El Español conmemora tres años seguidos de dominio en el sector de medios digitales

Pedro J. Ramírez, presidente ejecutivo de EL ESPAÑOL junto a Cruz Sánchez de Lara, vicepresidenta.

EL ESPAÑOL confirma por tercer año consecutivo su posición como líder en audiencia, alcanzando más de 19 millones de usuarios mensuales y superando los 3 millones diarios.

La redacción organizó una celebración en la glorieta de Canalejas, subiendo y bajando de un autobús que exhibía publicidad del diario.

El décimo aniversario de EL ESPAÑOL continúa siendo motivo de celebración entre el equipo, que rememora anécdotas y valora el crecimiento significativo del grupo de trabajo.

El ambiente en la redacción destaca por su diversidad, sentido del humor y compañerismo, reflejando el éxito y expansión del medio.

El periódico debe ir muy bien. El responsable de Audiencias confía plenamente, el director desde hace tiempo no luce su abrigo de piel negra acolchada con plumas en la capucha, y casi toda la redacción se congregó en la glorieta de Canalejas para bailar el blues del autobús, todo esto sin que la convocatoria fuera obligatoria.

El formato es sencillo y ya una tradición: los autobuses de Madrid, los azules, lucen publicidad de EL ESPAÑOL en la parte trasera. Hemos tomado uno prestado. Consiste en subir y bajar sonriendo mucho, como si en vez de periodistas fuéramos ingenieros.

“Tranquilo, tú deja que te graben”. Y aquí estamos, escribiendo y permitiendo que nos graben.

El teletrabajo tiene sus efectos secundarios. A algunos les da un susto cuando el conductor bromea diciendo que, ya que estamos, pondrá rumbo al periódico. Sin embargo, muchos, tanto redactores presentes como ausentes, estamos reunidos para celebrar el décimo aniversario.

A los que trabajan desde casa se les reconoce fácilmente, como a los honestos en el Madrid de la República: con barba y tres kilos menos.

–¡Felicidades, amigo!

–¡Joder, otra vez! Y siempre con lo del décimo aniversario.

–Ven, dame un abrazo, que nos están grabando.

Con el décimo aniversario de EL ESPAÑOL ocurre lo mismo que con el año nuevo. Seguimos felicitándonos, aunque hayan pasado meses. Y en cuanto al liderazgo en el medidor oficial, pasa como con las Champions del Madrid: se celebran todas juntas todo el tiempo.

Parte de la redacción de EL ESPAÑOL con Pedro J. Ramírez y Cruz Sánchez de Lara al frente.

EL ESPAÑOL ha crecido considerablemente. La dirección actúa a lo Trump, expandiendo delegaciones y adquiriendo medios con un apetito inusitado. Ni siquiera doy mi dirección en el contrato, por si abren una oficina en casa.

Lo único que falta es, o nos falta, Groenlandia. Un defecto del periódico es que es imposible leerlo completo. Ahora también somos expertos en temas de mascotas.

Qué pena. Me acordé del chow chow, creo que ya fallecido, que correteaba por la redacción en los días dorados del inicio. El primero de nuestros compañeros que nos dejó.

La mejor prueba del crecimiento del diario es la gran cantidad de gente que no reconozco; además, noto que saludo y muchos me toman por un voluntario de Intermón Oxfam.

Abrazo a hombres y mujeres cerca del autobús, junto a la entrada del Four Seasons, hasta que noto que muchos me responden en inglés y alemán.

Lo mismo ocurre con el organigrama, que ya no cabe en siete pizarras. Creo que ha habido modificaciones. Dos compañeros me lo explican cuando ya estamos apiñados en el autobús. No entiendo nada, a pesar de que los puestos siguen en castellano.

Qué caras, qué frentes cansadas, parece un tango el que bailamos. Carbajal, el jefe de Fotografía, dice que hay que repetir. Subimos, bajamos y volvemos a subir. Somos el tango de Gardel. ¿Qué será cuando el periódico cumpla veinte años, que para nada son muchos?

Todos hemos envejecido. Nos miramos de reojo. Canas, hijos dejados en algún lugar, relaciones rotas, nuevas relaciones, contacto esporádico, divorcios, segundos matrimonios, hipotecas, libros publicados, investigaciones exitosas y también fallidas.

Cada vez más personas aparecen en televisión, hablan en radio, reciben premios, incluso organizados por nosotros. Este año espero que, con lo mal que le va al Madrid, el premio de deportes sea para alguien que no esté vinculado al Madrid.

Tal vez no sea para tanto, pero las americanas rosas de Alberto Prieto y sus abrigos al estilo George Harrison destacan mucho. Eso equivale a salir treinta veces en televisión un solo día.

Miembros de la redacción de EL ESPAÑOL subiendo al autobús del diario líder de la prensa española.

Subimos otra vez al autobús y después bajamos. El desconcierto predomina. Parecemos una coalición. Menos mal que Carbajal está. De pie en una especie de balcón del Four Seasons, nos dirige con las manos como un director en el concierto de Año Nuevo.

Aprovecho para apartarme y observar. Recuerdo que, en los primeros días, nos movíamos por la redacción en un patinete eléctrico debido al espacio disponible. Ahora es necesario salir a la calle para la foto, y no cabemos en el autobús ni siquiera en la acera. Qué buena está la gripe.

–¿Recuerdas lo de aquel presidente?

–No.

–Llamaste para pedir una entrevista para EL ESPAÑOL y pensaron que eras del equipo de fútbol de Barcelona.

Camba tenía razón. Los periódicos se escriben solos. Llegan las alertas a la app. ¡Pero si estamos todos aquí! ¿Quién demonios está escribiendo el periódico?

Tal vez esos ladrones que entraron una tarde a la redacción y se llevaron los mejores ordenadores, los de las oficinas, marcaron el día en que el periódico se hizo grande.

Sólo en un lugar consolidado y grande puede entrar dos tipos a plena hora de cierre, saludar a los redactores que piensan que son compañeros, acceder a los despachos, coger los ordenadores y marcharse sin problemas.

Autobús con la campaña promocional de EL ESPAÑOL.

Pregunto a la IA sobre nuestra trayectoria; la de este grupo de locos que intenta encajar en el marco. Desde el dúplex de Juan Carlos y Corinna en Suiza, la red para evadir impuestos de Juan Carlos, la fortuna oculta de Jordi Pujol, los manuscritos de Rato para eludir la justicia, los pagos de Bárcenas en Suiza, el Supremo inclinándose a permitir la exhumación de Franco, los mensajes que revelan la distribución de jueces, las grabaciones de los Koldos…

–¡Tú! Al autobús.

–Un momento, que estaba viendo…

–¡Al autobús, coño ya!

El periódico será más grande –maldigo entre codazos y abrazos con desconocidos–, pero en esencia seguimos haciendo lo mismo. Y no, no me refiero a ese periodismo combativo, libre, independiente… todas esas cosas que figuraban hasta en las paredes acristaladas de la redacción.

Me refiero, sencillamente, a divertirnos mucho.

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