licitaciones públicas. Para las empresas estadounidenses de servicios, el mercado europeo quedaría cerrado.
¿Cómo se determina la coacción y cuánto tiempo lleva?
Este instrumento no es de aplicación inmediata; su activación requiere tiempo. Su fuerza reside en el efecto disuasorio: una vez lanzada la “bazuca”, se entiende que la UE está dispuesta a emplear el mercado único como palanca en un conflicto.
Tras detectar posibles actos de coacción, la Comisión Europea dispone de cuatro meses para evaluar el caso y las acciones del tercer país involucrado. Posteriormente, los Estados miembros deben decidir mediante mayoría cualificada si activan el instrumento.
En caso afirmativo, se inicia una fase de negociaciones con el país afectado.
Si el diálogo fracasa, la UE puede implementar una amplia gama de medidas, más allá de los aranceles.
El instrumento abarca servicios, inversiones y acceso a licitaciones públicas. También puede excluir empresas extranjeras de contratos europeos o suspender parcialmente la protección de derechos de propiedad intelectual.
Las respuestas bajo el ACI deben ser “proporcionadas y no superar el nivel de daño sufrido por la Unión Europea”.
¿Cuáles son las consecuencias para la UE?
Existen múltiples efectos secundarios. Uno importante es que el ACI nunca ha sido usado, lo que genera incertidumbre entre los Estados miembros sobre sus repercusiones políticas y geoeconómicas.
Por ello, países como Alemania e Italia han advertido repetidamente sobre la prudencia para activarlo rápidamente o sin una base legal sólida. Berlín y Roma fueron dos de los gobiernos que más apoyaron un acuerdo con Estados Unidos el año pasado.
A pesar de las amenazas arancelarias estadounidenses, la UE temió que el uso del ACI pudiera deteriorar aún más las relaciones transatlánticas. La Unión continúa buscando mantener a Washington comprometido en la seguridad europea a través de la OTAN y en las negociaciones para un acuerdo de paz en Ucrania.
Además de Estados Unidos, la UE consideró activar esta herramienta tras la decisión de China a finales del año pasado de usar la concesión de licencias de exportación de tierras raras y minerales críticos — esenciales para la tecnología y defensa europeas — como arma política. Finalmente, optó por el diálogo.
¿Qué se espera que ocurra a continuación?
La UE podría concluir que el presidente Trump ha cruzado una línea roja y reunir una mayoría cualificada para activar el instrumento anti-coerción. Los líderes europeos han afirmado que no serán «intimidables» y han manifestado total solidaridad con Dinamarca y Groenlandia.
De concretarse esta medida, probablemente se desencadene una nueva guerra comercial y una escalada de las tensiones, pero podría ser el precio para que la Unión defienda la soberanía de un Estado miembro.
Contrariamente al acuerdo UE-EE.UU. firmado el año pasado, donde se vislumbraba un compromiso posible, Copenhague ha reiterado que no negocia la transferencia de soberanía sobre Groenlandia y ha rechazado cualquier venta.
Es probable que la UE reconsidere los aranceles retaliatorios planeados el año anterior y los aplique con la esperanza de presionar a empresas y consumidores estadounidenses antes de las elecciones legislativas de medio término, donde los republicanos podrían perder el control de la Cámara de Representantes y el Senado, y así forzar un cambio de estrategia en Trump.
Una certeza permanece: si los aranceles contra Dinamarca y sus aliados entran en vigor el 1 de febrero, la Unión Europea y Estados Unidos iniciarán una nueva guerra comercial.

